Pues es verdad, con gran pesar se postergaron. A estas alturas usted estaría en la jornada inaugural de unos Juegos Olímpicos de Tokio 2020 que prometían todo: emoción, tecnología, competitividad a la alta escuela, como acaso no se había visto en décadas, y desde luego que todo acompasado con la exactitud japonesa, de bien ganada fama internacional y sin demérito de una grandiosa expectación que nos alcanzara a todos por igual. Eran nos Juegos muy esperados.
Este año olímpico será extraño en los anales de la justa deportiva universal. Vivimos un momento histórico. Estoy cierto de que la mayoría de los lectores solo han visto el listado de sedes anteriores con tres oportunidades olímpicas canceladas por razones bélicas (Berlín 1916, Helsinki/Tokio 1940 y Londres 1944), pero nunca en tiempos de paz por algo tan singular y siniestro como el advenimiento de un virus mortal. El Olimpismo no recuerda nada igual. ¿Comprende usted la peculiaridad del momento? Es la primera vez que sucede y ha sido un muy duro golpe al calendario deportivo mundial, por todo cuánto entraña. Roguemos para que la afrenta no la consideren los dioses olímpicos. No sea que se ensañen más con nosotros, si cabe. Todo esto nos pesa a los amantes del Olimpismo, infortunadamente y de manera momentánea ni alígero ni velívolo.
La solución del COI no sé si es sostenible. Efectuarlos el año que viene, incluso manteniendo la marca Tokyo 2020 –que estoy cierto que nadie reprocharía– es un hito insondable, una rara avis. Y un lapso de cinco años…más rarísimo, aún.
Cuatro años antes, mientras asistía a la formidable jornada inaugural en Río de Janeiro, ni por accidente me imaginé semejante cancelación. Simplemente, no. Es un trance cuyo desenlace final todavía desconocemos. En algún momento de aquella bonita ceremonia tan emotiva, de cuyas impresiones conté a usted en su oportunidad (pinche aquí) imaginé los JJ.OO. del año 2020. Recién me encontré un librito de la infancia que al pergeñar el futuro, los evocaba ¡en la Luna!! Y justo a los del año 2020. Así era el desbordado y optimista imaginario de los años ochenta de la centuria pasada. ¡Ja! en 2020 ni habrá Juegos, siquiera.
Cuántos rubros afectados, cuántos anhelos pospuestos, cuánta magia sin poderse verificar debido a esta trágica posposición. Me queda la idea, vaga, de que solo es un impase que aplace las emociones y que permitirá a los japoneses ofrecernos unos mejores Olímpicos, si aún cupiera superarse a sí mismos y que resurja el Olimpismo más fortalecido que nunca. Y ni cómo moverlos. 2024 y 2028 ya están ocupados. Los dioses aguardarán los honores a su existencia y a su inmemorial significado en estas competencias. Hay cosas más apremiantes que atender.
He recurrido a mi amiga Luz de León en estos momentos de nostalgia al vernos privados de la ovación y el triunfo olímpico en un estío asaz extraño y sui generis, que no será lo mismo sin ellos, para que con su inagotable generosidad, nuevamente comparezca en este espacio para fortuna nuestra y nos cuente su sentir desde el archipiélago nipón. Se las agradezco infinitamente. Pasen y lean:
“El fin de semana pasado se transmitió un reportaje donde entrevistaron a atletas japoneses de alto nivel; entre ellos unos nadadores, una jugadora de pimpón, dos yudocas, más algunos corredores y dos chicas que juegan dobles de bádminton. Todos ellos explicaban cómo les había afectado que pospusieran los Juegos. En términos generales, están optimistas y tratando de entrenar en casa. Uno de ellos comentó que está deprimido y no ha podido regresar a prepararse; y que no sabe si participará el próximo año. Un yudoca está pendiente de la última lucha para ganarse el boleto restante para competir en los Olímpicos. En cuanto a la población, en general está triste porque se haya pospuesto la justa olímpica y muchos creen que no se realizará el año venidero.
