DESDE ULTRAMAR
Arde "América" una vez más
jueves 04 de junio de 2020, 20:13h
La usurpadora manera en que los Estados Unidos pretenden agenciarse para sí, en indebida exclusiva, la denominación de ‘América’ –extrañándose inclusive, de que haya otras Américas posibles– por abusiva, merece poner entrecomillado al intitular esta entrega. Aunque en su nombre oficial porte tal palabra. Tenemos la grandiosa oportunidad de señalarlo a la pasada en tanto abordamos el tema toral.
Y por ahí comenzamos. Es en realidad un país en redondo solo circunscrito a sus fronteras, el que nos muestra vergonzantes escenas otra vez, y no América toda, un continente al completo. Otra vez como en 1992 y en otras ocasiones más recientes, aflora de nuevo un choque de razas que advierte que hay algo no resuelto en su historia, que ya no es joven, además. Vemos a contingentes, sobre todo de afrodescendientes, reclamando de nuevo derechos que se supone que sus leyes consagraron a todos desde su misma fundación. Mas por supuesto que no fue así. Claro, ya se sabe que la excluyente decisión fundacional tomada en 1776 y 1787 por hombres blancos libres, ha costado más de 230 años, superarla. A fuer de trabajo, en loor de esfuerzo sostenido para abrogar leyes infaustas y derribar en lo posible, mentalidades racistas tan vigentes; tarea incesante que no acaba de concretarse. Cuando se mata a alguien negro y con esa brutalidad vista por todo el planeta, se nos recuerda a propios y a extraños que hay cosas que simplemente, allá no cambian. Finalmente asistimos a atestiguar cómo se trata a los no iguales, a los vulnerables de siempre. Y que los hispanos tomen su parte.
Y no se concreta a casos aislados, que por sistemáticos acaban por no serlo. Es el caso de un policía que mata a un ciudadano negro que no se opone a ser detenido. Dicho esto porque eso se pretexta frecuentemente allí, invocando ser un caso aislado para ocultar realidades –más entrecomillados, los que hagan falta– cuando suceden estos atropellos. Es que uno puede leer en chats de ocasiones anteriores, y ver como la gente dice: “se lo merecía”, “se opuso”, “en este país hay ley y la ley es la policía” y así. Pero esta vez, una vez más, se les pasó la mano. Es inocultable el odio y la bajeza del oficial. Sí, no siempre los policías son lo más granado de una sociedad, pero de eso a estar además inmersos en su discurso de odio encubriendo racismo justificador, alimentándolo desde la cultura dominante, torna compleja la cosa. Y es brutalidad vendida como apología del crimen. Grave.
El funesto incidente no ha sucedido en esta ocasión en el sur racista de siempre, resentido desde la Guerra Civil estadounidense, su episodio más estudiado. ¡No, señor! sino que acaeció en sitio más al norte que no se me ocurre pueda serlo, que Mineápolis. Es que no es cosa de geografía. Es cosa de mentalidad imperante, como siempre lo ha sido. Es como decir que los priistas son dinosáuricos por su canicie y no por lo que son: por su forma de pensar. No hace falta que peinen canas. Es otra cosa, pues. La mentalidad.
EE.UU. se exhibe con semejante retraso en derechos humanos y ya sabemos que no está en condiciones para dar lecciones a terceros. Recordémoslo una vez más y eso de ser un caso aislado… de eso nada, monada. ¡Basta de contarnos cuentos! ¡Basta de justificar la brutalidad policiaca en Estados Unidos!
Tal y como un cuento fue la portada del semanario neerlandés Elsevier Weekblaad que con gran desatino y torpeza ponía a Italia y a España de vagos viviendo de otros y destacando que lo hacen a expensas de los rubios ¿neerlandeses? Vamos, ya ni en los tiempos de Flandes, por rica que fuera. Una cosa es que los Países Bajos sean disciplinados y bien peinados –no seré yo quien traiga aquí las atrocidades cometidas en sus colonias, donde decencia y pulcritud brillaron por su ausencia– pero si es parte de un mito alimentado como en EE.UU., que bien les respondió un portugués, @insoniascarvao, poniendo en otra portada de su autoría a migrantes laborando, mientras los rubios disfrutan de las riquezas generadas por aquellos otros. Porque también pasa y muy seguido.
