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ISGlobal, DE LACAIXA

Una segunda ola podría evitarse si se mantienen las distancias sociales y el uso de mascarillas

Protección individual.
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Protección individual. (Foto: laCaixa)
lunes 22 de junio de 2020, 18:03h

El comportamiento individual tiene un efecto significativo en la prevención de una gran segunda ola de infecciones por COVID-19. De hecho, mantener el distanciamiento social y otras intervenciones, como el uso de mascarillas y la higiene de manos, podría eliminar la necesidad de futuros confinamientos, según un modelo realizado por el Instituto de Salud Global de Barcelona (ISGlobal), centro impulsado por la Fundación ”la Caixa”. Los hallazgos, publicados en Nature Human Behavior, también muestran que, en países que aún no han alcanzado el pico de casos activos, los confinamientos se deben mantener durante al menos 60 días y el desconfinamiento debe ser gradual para disminuir el riesgo de segundas olas.

Varios países que inicialmente impusieron medidas estrictas de bloqueo para limitar la propagación del SARS-CoV-2 están en proceso de levantarlas. Sin embargo, cómo y cuándo aliviar las restricciones es una decisión difícil: un equilibrio delicado entre la necesidad de reactivar la economía y el riesgo de una segunda ola de infecciones que podría saturar los sistemas de salud. “El problema es que evaluar este riesgo es difícil, dada la falta de información fiable sobre el número real de personas infectadas o el grado de inmunidad desarrollado entre la población", explica Xavier Rodó, jefe del programa de Clima y Salud de ISGlobal. En este estudio, el equipo de Rodó presenta proyecciones basadas en un modelo que divide a la población en siete grupos: susceptibles, en cuarentena, expuestos, infecciosos no detectados, reportados infecciosos y confinados, recuperados, y fallecidos. También permite simular tanto el grado de confinamiento de la población como las diferentes estrategias posteriores al confinamiento.

“Nuestro modelo es diferente porque considera el retorno de las personas confinadas a la población susceptible para estimar el efecto del desconfinamiento, e incluye los
comportamientos de las personas y la percepción del riesgo como factores moduladores", explica Xavier Rodó. “Este modelo puede ser particularmente útil para países donde
aún no se ha alcanzado el pico de casos, como los del hemisferio sur. Permitiría evaluar las políticas de control y minimizar el número de casos y muertes causadas por el virus”, explica Leonardo López, coautor del estudio y también investigador de ISGlobal.

El uso de mascarillas, la higiene de manos y los mandatos de permanecer en casa ya han demostrado beneficios. El objetivo de este estudio fue evaluar cuantitativamente su
relevancia como estrategias de contención. Los resultados muestran claramente que la duración del primer confinamiento afectará el momento y la magnitud de las olas posteriores, y que las estrategias de desconfinamiento gradual siempre esultan en un menor número de infecciones y muertes, en comparación con procesos de desconfinamiento muy rápidos.

En España, donde el desconfinamiento fue rápido para la mitad de la población y gradual para el resto, el comportamiento individual será clave para reducir o evitar una segunda ola. “Si logramos hacer descender la tasa de transmisión en un 30% mediante el uso de mascarillas, higiene de manos y distanciamiento social, podemos reducir
considerablemente la magnitud de la próxima ola. Reducir la tasa de transmisión en un 50% podría evitarla por completo”, dice Rodó.

Los resultados muestran que, incluso en países que no tienen los recursos para testar y rastrear todos los casos y contactos, el empoderamiento social mediante el uso de
mascarillas, la higiene de manos y el distanciamiento social es clave para detener la transmisión viral.

Las simulaciones también muestran que la pérdida de inmunidad al virus tendrá efectos significativos en el tiempo transcurrido entre olas epidémicas: si la inmunidad tiene una
larga duración (un año en lugar de unos pocos meses), el tiempo entre las olas epidémicas se duplicará.

El modelo toma en consideración confinamientos totales y utiliza los datos disponibles hasta el 25 de mayo, pero no tiene en cuenta un posible efecto de las temperaturas en la transmisión viral.

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