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EL GOBIERNO AUSENTE, MIENTRAS LA PANDEMIA CRECE

viernes 14 de agosto de 2020, 13:12h
Todas las ciudadanas, todos los ciudadanos tienen derecho a disfrutar de las vacaciones veraniegas. El presidente...

Todas las ciudadanas, todos los ciudadanos tienen derecho a disfrutar de las vacaciones veraniegas. El presidente del Gobierno se solaza en un palacio que regalaron a Juan Carlos I y que el Rey padre donó al Patrimonio Nacional.

Nada que oponer a las vacaciones de las ministras, los ministros y su presidente si no fuera porque la Covid-19 crece de forma alarmante. Una decena de sociedades científicas han manifestado públicamente: “Ante el incesante aumento de contagios”, “es fundamental combatir la pandemia desde el punto de vista preventivo”.

La obsesión ideológica para que se celebraran las manifestaciones del 8-M se convirtió en el disparadero del coronavirus en España. Existe apabullante documentación que así lo demuestra. Prestigiosas instancias internacionales han subrayado los errores del Gobierno español.

Por salvar el verano, estamos en el mismo camino. El derecho a las vacaciones de los ministros del Gobierno y altos cargos se fragiliza cuando se produce una catástrofe nacional. No es de recibo que ni el presidente ni los ministros con capacidad de decidir en esta cuestión mantengan sus vacaciones. Las cifras cantan. No se trata de especulaciones. Se requiere una convocatoria urgente del Consejo de Ministros para hacer frente con eficacia a la extensión de la pandemia. La descoordinación de las Comunidades Autónomas resulta palmaria. La ciudadanía está cada día más asustada. La situación pide a gritos que regresen a sus puestos el presidente y los ministros y hagan frente a la nueva agresión de la Covid-19.

Las cortinas de humo que se lanzan para que se hable de otras cosas no son más que el recurso de los que no quieren interrumpir su descanso. La opinión pública, sin embargo, exige una decidida acción contra una pandemia que amenaza con provocar nuevos confinamientos y que puede fracturar de forma agónica la economía española, tan vapuleada ya y con los horizontes emborrascados.