Galicia y la financiación: cemento y costuras
sábado 23 de agosto de 2008, 21:28h
Tras el órdago lanzado por la Generalitat de Cataluña al Gobierno del Estado en relación con la financiación autonómica, el presidente de Galicia aprovechó recientemente una pulpada para apretarle los tentáculos a su homólogo catalán advirtiéndole de que debía respetar la solidaridad interterritorial aplicada hasta ahora en el reparto de los cuartos porque, dijo, ésta constituye “el cemento de la España plural” y el catalán de Córdoba, añadió, “no puede tensionar las costuras del Estado”.
No es casualidad que Touriño utilizara tales expresiones para escenificar su oposición a las pretensiones de Montilla. El de la Xunta sabe mucho de cemento: todo él es solidez y dureza. La propia advertencia que lanzó a su compañero catalán es una buena muestra de cuan pétreas e indeformables son sus convicciones; baste recordar sus alabanzas al nuevo Estatut de Cataluña, o sea, a la carta blanca que se otorgó a los catalanes para que ahora puedan exigir una buena ración de la tarta financiera a costa de que a otras comunidades, como la gallega, les toque sólo un pinchito. La reforma estatutaria catalana suponía un “avance en la construcción de la senda reformadora y modernista del estado de la España plural”, llegó a decir en su momento el presidente de Galicia, para quien el nuevo texto garantizaba la solidaridad e igualdad de los ciudadanos. Parece que ahora, cuando toca contar y repartir el dinero, se ha dado cuenta de que aquello no era tan así, de que el cemento de la solidaridad se cuartea y de que las exigencias del PSC suponen que en la España plural unos ciudadanos sean más iguales que otros. Y la sólida defensa de entonces se convierte en una no menos dura reprobación.
Y también de costuras tensionadas sabe un mundo el presidente gallego, teniendo como tiene las de su gobierno permanentemente a punto de reventar. La financiación autonómica está siendo, precisamente, uno de esos tirones a los pespuntes. Los del BNG, que se supone que cogobiernan Galicia con los socialistas, no sólo apoyaron el nuevo Estatut, sino que quieren imitar a los catalanes y abogan, como ellos, por una negociación bilateral. Nada importa a los nacionalistas que ese sistema suponga una merma de unos cuantos de miles de euros para la Comunidad en la que gobiernan; ni mucho menos, desde luego, que sea contrario a la Constitución. Al vicepresidente Quintana y los suyos lo que les mueve es la ideología, da igual lo que ésta se lleve por delante. Y que esa defensa suponga un nuevo enfrentamiento con sus socios de gobierno tampoco les preocupa. Al fin y al cabo, llevan tres años tensionando las costuras y demostrando que la unión que les llevó a la Xunta no se fraguó precisamente con cemento.