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APÓCRIFOS

David Felipe Arranz recupera apócrifos de Sherlock Holmes para que el lector "haga sus pesquisas también"

Dibujo original de Alfred Roloff de 1907
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Dibujo original de Alfred Roloff de 1907 (Foto: Alfred Roloff)
sábado 20 de junio de 2020, 08:46h
Archivos secretos de Sherlock Holmes, de la editorial Funambulista y el escritor y filólogo David Felipe Arranz.
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Archivos secretos de Sherlock Holmes, de la editorial Funambulista y el escritor y filólogo David Felipe Arranz. (Foto: Editorial Funambulista)

Como ya informamos, el filólogo David Felipe Arranz, junto a la editorial Funambulista, han rescatado textos apócrifos, casi olvidados, del genial detective para completar el canon Holmesiano. Ahora sabemos también que el escritor (en la foto, abajo) recupera y presenta los Archivos secretos de Sherlock Holmes , entre otras cosas, para que el lector que se acerque a estos archivos haga sus pesquisas y extraiga sus propias conclusiones.

De cómo estos textos complementan la obra de Arthur Conan Doyle, de por qué no lo denunció o si lo hizo por qué no insistió, de cómo superó el personaje a su creador y sobre por qué sigue siendo tan atractiva una colección más de un siglo después nos habla Arranz, editor de un primer avance de cuatro novelas con ilustraciones originales de Alfred Roloff que prometen, además, tener continuidad.

¿Por qué propones este libro de Sherlock Holmes? ¿Qué tiene de especial?

Porque se trata de una serie que, en paralelo a la original de cuatro novelas y cincuenta y seis relatos creada por Arthur Conan Doyle, tuvo un gran éxito en toda Europa y en Rusia, incluyendo España, entre 1907 y 1911. Hablamos de miles de ejemplares impresos antes de la I Guerra Mundial. Ha pasado poco más de un siglo y apenas queda recuerdo de lo que fueron aquellos episodios que se escribieron e imprimieron de forma apócrifa, salvo las novelitas que han sobrevivido en bibliotecas, anticuarios, librerías de lance o en manos de seguidores de las aventuras holmesianas.

Y este autor desconocido, ¿aporta novedades, rasgos a su figura o es una continuidad?

Por un lado, los autores, Kurt Matull y Mathias Blank, siguen contando y “cantando” los retos intelectuales de Sherlock Holmes, al que definen como un tipo dotado de unas cualidades extraordinarias que se ocupa de los casos difíciles por puro diletantismo, capaz de arrojar luz allí donde no llegan la policía ni el fiscal. Cambian al ama de llaves, la señora Hudson, a la que rebautizan como la señora Bonnet, y aparece en escena un joven ayudante al que llaman Harry Taxon.

La relación que existe entre los dos ya no es de camaradería y madurez, como la que existía entre Holmes y Watson, sino de admiración constante del discípulo hacia el maestro, y de ternura y sentimientos paternales del detective hacia su aprendiz.

Tú mismo lo preguntas, ¿por qué no denunció Arthur Conan Doyle al editor o al escritor que continuó las aventuras de Sherlock Holmes sin su autorización?

Es interesante ver que la editorial berlinesa Verlagshaus für Volksliteratur und Kunst publicó doscientos treinta relatos del Holmes apócrifo hasta junio de 1911, y que después, en 1927, los nuevos editores holandeses, Roman-Boek-en-Kunsthandel, sí hubieron de cambiar a Holmes por el personaje de Harry Dixon, que tuvo éxito en sus traducciones y pastiches destinadas a Holanda, Bélgica y Francia.

Lo cierto es que Conan Doyle, a través de la editorial Lutz, propietaria de los derechos originales para su traducción en Alemania, sí les dio un aviso en la undécima entrega para que quitaran por lo menos el nombre de Holmes solo del título, que cambiaron por “el detective mundial”. Por lo demás, la serie continuó sin mayores problemas.

¿Alguna sugerencia sobre el autor, qué le dicen sus dotes detectivescas sobre su identidad?

Se trata, como he dicho, de dos hombres interesantísimos, Kurt Matull (1872-?) y Mathias Blank (1881-1928).

