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COMPRAR EL VOTO DE ERC Y JXCAT

viernes 28 de agosto de 2020, 12:08h
El diario La Razón ha desvelado el propósito, solo a medias, enmascarado en los pasillos monclovitas de Pedro Sánchez...
El diario La Razón ha desvelado el propósito, solo a medias, enmascarado en los pasillos monclovitas de Pedro Sánchez: comprar el voto de ERC y JxCat por 759 millones de euros y escalar así el Himalaya de los Presupuestos Generales del Estado. Tiene precedentes la pirueta. A Mariano Rajoy le costó un ojo de la cara de los españoles comprar el voto del PNV para que el centenario partido vasco apoyara sus Presupuestos. Creyó el infeliz que en la moción de censura los peneuvistas serían consecuentes. No fue así. Le pasaportaron a la más sombría calle, votando ellos que son democracia cristiana al lado de comunistas, podemitas, bilduetarras y separatistas catalanes de izquierda radical.

Pedro Sánchez solo tiene una constante en su azarosa vida política: permanecer en el poder. Se alió con Podemos, a pesar de las descomunales descalificaciones que a plena pantalla de televisión hizo un mes antes del contubernio. Se aliaría con Vox si lo necesitara.

Ante las negativas de ERC y JxCat para aprobar los Presupuestos Generales del Estado, el presidente negocia arrimándose a Ciudadanos y también al PP. Si falla esta operación, ha planteado la compra por 759 millones de euros de ERC y JxCat, según ha denunciado La Razón. A nadie le puede extrañar que en todas las encuestas la ciudadanía española considere a los partidos políticos el segundo o tercer problema entre los diez más importantes que agobian a los españoles. El interés partidista, incluso el interés personal, se pone casi sistemáticamente por encima del interés general.

El entorno de ERC está dividido. Algunos consideran aceptable recibir los 759 millones de euros, mientras otros piensan que es necesario conservar un mínimo de decencia, sobre todo porque se acercan las elecciones autonómicas catalanas. Pedro Sánchez, disminuido el Rey, debilitado Pablo Iglesias, juega a placer ejerciendo según algunos el bonapartismo, según otros, el más descarado cesarismo.