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TRIBUNA

Patraña “hay ateos en el mundo”

José María Méndez
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axiologiatelefonicanet/9/9/20
sábado 27 de junio de 2020, 19:50h

-Yo soy ateo.

-Imposible. Se entiende lo que dices.

Empleemos la palabra ateo en sentido amplio, comprendiendo también a los agnósticos. No sólo los que están seguros de que Dios no existe, sino también los que dudan o no saben si existe o no. Y usemos creyente como antónimo de ateo.

Concedamos a los ateos el derecho a no admitir la existencia de Dios, a menos que tuvieran experiencia empírica de su presencia. Es mucho conceder, pues América existía antes de que Rodrigo de Triana fuera el primer europeo en verla. Pero como la existencia de Dios es tan decisiva para nuestras vidas, hagamos esta concesión a los ateos. Aceptemos que no les convenzan todos los argumentos al respecto, desde San Agustín y Santo Tomás hasta Leibniz y Kant. Les damos la razón cuando exigen la prueba máxima, si no lo veo no lo creo. Si Dios verdaderamente existe, lo esperable sería que todos pudiéramos comprobarlo por nosotros mismos.

Todo el mundo siempre ha concebido a Dios, y sigue concibiéndolo, como un ser sobre el cual cabe preguntarse si existe o no.

Pues bien, la formalización de la Lógica nos asegura que Dios, además de un ser, es una verdad. Y no se puede disociar el ser de la verdad.

Ahora estamos obligados a pensar en Dios como un ser y una verdad a la vez, so pena de atentar contra la más elemental racionalidad. Así lo exige el cálculo lógico, gracias al cual tenemos ordenadores y asistimos a la actual revolución informática. Por eso, no arriesgábamos nada al hacer la anterior concesión a los ateos. Si Dios no es accesible a nuestros sentidos en cuanto ser, puede serlo en cuanto verdad. Y lo es de hecho, como veremos enseguida.

Empleemos las palabras Logos y Esse para designar en su máxima generalidad los respectivos ámbitos de la verdad y del ser. Resulta esta triple correspondencia

LOGOS....................... ESSE

Valideces……………………… Necesariamente existe

Consistencias…………………. Ser posible

Contradicciones……………… Imposible que exista

Antes del descubrimiento del cálculo lógico por Frege y Peano en el último tercio del siglo XIX era imposible establecer esta triple correspondencia, por la sencilla razón de que se prescindía de las consistencias lógicas. La lógica se reducía a valideces y contradicciones. Sólo Leibniz captó la importancia de las consistencias como verdaderas en algún mundo posible. Pero, aunque buscó con gran ahínco los operadores lógicos apropiados, no pudo dar con ellos.

En cambio ahora, una vez en posesión del cálculo lógico, se ha resuelto el eterno y básico problema de la filosofía, la correspondencia exacta y completa entre ESSE y LOGOS. La triple correspondencia es el inicio absoluto del pensar, la piedra angular sobre la que descansan el pensamiento y el lenguaje, la racionalidad en sí misma.

Descartes creyó encontrar este fundamento absoluto del filosofar en su célebre cogito ergo sum. Pero esta frase no es más que una consistencia lógica. No cubre el entero cuadro de la triple correspondencia entre ESSE y LOGOS. Ni siquiera es una validez.

Insistamos en que ser y verdad son inseparables.

Es conocida la incompleta pregunta de Heidegger ¿por qué el ser y no la nada? Incurrió en el error antes señalado. Pensó sólo en el Esse, lo que existe o lo que no existe. Pero todo ser tiene su correlato lógico. Por tanto, la pregunta correcta es ¿por qué la existencia forzosa de lo válido y la inexistencia forzosa de lo contradictorio? La primera equivalencia del cuadro anterior es inseparable de la tercera.

La tercera equivalencia la admite todo el mundo. Todos comprenden que lo contradictorio no puede existir. Y por tanto no existe. También todos entienden que una contradicción impide el lenguaje, la comunicación del pensamiento de una mente a otra. Ex contradictione quodlibet.

Pero no todos caen en la cuenta de que la primera equivalencia es inseparable de la tercera. Basta poner un no delante de una validez y un no detrás de necesario. Una validez negada es una contradicción. Y un no después de necesario se convierte en necesariamente no existe. Desde validonecesario llegamos a contradictorionecesario no. Y viceversa.

