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TRIBUNA

Sánchez contra Sánchez

Juan José Vijuesca
miércoles 29 de julio de 2020, 20:21h

Históricamente el peñón de Gibraltar nos ha deleitado con entramados diplomáticos que lejos de resolver el contencioso existente lo que han hecho ha sido enrarecer aún más el divorcio entre España y Reino Unido; pero eso sí, siempre dando la talla con los interlocutores en liza y celebrando reuniones de nivel entre los máximos mandatarios de cada país.

Los ingleses, que nos ganan por goleada en estrategias, véase el buen resultado que les da el conducir al revés que los demás y no digamos su propio sistema métrico decimal, pues resulta que nuestra excelsa ministra de Asuntos Exteriores se ha marcado un enroque diplomático rompiendo las tutorías plenipotenciarias que se le exige a un Gobierno de clase alta. Ha saltado la verja y se ha presentado en el Peñón para hacerse un selfie con el mandamás de Gibraltar. Ridículo espantoso porque es como si yo llamo al timbre del 10 de Downing Street London en calidad de Presidente de la Comunidad de Propietarios de la finca en que vivo y pretendo negociar el asunto de Gibraltar con el primer ministro Boris Johnson. Seamos serios.

No es un tira y afloja al uso, ahora se inflan las narices al comprobar como el gobierno de Pedro Sánchez entierra el clásico “Gibraltar español” de un plumazo. Humilla todo lo hecho hasta ahora y a todos los que han negociado, defendido y reivindicado la soberanía del Peñón, pero ya sabemos cómo se las gasta este plantel monclovita a la hora de estar a la altura. Hoy en Europa las cosas se miran con lupa, prueba de ello que esta grotesca e insultante reunión entre la ministra Arancha González y el ministro principal de Gibraltar ha caído como una de las más vergonzantes actuaciones diplomáticas que se recuerdan. Ni contenido, ni continente.

Y eso nos pasa con Gibraltar como refrendo a nuestra baja estopa política que se ha aposentado en extramuros. La imagen triunfal de Pedro Sánchez en Moncloa recibido a su regreso de Bruselas fue una clara muestra de que aún seguimos en la época del blanco y negro. Jubiloso sí, pero no engañemos al personal, se vino con la exigencia en destinar hasta el último céntimo de euro a reformas estructurales; de manera que regalías, subvenciones a fondo perdido y todas esa colección de gangas en favor de tantos mamandurrios que chupan de la teta, se antoja que Nanai de la China. En Europa nos tienen enfilados, tanto que no solo somos el hazmerreír de la nueva y vieja política, sino que lideramos el top ten del engaño a pesar de nosotros mismos. Europa no es la ONG al servicio de políticas propias de los césares moscovitas, allí se llevan las economías conservadoras y liberales que avalan los que saben de qué va esto.

Pero volvamos al acto teatral del aplauso que tanto aparenta. No crean que fue algo espontáneo, nada de eso, fue una secuencia perpetrada con imagen y sonido al más puro estilo de Julio César en su gloriosa entrada en Roma después de su triunfo en las Galias. Pero en este caso lo ha sido don Pedro revestido de loas creído haber llevado al huerto a sus homólogos europeos. Que España ha salido bien parada en cuanto a recibir la friolera de 140.000 millones del plan de recuperación de la Unión Europea, sin duda es una excelente noticia; ahora bien, en el gobierno Sánchez lo del patriotismo democrático hace aguas merced al puzzle ideológico que lo patrocina y ahí es donde las exigencias de Bruselas nos van a poner mirando a Getafe como no hagamos bien los deberes, es decir, financiar programas concretos de inversión de duración limitada, las cuentas muy claras y proyectos que van a estar sometidos a estrictos controles de ejecución y con total transparencia del gasto. Y esto lo van a vigilar los mismos que han dado el sí a prestarnos el dinero, o sea, los que no nos pueden ver ni en pintura por nuestra envenenada alianza del Gobierno Sánchez y sus socios de la clac que reverdecen la antigua costumbre de los teatros en donde cierto número de espectadores no pagaban localidad a cambio de aplaudir en las funciones.

En definitiva, se trata de aprender a representar a España como país en mayúscula, que es lo mismo que hacen los Países Bajos, Austria, Suecia, Dinamarca o Finlandia entre otros con sus respectivos países cuando lo serio deja de ser rancias charlatanerías ideológicas y se convierten en auténticas políticas de Estado; pero aquí eso de hacer patria se considera aberrante. En fin, el mayor problema de España y de Sánchez sigue siendo Sánchez mientras no ejerza como lo que exigen los tiempos actuales, que es lo que dentro y fuera esperan de nosotros; por eso meteduras de pata como la de Gibraltar solo sirven para ponernos a parir por inútiles. Y encima el turismo se desploma y el señor Simón remata la faena con un afarolado agradeciendo que los belgas y británicos no veraneen en España: “Favor que nos hacen” –dice el maestro. Y mientras tanto, aplaudimos el estado gaseoso de nuestros egos. Porca miseria.

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