Defendió su cinturón con una superioridad palmaria. Siempre conectó más golpes y más golpes relevantes. 'DC', que acabó sin visión en su ojo izquierdo, sólo pudo sobrevivir.
Este domingo se vivió en las instalaciones de la UFC en Las Vegas, conocidas como UFC Apex, una de las citas más trascendentales dentro de las artes marciales mixtas actuales. Se iba a cerrar la trilogía más importante nunca vista en la historia de los pesos pesados -tanto dentro de la compañía comandada por Dana White, como en todo el arco de las MMA-. Nunca antes una rivalidad llegó a los tres capítulos con tantos ingredientes picantes y que asomaban a ambos contendientes a la categoría de leyenda de los deportes de contacto.
Stipe Miocic, el peleador que estableció un listó muy alto en la división y posee el récord de defensas del título en este peso, anhelaba ampliar su legado y convertir su nombre en uno de los más importantes jamás escuchados en el octágono. Además de elevar la distancia estadística con el resto de contendientes que aspiren a igualar su dominio entre los monstruos más grandes del panorama. Este bombero de vocación -y profesión-, duro, de 37 años y enraizado en Ohio, viajó a Nevada para volver a ganar a Daniel Cormier, su némesis. Con una marca de 19-3.
'DC', por su parte, había anunciado que esta sería su última pelea. La conclusión de una trayectoria deportiva que arrancó con dos participaciones en los Juegos Olímpicos y prosiguió autografiando una inercia triunfal en la UFC que le constituyó como ganador en dos divisiones y pesos distintos (siendo el único en quitar el cinturón al icónico Jon Jones en el semipesado). Y que a sus 41 años (22-2-1) aspiraba a poner el broche de oro apagando la clase boxística de Miocic, recuperando, así, el trono del peso pesado antes de decir adiós.
Ese era el plan romántico de Cormier, que empezó la pelea principal de la madrugada con más agilidad que su rival. De hecho, pudo construir un derribo y trabajar desde ahí durante un lapso. Sin embargo, sería un espejismo: nunca repitió esa suerte ni hizo caja de la especialidad que tanto le diferenciaba de Stipe. Su plan quedó reducido a tratar de combatir de pie y sacar tajada del afamado boxeo sucio, de agarre y golpeo en corto, que ya envió a la lona una vez al coloso Miocic (en la primera parte de la trilogía, julio de 2018).
Pero no ajustó lo suficiente y los truenos que el favorito le lanzaba al costado derecho, esos que le arrebataron el cinturón (en la segunda parte de la trilogía, agosto de 2019), generarían las dudas estudiadas por el equipo de Miocic. Asumir jabs y manos a la cara para no sufrir dolor en el cuerpo o subir la guardia y resistir: se repetía el dilema. Y 'DC' más o menos supo cómo conjugarlo en los dos primeros rounds, intercambiando conexiones no fatales. Hasta que cuando acababa el segundo asalto Stipe le envió un derechazo que le dejaría temblando.
Cormier se vio constreñido a poner el modo supervivencia a partir de ahí. Stipe siguió su hoja de ruta y no se aceleró en el tercer asalto. Lo que hizo fue mezclar las combinaciones con agarres que restaron energía y tiempo de reacción a su contrincante. Se lo llevó a los extremos de jaula de forma sistemática en la segunda parte del combate, congelando las revoluciones. Aparentaba contentarse con la cosecha sembrada, sobre todo tras la multiplicación de impactos en la cara de un veterano que sufría para poder ver por su ojo izquierdo -sufrió un eye poke terrible y no detectado por el árbitro-.
Los dos asaltos postreros mostrarían el triunfo de la estrategia controladora y contemporizadora de un Miocic que sólo sufriría en los minutos del desenlace, cuando su gasolina terminó por acabarse. Ahí recibiría algo de castigo, mas no peligraría la defensa de su cinturón. Cormier debió haber puesto más sobre la mesa, más iniciativa y finalización, para que los jueces consideraran el cambio de campeón en el peso pesado. Se quedó por el camino su gran ejecución en el suelo y su reacción ante los golpes al cuerpo y al grappling ajeno. La decisión unánime hizo alzar los brazos a Stipe, merecido plusmarquista histórico de la división. Y 'DC', molesto por lo sucedido con su ojo, tuvo que tragarse la desilusión del sueño proyectado. Si cumple la palabra, se va con dos derrotas seguidas y sin trono alguno. Su legado se achicó, aunque su sitio en el Hall of Fame de la compañía sigue reservado.
Justo antes pelearía el luchador con más 'hype' del circuito de la UFC. Sean O'Malley es la perla a la que la compañía quiere catapultar. Con 25 años, este estadounidense agraciado con una pegada rocosa y un físico propicio para el peso gallo, se había labrado un 12-0 que contemplaba dos KOs espectaculares en sus duelos precedentes -el último, en junio-. Se las iba a ver con un secundario, el ecuatoriano Marlon 'Chito' Vera. Y también con la realidad de los deportes de contacto. Porque una lesión le sacó de la circulación.
O'Malley, que vivía en una acelerada escalada hacia el Top-10 y la pelea por el título, sufrió un infortunio en su pierna derecha que le dejó sin posibilidad de brillar, siquiera de atacar, ya en el primer round. El latino percibió los problemas de su rival para mantener su agilidad en el apoyo y las transiciones y fue a por él. Le aplicaría una tormenta de golpes, sobre todo un codazo certero a la ceja, para que el árbitro detuviese la pelea en el minuto 4:40. Ese es el tiempo que aguantó su épica. Impotente ante la situación, Sean se retiró aguantando las lágrimas. Y 'Chito' brindó por el KO técnico porque cada vez está más cerca la posibilidad de asegurar el futuro de su mujer e hijos en Chone, Manabí, Ecuador.