Matull, nacido en Pomerania, fue libretista de ópera y teatro, y guionista cinematográfico, trabajó en los Estados Unidos como editor de política del Evening Post de Nueva York, regresó a Alemania en 1906 y colaboró estrechamente con el cineasta judío Siegfried Dessauer, cuyo último testimonio data de 1945 en el distrito berlinés de Hermsdorf.

Blank, que firmaba como Theo von Blankensee, llegó a vender diez mil copias de Asesinato en el Northern Express, protagonizada por su detective Luther Frank, en la Rusia de 1908. En Alemania no bajaban de las trescientas copias. Junto a ellos aparece otro escritor dado a las “negritudes”, O.E. Ehrenfreund, que siguió con la tarea de aquellos y con las aventuras de Frank y de otros personajes.

¿Qué poder tiene Sherlock Holmes que lleva a distintos autores de distintas épocas a escribir sobre el personaje de otro escritor?

Su éxito arrollador; se trata de una operación editorial y marketiniana. Hubo otras, como la de Vincent Starrett, que publicó The Unique Hamlet: A Hitherto Unchronicled Adventure of Mr. Sherlock Holmes en 1920. Tantas hubo, que Ellery Queen dio a la imprenta The Miasdventures of Sherlock Holmes en 1944, una antología de apócrifos holmesianos y la primera vez que se enfrentan Holmes y Jack el Destripador, y que firma el propio Queen.

Es una creación fascinante que se presta a los imitadores y a constantes reinvenciones, y que además nos proporciona un conocimiento exhaustivo de la Inglaterra victoriana y la criminología o los avances forenses de la época, así como las ventajas de la aplicación del método lógico-deductivo. Recogen estas influencias Umberto Eco y Thomas A. Sebeok en El signo de los tres: Dupin, Holmes, Peirce (Lumen, 1989).

¿Por eso mismo inicias un proyecto sobre Sherlock Holmes? ¿De dónde te viene la afición por la novela detectivesca o es la figura del personaje lo que te atrae?

Como escribió Jean Cocteau en el prólogo a la Historia de la novela policiaca de Fereydoun Hoveyda, un clásico de teoría e historia del género, me sorprende el menosprecio con que aún se tratan las colecciones populares. Más allá de Dashiell Hammett, Raymond Chandler o Charles M. Cain, que son el triunvirato del género y me declaro adicto a su narrativa, muchos nos hemos educado como lectores y en la adolescencia con las ediciones de quiosco –“pulp fiction”– de Wade Miller, Kenneth Fearing, Sherwood King, Charles Williams, Ross Macdonald, William Riley Burnett, J.F. Burke, James Ellroy, de la mano de Bruguera, Planeta o Júcar.

Todos coinciden en la visión despiadada de su estudio de la condición humana, siempre a un paso del crimen. En casos como el mío, me ayudó mucho el cine negro, a ir descubriendo y comparando la obra original con su adaptación cinematográfica. Y al material de Sherlock Holmes accedí de muy niño a través del estímulo de las películas que el inolvidable Basil Rathbone protagonizó para la 20th Century Fox y después Universal, o a los papeles que interpretaron Peter Cushing, John Neville o Christopher Plummer.

De ahí di el salto a los relatos y novelas de Conan Doyle, porque quería conocer más en profundidad al personaje.

Si sabemos que siempre atrapa o descubre al malhechor, si es infalible, ¿por qué atrae? ¿Cuánto depende Sherlock Holmes de su autor, el que sea en cada caso?

Nos atraen precisamente sus excepcionales dotes de observación y razonamiento, su ingenio para el disfraz –presente también en los apócrifos–, su capacidad sin límites para dar con la verdad y su interior extraordinariamente complejo.

El violín en su caso se convierte en un instrumento para canalizar emociones que no puede hacer aflorar por sí mismo. Pero, sobre todo, su enorme compasión para con los demás, villanos incluidos, a los que no juzga e, incluso, deja escapar si considera que la ley natural ha sido satisfecha.

Cuando un personaje tiene éxito y se torna en un ser, aunque sea de ficción, con tanta entidad, escapa al control de su autor, que tampoco se llevaba muy bien con él, todo hay que decirlo, y gracias a los hábitos de los lectores y de las estrategias narrativas.

