www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

A VUELTAS CON LOS ÁRABES

La hermosa lengua árabe

lunes 06 de julio de 2020, 20:04h

Creo que no digo nada nuevo al firmar que una de las habilidades fundamentales en la vida urbana moderna es la capacidad de desarrollar eso que hoy día se llama la “socialización”. Me refiero a la práctica de pasar nuestro tiempo de ocio conociendo personas e iniciando conversaciones interesantes que creen una cierta empatía con nuestro interlocutor. Reconozco que es un arte, a veces complicado. Como introducción, uno de los trámites clásicos es el de preguntar y ser preguntados por nuestra vida laboral. Aquí, los que nos dedicamos a disciplinas poco frecuentes, como la del arabismo contamos con un punto a nuestro favor, o en contra, según se mire. Y es que, en la mayoría de los casos la conversación se va a centrar durante un rato sobre la materia que dominamos.

De este modo, dependiendo del interés y humor del interlocutor, suelen surgir preguntas de lo más general, tipo: – Uf, eso del árabe debe ser muy difícil, ¿verdad?- . Suelo responder de modo parecido: - Sí, claro. Todas las lenguas son difíciles. Imagínate el chino-. A veces me encuentro personas más informadas e interesadas que profundizan en la cuestión con cuestiones tales como. –¿Y el árabe de Marruecos es el mismo que el de Siria?-. Suelo responder de modo sucinto: -Pues sí y no-.

Lógicamente mi respuesta no deja satisfecho a nadie y debo entrar en explicaciones más detalladas, y es que algunas cuestiones básicas, que algunos ven claras y evidentes, no logran ser explicadas con facilidad. ¿Recuerdan el caso de la Santísima Trinidad, aquello de que “Dios es uno y trino”?. Pues bien, los curas del colegio trataron de explicármelo durante doce años y nunca acabé de entenderlo del todo.

En este punto de la conversación hay que ponerse cómodos y empezar a explicar que la lengua árabe es bella, compleja y multiforme. Algunos lexicógrafos, que se han tomado la molestia de cuantificar el número de palabras de las lenguas más extendidas del mundo, sitúan al árabe como la lengua con mayor vocabulario del planeta, sobrepasando los doce millones de voces. Para que se hagan una idea el Oxford English Dictionary cuenta con cerca de 700.000 entradas. Sin embargo, la paradoja es que la inmensa mayoría de todo ese caudal de palabras árabes rara vez se podrán escuchar en las calles de Marruecos, Egipto o Siria. ¿Y por qué, si en estos, y otros muchos países, la lengua árabe es reconocida como la lengua oficial del Estado?

Para entender esto hay que acudir a la historia y remontarse hasta el siglo VIII, cuando los Imperios Omeya de Damasco y Abbasí de Bagdad comenzaron a expandir sus dominios hasta abarcar porciones enormes de territorio, desde los confines de Persia hasta el Norte de España. Para gestionar un territorio, que abarcaba multitud de pueblos, con lenguas y culturas diferentes una de las medidas del poder central fue la de crear una lengua unificada en la que pudieran entenderse funcionarios de territorios lejanos, como al-Andalus, Egipto o Siria sin ningún problema. Es decir, una coiné, al modo en el que griegos o romanos procedieron siglos antes. Para crear esta lengua estándar los gramáticos árabes acudieron al árabe del Corán, como libro sagrado del Islam y máxima expresión de la perfección lingüística, así como a las recopilaciones de poesía preislámica de los beduinos de Arabia. Se trataba por tanto de una lengua nueva, diferente de la lengua que hablaban las tribus árabes y los ejércitos que ocuparon todos aquellos territorios.

Así se fue creando y consolidando a lo largo del tiempo una situación de diglosia. Es decir, en una lengua, la estándar, se escribía y en otra se hablaba. Todas estas lenguas compartían la misma raíz. La diferencia es que mientras que las lenguas habladas tenían el vocabulario y la gramática justa y necesaria para las necesidades de comunicación cotidianas, la lengua estándar debía responder a necesidades de comunicación sobre cuestiones políticas, filosóficas, médicas, literarias, y todo ello bajo unas estrictas reglas gramaticales diseñadas por los grandes lingüistas iraquíes del siglo VIII. De este modo, las poblaciones árabes siempre vivieron, y aún viven, bajo una situación permanente de diglosia en la que utilizaban, aquellos que sabían, una lengua estándar para rezar, escribir poemas o recurrir una sentencia y otra para comprar una lechuga en el mercado, tomarse un café con los amigos o discutir con el vecino.