Es que ese debate lo tenemos bien conocido aquí en Norteamérica. Porque siendo México un país situado en Norteamérica –la geografía aquí sí no se equivoca, las personas, a veces sí– sabemos que en EE.UU. se han alzado mucho el cuello diciéndose trabajadores –ya no digo honestos– negando en ello el aporte de millones de hispanos, los más mexicanos, que sostienen su economía. Como trabajadores, legales e ilegales, como turistas y compradores ni se diga. Sin la suma de ambos, su economía no sería lo que es y por mucho y aunque les duela reconocerlo, aceptarlo, y el modificar su actitud hacia ellos. Sea restregárselo a la mayoría preponderante blanca e incluso, a la minoría negra, que no siempre es aliada de la hispana. Y sí, no todos los blancos son racistas. Me dirijo a quien lo sea y a quien ha negado otros orígenes y otras contribuciones a ese país, incluidos los aportes de España. Lo digo por los que sí se sienten paridos por la pata de Júpiter y en su supremacismo, han negado siempre que su economía la sostienen hace décadas, y acaso hace siglos, los más, los migrantes.
Una cosa lleva a la otra. Una cultura preponderante en que emerge, irrumpe nuevamente su desprecio a los negros, como de suyo a los hispanos. Otra vez. Tal y como los ha segregado, escondido, negado sistemáticamente con absoluta impunidad, de siempre. Excluidos de sus manifestaciones culturales más emblemáticas, no reflejándolos o adulterándolos en su literatura, su cine, su televisión y demás. Las minorías lo son cada vez menos y eso aterra al supremacismo blanco, pues sabe desde allí que tales no dejarán de combatir por la justicia de toda clase negada por centurias. Y desde luego que la muerte de George Floyd es una verdadera afrenta más. Se entiende la reacción de la comunidad negra, sobre todo. Que el excampeón mundial Floyd Mayweather Jr. pagara su funeral es una cachetada al racismo que se ensañó con Floyd. De frente y sin ambages. Ese gesto es de una dignidad suprema, plausible. Es ver por el caído asesinado. Que un sujeto negro sea millonario y hasta pague un funeral de otro negro, no implica que las cosas han cambiado para ellos. No hay que ser tan cínicos. Implica que pese a que haya millonarios negros, todavía por ser negro te matan en los Estados Unidos de América. Esa es la lectura correcta. Y todos vimos lo que vimos. No hay manera de negarlo. Dejémonos de tibiezas.
Y Trump… metido en su búnker antes que dar la cara llamando al orden y a la condena de tan aberrante crimen. No cabe duda de sus afectos y su sentir. Aunque se fotografíe con la Biblia en mano, en la más rancia tradición hipócrita de los cuáqueros del siglo XVII: yo no puedo matar a nadie, mi Biblia lo prohíbe. Eso no impide contratar cheyennes para que maten cheroquíes.
Conque… ¿otro caso aislado? ¿sí? ya sabemos de qué va. Que siga la fiesta después de un par de algunos compungidos y unos cuantos pucheros. Lo normal. Y hasta la siguiente vez en que se produzca otro “caso aislado” en la democracy.
A manera de colofón: un excontacto en redes sociales, mexicano, al advertirle que midiera su admiración por EE.UU. allí en Texas donde reside, cuidándose de esos a los que endiosa, pues uno de ellos mató por su aspecto a los de apariencia mexicana como la suya, en El Paso, respondió a mi comentario luciendo muy poquita inteligencia: “por eso ya compré mi pistola”. Comprenderá amigo lector en ambos hemisferios que con esa mentalidad no se llega lejos. Es tan descerebrada como la otra del gobierno de Florida, requiriendo que los profesores acudan armados a las escuelas. Menuda espiral de violencia. Si aplicamos la Ley del talión, el mundo se quedará repleto de tuertos. Alucinante y reprobable en grado superlativo. Mi más enérgica condena a todo acto racista y lo de George Floyd es un acto racista en toda regla. No cabe la menor duda. Sí que están graves.