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Y DIGO YO

Estado de alarma… en Podemos

Javier Cámara
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javiercamaraelimparciales/12/12/24
martes 14 de julio de 2020, 20:00h

Escuchar -o leer- al otrora amigo de Pablo Iglesias en estas cosas de la lucha obrera, el escindido Íñigo Errejón, me retrotrae a los tiempos en los que los comunistas en España siempre fueron la comparsa, algunas veces útil, casi siempre inservible, del PSOE. Ese hermano pequeño que tienes pegado constantemente a la espalda y que dejas que te siga porque los lazos familiares (históricos) son los que son y porque siempre viene bien alguien que te haga el trabajo “pesado” de movilizar la calle. Hace bulto y viene bien para la foto.

Los resultados en las últimas elecciones en Galicia y el País Vasco, obviamente, no han caído bien en las cabezas pensantes de Podemos. Bueno, quizá solo haya una autorizada a pensar. El caso es que perder toda presencia en las tierras que domina Feijóo por cuarta vez consecutiva y establecerse en la inutilidad en las que manda nuevamente el socio de Gobierno Urkullu debería llevar a la adopción de responsabilidades políticas por parte de algunos dirigentes. Bueno, quizá solo haya un dirigente…

Y digo yo: Iglesias reconocía “una derrota sin paliativos” y que tocaba hacer una “profunda autocrítica y aprender de los errores”, pero ¿nada más? ¿Lamentarse y aprender? ¿No ha pasado por su cabeza en ningún momento la idea de que el culpable de todo, quizá, sea él y solo él puesto que, como se ha denunciado desde el propio partido en innumerables ocasiones, él es el único que manda?

Retomando el hilo, Íñigo Errejón recordaba que el Podemos de ahora no se parece en nada al de 2014 ni en la movilización interna ni, por supuesto, en los resultados electorales. El ahora responsable de Más País era contundente: Podemos “ya no existe”. Que te vote el 82% menos de personas en Galicia y el 50% en el País Vasco se acerca mucho a eso. Subrayaba, además, que “existe una cosa que se llama Unidas Podemos y que tiene los resultados de siempre de IU”. Consideraciones políticas al margen, es una buena puya del excompañero.

Pero es verdad. Pablo Iglesias tiene el poder absoluto de Podemos y Podemos y sus distintos nombres y mareas cada día desaparece de más comunidades autónomas. Él pone y quita a los líderes regionales de su cuerda y hace y deshace según entiende que van las cosas dependiendo de según qué sitio. Su intervencionismo en asuntos locales y la tutela de las decisiones son suyas y solo de él. Y a él, que se atribuyó los éxitos morados de antaño, es a quien hay que pedir responsabilidades hoy por la desintegración de Podemos.

No hay que ser un gurú para saber que los resultados de unas elecciones son la mejor encuesta que se puede hacer, tanto por número de encuestados como por la relevancia de las respuestas. Está claro que ni la cocina del CIS ni los sondeos acomodados de algunos periódicos te hacen una foto tan perfecta de lo que la ciudadanía quiere (por lo menos en ese momento, tampoco tengo yo mucha fe en que los votantes sepan realmente lo que están votando).

De alguna manera, tanto en Podemos como en el PSOE, ambos socios de Gobierno deben de analizar cómo de relevante es la coalición para su futuro. En la formación morada tendrán que ver si el papel de Iglesias como vicepresidente mediático de un Ejecutivo del PSOE resta valor a su credibilidad, cada día más a la baja por otros motivos de índole personal, inmobiliaria y judicial; y, de la misma manera, los socialistas, que también han perdido fuelle, habrán de calcular durante cuánto tiempo pagarán la factura de esta llave a la Moncloa.

Como siempre, hay muchas variables y muchas opiniones y análisis sobre todas estas variables. Por ejemplo, está por ver si la gestión de la pandemia por el coronavirus pasaría factura igualmente a nivel nacional. Autonómicamente se ha visto que no. Podemos se ha dado el tortazo, pero el PSOE, que ni sube ni baja, lo mismo celebra quedarse como estaba que se lamenta por no haber podido sacar tajada de la debacle ‘podemita’.

Digo que lo mismo celebra quedarse como estaba porque a la vista de la “claridad” de ideas y la “rapidez” en empezar a tomar medidas y el “acierto” con el estado de alarma y el confinamiento forzoso y las fases de desescalada y la nueva normalidad un “virgencita, virgencita, que me quede como estoy” es lo que mejor que les podía pasar.

Visto de esta forma, quizá haya sido un acierto el estado de alarma para el PSOE, no así para Podemos que debe tener todas las alarmas encendidas al comprobar que puede quedarse en breve en la más absoluta irrelevancia, que es lo peor que le puede suceder a un partido político.

Javier Cámara

Periodista

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