Hoy día la situación de diglosia es, si cabe, más acentuada, por la creciente presencia del árabe estándar en la vida social, a través de los medios de comunicación. Efectivamente, el telediario iraquí, el saudí o el mauritano utilizarán la misma lengua árabe para transmitir las noticias, dar la previsión meteorológica o el resumen de la liga de fútbol. De la misma manera los periódicos utilizarán esta misma lengua estándar en todos los países árabes, lo que permitirá a cualquier lector árabe elegir el del país que más le plazca en el ordenador que le acompaña con el desayuno. Sin embargo, fuera de estos ámbitos, es decir en la vida cotidiana el uso de esta lengua, o registro del árabe resulta bastante insólito.

En mi caso personal acostumbro a utilizar la lengua estándar cuando viajo por diferentes países árabes. En un primer momento puedo apreciar la mezcla de complacencia y estupefacción que causa mi discurso en mi interlocutor, especialmente entre los niños y adolescentes. Algunos me han llegado a decir con buena dosis de sorna que: -Usted habla como el hombre del tiempo-. Lo acepto con deportividad y sonrío con ellos por lo gracioso de la situación. Pero eso sí, casi nunca he tenido problemas de comunicación. Hoy en día la extensión de la educación pública y de los medios de comunicación ha hecho que entender árabe estándar sea una realidad presente en el día a día de la mayoría de los árabes. Otra cosa es a la hora de hablarlo. Aquí encontraremos a excelentes oradores y a otros que hacen lo que pueden.

¿Y qué podemos decir con respecto a lo que se habla en la vida diaria? ¿Son dialectos o son lenguas diferentes? La cuestión de las definiciones puede ser útil cuando hay que dirimir posibles colisiones entre los significados de los términos. Para la mayoría de los árabes creo que no existe un conflicto terminológico. Simplemente, a la lengua estándar la denominan el “árabe puro” y a la lengua coloquial la denominan el “árabe cotidiano o dialectal” a pesar de que no derivan de lengua estándar. Los lingüistas occidentales prefieren, en su mayoría, acudir a la teoría de los registros del lenguaje para explicar esta situación. Es decir, cada momento exige un registro dentro del mismo lenguaje. Así, mi español será bastante diferente en la universidad, en el juzgado o en la taberna. Quizá, lo que ocurre con la lengua árabe, con respecto al español y a otras lenguas, es que esa diferencia es mayor, en lo que se refiere al léxico e incluso a la sintaxis, por las razones que antes comentamos.

Mi nuevo amigo parece satisfecho con la explicación pero aún alberga dudas: -¿Entonces un jordano y un argelino se entienden entre ellos?- Pues depende. Si cada uno de ellos se aferra a su dialecto en su versión más racial van a tener serios problemas de comunicación. Sin embargo nunca vi a árabes de diferentes países con dificultades para entenderse. Para ello recurren a una versión neutra de la lengua árabe en la que evitan los términos más específicos de cada dialecto y lo sustituyen por otros procedentes del árabe estándar o de los dialectos más conocidos en el mundo árabe, como el egipcio. Así puedo ver en la universidad como los estudiantes marroquíes mantienen animadas conversaciones con sus colegas jordanos o sirios en un ambiente ausente de cualquier tensión lingüística. Del mismo modo, podemos como la Liga Árabe es una de las pocas organizaciones internacionales donde representantes de más de veinte estados funcionan y se entienden sin necesidad de ningún traductor. Por ello, se dice que, a pesar de las diferencias, si dos árabes quieren, se entienden.

La tarde avanza y es hora de irse a casa. Conseguí socializar sin tener que recurrir a la política, el futbol o el tiempo. Mañana será otro día y tal vez me toque a mí hacer preguntas y enterarme de algo nuevo.

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (7)    No(5)

+

3 comentarios