www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

INTELLIGENTI PAUCA

sábado 22 de agosto de 2020, 17:56h
Era solo una advertencia. Medité sosegadamente su alcance. Por fin me decidí y, el 19 de septiembre de 1990...

Este artículo aparecido en El Mundo fue reproducido íntegramente por Google y parcialmente en las redes sociales, que le dedicaron incontables comentarios. Su autor es Luis María Anson, académico de la Real Academia Española y Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades. Publicamos el artículo a continuación.

Era solo una advertencia. Medité sosegadamente su alcance. Por fin me decidí y, el 19 de septiembre de 1990, ABC publicó una portada clave bajo el título: “Las dictaduras familiares del Golfo no pueden ser mantenidas por los soldados del mundo libre”. Seis retratos componían la portada, con estos epígrafes: “El Rey Fahd, dictador de Arabia Saudí”; “El Emir Jaber, dictador de Kuwait”; “El Sultán Qabus, dictador de Omán”; “El Emir Al Thani, dictador de Qatar”; “El Emir Issa, dictador de Bahrein”, y “El Jeque Zayed, dictador de Emiratos Árabes Unidos”.

Sin modificar una coma, reproduzco el texto faldón de aquella portada, que escribí hace 30 años:

“Al derrocamiento del dictador iraquí Sadam Husein, si se produce la guerra, deberá acompañarle posteriormente, por razones elementales de ética política, la evolución de las dictaduras familiares de Arabia Saudí, Kuwait, Bahrein, Omán, Qatar y Emiratos Árabes Unidos. Los soldados del mundo libre no pueden luchar para que luego se mantengan regímenes dictatoriales. Ciertamente, las circunstancias históricas, étnicas, religiosas y sociales de las Monarquías del Golfo son muy diferentes a las de Europa. Pero, aun teniendo en cuenta esas circunstancias, las dictaduras familiares del Golfo deben evolucionar, sin pausa, hacia Monarquías parlamentarias en las que la soberanía nacional de Arabia, Kuwait, Qatar, Omán, Bahrein y Emiratos sea ejercida por el pueblo, correspondiendo al rey o al emir la garantía de la Constitución y el arbitraje y la moderación de las instituciones derivadas de la voluntad popular libremente expresada”.

Eran otros tiempos, pero aquella portada de ABC dio la vuelta a España y fue reproducida en incontables medios extranjeros. Yo sabía muy bien lo que quería decir desde la tribuna pedestal de ABC. La relación con los dictadores de las llamadas monarquías de Oriente Medio tenía un evidente peligro, que era necesario resaltar. Intelligenti pauca. Antonio Fontán, latinista de reconocido prestigio, que había sido consejero del Consejo Privado de Juan III y presidente del Senado en la España democrática de Juan Carlos I, se dio cuenta del alcance de aquella portada y me escribió una extensa carta sagaz en la que añadía: “Frustra exprimitur quod tacite subintelligitur. En vano se expresa lo que tácitamente se sobreentiende”.