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Y DIGO YO

¿Eliminamos los ministerios de Sanidad y Educación?

Javier Cámara
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javiercamaraelimparciales/12/12/24
martes 25 de agosto de 2020, 20:16h

Entiendo que es muy difícil ir a la guerra cuando no se sabe con cuántos soldados se cuenta, es decir, que no es fácil hacer un plan para que los niños vuelvan al colegio con una seguridad sanitaria aceptable cuando no se sabe exactamente en qué condiciones de evolución de los contagios se va a producir y con qué medios materiales y humanos se cuenta.

Siempre se ha dicho eso de “a situaciones excepcionales, medidas excepcionales”. Pero la incorporación de muchos chicos al nuevo curso escolar empieza la semana que viene y la única medida extraordinaria sigue siendo que cada comunidad autónoma haga lo que quiera. Carta blanca…

El problema no es menor. No estamos hablando de suspender la Liga de Fútbol, que alguno dirá que eso es lo más importante, discutimos cosas serias y de una trascendencia vital para el normal desarrollo de unos menores en pleno crecimiento. Pero si cuando miramos a los máximos responsables en busca de respuestas, éstos dan la callada por respuesta, miran hacia otro lado y silban la melodía de ‘Verano Azul’, uno mira al cielo y como dicen muchas abuelas todavía: ¡Qué Dios nos pille confesados!

Creo que es de una irresponsabilidad supina la dejación de funciones e inacción de los ministerios de Sanidad y Educación según en qué atribuciones. Para lucir palmito, presumir de cargo y cobrar la nómina están prestos y dispuestos. Esto no me importaría -no voy a caer en el populismo- si no fuera porque cuando se les pide un plan para la ‘vuelta al cole’ se remiten a las 17 consejerías de educación, “que para eso están las competencias transferidas”.

Si en una situación tan excepcional como es una pandemia en la que han muerto, mueren y morirán miles de personas el Gobierno se esconde porque hay campos de actuación en los que las responsabilidades son autonómicas, la pregunta es clara y evidente: ¿para qué queremos esos ministerios?

Todos miramos primero a lo que tenemos más cerca, pero la concejalía mira a la consejería correspondiente y esta, a su vez, al Ministerio, que no asume responsabilidades y devuelve la pelota a las comunidades autónomas. El caso es que el uno por el otro, el ciudadano sin atender.

Algún compañero me dice que “para la capacidad de gestión que han demostrado, mejor que se queden en casa cobrando su cheque, pero sin hacer nada, quietecitos, porque eso será mejor, más seguro y todos estaremos más tranquilos”. Triste realidad, pues, que no estemos aprendiendo nada de una desgracia de esta magnitud y que la única conclusión, aparte de que sobran por lo menos dos ministerios, es que no te puedes fiar de estos ministros porque un día te cuentan una cosa y al siguiente la contraria o es culpa de la Comunidad de Madrid.

Añado a la incertidumbre ante el nuevo curso que durante el confinamiento, en una de las intervenciones telemáticas que los periodistas hacíamos a los ministros de turno, tuve ocasión de preguntarle a la ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, cómo tenía previsto este Gobierno garantizar la reactivación de la economía española con la asistencia a los puestos de trabajo de millones de personas si sus hijos, de todas las edades, estaban en casa sin asistir a los colegios. La respuesta fue un alarde de esfuerzos y medidas previstas para garantizar la conciliación, ya saben, laboral y familiar.

Meses después… ¿ha comunicado algo el Ministerio de Trabajo sobre cómo afrontar el trabajo con un hijo en casa? ¿Seguiremos exigiendo a nuestros mayores que pongan en riesgo su salud por el cuidado de sus nietos? ¿Y los que no tienen abuelos o cuñados o vecinos disponibles, qué opciones tienen? ¿Corren peligro miles de puestos de trabajo porque no es posible hacer presenciales las clases de los hijos?

A día de hoy, ningún padre sabe con exactitud, salvo algún plan regional, cómo va a empezar su hijo el colegio, si está garantizada mínimamente su seguridad sanitaria y qué va a hacer el colegio cuando un niño llegue a la primera semana con el resultado positivo de una prueba PCR, pero tampoco si, por consiguiente, tendrá que pedir una baja (con todas las pérdidas que eso conlleva para empresa y trabajador) por el tiempo que dure la cuarentena de ambos.

No sé si habría que prescindir también del Ministerio de Trabajo, estoy seguro de que a alguna comunidad autónoma le encantaría, pero, a día de hoy, lo que lamento es que si tenemos un Ministerio de Educación de España, no haga algo por España; si tenemos un Ministerio de Sanidad de España, que gestione y si no quiere porque no está capacitado, que ayude a las consejerías.

No seré yo el que defienda a Pablo Iglesias, pero si hasta el vicepresidente del Gobierno critica la falta de liderazgo de la ministra de Educación será porque, efectivamente, se ha echado de menos un poco más de interés. Pero si hablamos de falta de ganas, sorprendía este martes el presidente Sánchez delegando en las mismas CCAA a las que endosaba las gestión sanitaria y educativa la posibilidad de declarar en estado de alarma en su región. Pero claro, que lo pidan y lo expliquen ellos en el Congreso, que él ya ha hecho demasiado…

Y hablando de Iglesias, de paso, me pregunto qué hace el Ministerio de Asuntos Sociales del que dependen las residencias de personas mayores. En fin, mejor paro, porque, si no, me sobra hasta el apuntador.

Javier Cámara

Periodista

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