En Japón jueves y viernes serán festivos por los Olímpicos, puesto que no cancelaron el feriado –su servidor anotaría que en Río les dieron dos días previos– y por el coronavirus mucha gente estaba encerrada en su casa y por tal razón, así como para aminorar la decepción de que no habrá Juegos y de paso, para reactivar la economía, lanzaron un programa llamado Go Travel, donde se dan descuentos para viajar o salir a comer. Lo malo es que desde la semana pasada parece ser que empezó la segunda ola del coronavirus. No se compara con México, pero estábamos preocupados. El día de hoy (miércoles 22 de julio) hubo 700 contagiados. Está prohibido viajar a Tokio.
En el informativo de hoy avisaron que a partir de mañana estaremos a un año de la nueva fecha para que se realicen las Olimpiadas y que no es tiempo de lamentarse, sino de trabajar. Empezaron ya a planear para el otro año las nuevas medidas de seguridad e higiene exigidas en los estadios, el transporte y la residencia de atletas. Mencionaron que será obligatorio usar cubrebocas, guardar la distancia en los recintos deportivos, monitorear la temperatura, etc. y mencionaron qué hay poco tiempo y mucho que preparar, pero que estarán a punto en la meta de inicio para brindar seguridad a los atletas, a los visitantes y a la población.
Así que nuevamente empieza la cuenta regresiva. Y el reto será que implementen medidas que permitan llevar a cabo los Juegos y que los deportistas y el público en general, aguanten el calor infernal del verano usando cubrebocas.”
Suena aún remoto ¿verdad? Pero vea, los japoneses no cejan ni de arredran. Van a contrarreloj y sin chistar. Las magníficas palabras de Luz de León nos advierten tres cosas admirables, de verdad encomiables de aquel pueblo del Lejano Oriente: la actitud solidaria con el otro, la tenacidad y el denuedo con el que los nipones afrontan este momento doblemente adverso: tanto por la crisis sanitaria, como por el enorme compromiso inquebrantable, asumido frente al Olimpismo desafiado por el COVID-19. Estos serían los Juegos que inauguraría el nuevo emperador, Naruhito –invitado como heredero en Barcelona’92– y no podrá ser por ahora.
Para el caso mexicano sabemos que la prefectura de Hiroshima ha mantenido los apoyos a los deportistas mexicanos y la coordinación entre la embajadora Melba Pría y el Comité Olímpico Mexicano ha sido de una previsión notabilísima. Falta saber si la Comisión Nacional del Deporte estará a la altura. Su titular, Ana Gabriela Guevara, está envuelta en escándalos financieros, muchos heredados de malas gestiones y venganzas. Por otra parte, es menester la transparencia en el organismo público, ya que no la tenemos en tantas federaciones. El aplazamiento de los JJ.OO. perjudica su carrera política si de verdad aspiraba a la gubernatura sonorense. Se le juntará el trabajo en 2021, entrecruzándose objetivos excluyentes entre sí. Y falta ver si es imputada como directa responsable. Falta.
Visto como está el patio, a los Juegos Olímpicos de la Era Moderna yo los clasificaría en 5 etapas: la primera corre desde su restauración en Atenas en 1896 a los de Estocolmo. Después, las ediciones del periodo de entreguerras. Luego los que sortearon la Guerra Fría con éxito, de Londres’48 a México’68. La cuarta fase la componen aquellos que no sortearon exitosos la Guerra Fría, entre la crisis económica, el boicot y su exultante renacimiento: de Munich’72 a Seúl’88. El quinto ciclo nos deja un deslumbrante florecimiento con nuevas potencias olímpicas y los retos económicos por y para realizar estos certámenes: de Barcelona’92 a Río 2016. Frente a nosotros hay una terra ignota que aún no desvelamos y nos genera tanta incertidumbre no exenta de esperanza. ¿A qué sí?