¿Quién puede afirmar que un personaje cuya vida sienten millones de lectores no “existe”? Lo comenta muy bien Umberto Eco en Confesiones de un joven novelista: ¿estamos seguros de que los personajes de ficción no gozan de ningún tipo de existencia? ¿De qué modo hablamos de ellos como si vivieran en alguna región del universo?

Comentas en el libro que Arthur Conan Doyle quiso matar al personaje tan solo seis años después de darle vida. ¿Superó Sherlock Holmes a su creador?

Sin duda lo superó. Al igual que la Celestina, don Quijote, Hamlet, Anna Karerina, Emma Bovary, Edmundo Dantés o James Bond escaparon de la mano y del control de sus creadores, como bien reflexionaron Miguel de Unamuno y Luigi Pirandello. Matar al padre es un clásico freudiano, pero es que en este caso Conan Doyle quería “matar” a su hijo.

De hecho lo hizo. Al principio, como comenta en sus Memorias y aventuras, pensó en escribir “una historia en la que el héroe tratara el crimen como el doctor Bell trataba la enfermedad, y en la que la ciencia tomara el lugar del romance”. Pero pronto se aburrió de su creación, porque su deseo era escribir ficción histórica, así que en 1893, tras visitar las cataratas de Reichenbach, en Suiza, pensó que aquel lugar “constituiría una tumba adecuada para el pobre Sherlock, incluso si, con él, enterraba también mi cuenta bancaria”.

Pero las presiones de los lectores y las ofertas editoriales le llevaron a “resucitarlo” en El sabueso de los Baskerville (1901): Holmes estaba más vivo que nunca, muy a pesar de su ingrato progenitor.

Has elegido cuatro historias. ¿Por qué estos relatos?

Me gustaron por sus ingredientes sociales. En todos aparecen prestamistas crueles, herederos ingratos capaces de asesinar a su propio padre, apasionados romances secretos entre cuñados, asesinos a sueldo que se refugiaban en los puertos del Támesis –como el de Greenwich–, una aristocracia disoluta, prostitutas que se ven forzadas a ejercer tan ingrato “oficio” porque son amenazadas por peligrosos asesinos…

El primero de esta entrega, “La hija del usurero”, nos muestra a un Holmes que cuida de su aprendiz, y que es defensor de la mujer: un pasaje podría leerse hoy contra los malos tratos, y Holmes protege en una taberna a una de estas mujeres de la paliza de su chulo. En “La Kodak traidora” Holmes revela con una emulsión especial la fotografía que amplía y descubre los detalles previos a un crimen: un alfiler con una media luna que adorna el atuendo del culpable.

“El enigma de la casa de juegos” muestra la cara oculta y criminal de Montecarlo, siempre tan cerca de la víctima que llega a anunciar su propio asesinato. El último, “El vestido de la reina”, tiene reminiscencias necrófilas a lo Edgar Allan Poe y resulta muy interesante ver cómo el vestido de una muerta puede hacer enloquecer a su enamorado. Este Holmes apócrifo lleva un revólver de seis balas, un puño de hierro americano, un cronómetro, una libreta y un lápiz.

¿Cuántos archivos secretos hay o cuántos han caído en tus manos? ¿Preparas más entregas?

Tenemos preparadas para Navidades y primavera de 2021 por lo menos dos entregas más de cuatro o cinco episodios cada una: Nuevos archivos secretos de Sherlock Holmes y Últimos archivos secretos de Sherlock Holmes. Ha sido una suerte que el proyecto haya caído en manos de Max Lacruz y Funambulista, porque es un editor al viejo estilo, muy elegante, que sigue encuadernando en hilo, con una extraordinaria sensibilidad literaria; de casta le viene al galgo, porque es hijo del mítico editor y novelista Mario Lacruz, de cuya desaparición se acaban de cumplir veinte años.

Fue él quien me insistió en buscar la pista de los dos autores y no a limitarme a dejar los libros como anónimos: se trata, en definitiva, de que todo lector que se acerque a estos archivos apócrifos haga sus pesquisas también y extraiga sus propias conclusiones.

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