La existencia forzosa de lo válido está tan férreamente exigida por la lógica formalizada como la inexistencia forzosa de lo contradictorio. El correlato de lo válido es el Ser necesario o Dios con la misma fuerza lógica con que el correlato de lo contradictorio es la nada absoluta. La existencia de Dios o Ipsum Esse se impone a la menta humana tan compulsivamente como la inexistencia de lo contradictorio o Ipsum Nihilum.

Llamamos nada relativa a la inexistencia de lo consistente. No hay centauros. Pero podría haberlos, si la noción de centauro no es contradictoria. Con todo, las consistencias de la segunda equivalencia no hacen ahora al caso. Prescindamos de ellas. Nuestro tema es la existencia de Dios, independientemente de que exista o no nuestro cosmos, nosotros incluidos. Que no exista nuestro mundo sería una nada relativa. Que no exista Dios es la nada absoluta.

Insistamos de nuevo. La primera equivalencia es inseparable de la tercera. Los espectadores de la zarzuela El Rey que rabió de Chapí entendieron de sobra que el perro está rabioso y no lo está no puede ocurrir, mientras que el perro está rabioso o no lo está necesariamente ocurre. Con toda razón el coro de doctores repite el estribillo y de esta opinión nadie nos sacará. Basta cambiar la conjunción gramatical y en la conjunción gramatical o, para pasar de la tercera equivalencia a la primera. Si se admite la tercera, hay que aceptar también la primera.

Así pues, en el hecho del lenguaje encontramos la experiencia empírica de Dios que todos tenemos a mano. Se cumple la exigencia máxima que de entrada hemos concedido a los ateos. Nadie ha visto a Dios como Ipsum Esse. De acuerdo. Pero todos vemos a Dios todos los días como Ipsa Veritas cuando trasmitimos nuestro pensamiento a los demás mediante el lenguaje. O cuando entendemos lo que los otros piensan gracias al lenguaje. Es lo que sugiere la entradilla.

El mínimo indispensable para que funcione el lenguaje ordinario es evitar las contradicciones. Pero eso equivale a afirmar que Dios existe como Ipsa Veritas, como el absoluto que hace posible el pensamiento y el lenguaje. Otra cosa es que no nos demos cuenta de ello, porque nunca hemos reflexionado sobre las enormes consecuencias de la formalización reciente de la lógica.

Cuando hablamos y los demás nos entienden, o cuando entendemos lo que otros dicen, tanto los que hablan como los que escuchan, todos, todos sin excepción, cumplimos y respetamos la legalidad lógica. Todos tenemos experiencia directa del absoluto de esas leyes lógicas, que sostienen y hacen posible el lenguaje. Todos vemos y tocamos constantemente a Dios como Ipsa Veritas, por el hecho de usar con éxito el lenguaje. Todos, hablantes y oyentes, nos arrodillamos ante Dios como Ipsa Veritas. Le adoramos por el hecho mismo de hablar y ser entendidos. No hay objetivamente ateos en el mundo. Sólo subjetivamente. Se creen ateos, pero no lo son a tenor de su conducta. Se proclaman ateos, pero actúan como creyentes. Piensan, hablan y escuchan.

En rigor, no hay ateísmo en el mundo. Lo que hay es la masiva ignorancia del formidable alcance de la formalización de la lógica. En realidad, el cálculo lógico es tan reciente que sólo lo hemos asimilado en la práctica, no en la teoría. Usamos alegremente nuestros ordenadores y llevamos a cabo con gran éxito la evolución informática. Pero ignoramos que todo eso lo debemos a la formalización de la lógica.

Imaginemos que el sedicente ateo escribe en la pantalla de su ordenador la frase Dios no existe. No se da cuenta de que, al pulsar en el teclado esas precisas letras, está adorando a Dios como el absoluto gracias al cual esa frase tiene sentido y se entiende lo que dice. Si hay disparidad entre lo que alguien dice y lo que hace, lo que en definitiva cuenta son sus obras y no sus palabras.

Tenemos pendiente la asignatura de asimilar, también en la teoría, todas las consecuencias de la triple correspondencia. Tarea pendiente que no sólo concierne a todos los sedicentes ateos, sino también a la inmensa mayoría de los creyentes.

En conclusión, la primera equivalencia, que contiene in nuce a las otras dos, se formaliza así

Ipsa Veritas ↔ Ipsum Esse

José María Méndez

Presidente de la Asociación Estudios de Axiología

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