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LETRAS DESDE MÉXICO

La sopa y el chocolate

viernes 28 de agosto de 2020, 20:16h

Pues al Señor Presidente de esta sufrida república, le han dado otra vez,una sopa de su propio chocolate.

Cuando animoso exigía la profusa difusión de los videos donde sus adversarios cometiendo actos de inmoralidad y corrupción, con la recepción de paquetes de dinero, alguien tuvo a bien desempolvar un archivo y exhibir a su hermano Pío (nomás de nombre) y a un colaborador de mucha confianza, en el juego de los paquetes con billetes. Y en pocos bretes te metes.

Pero con la habilidad de un delfín y sus saltos jabonados (decía FGL), el Presidente salió del berenjenal, el atolladero y las once varas de la camisa.O eso ha creído.

Si las palabras significan todo cuanto de ellas sabemos, las dádivas, aportaciones, óbolos, cooperaciones “voluntarias”; “entres”, “moches”, obsequios y cualquiera otra de las muchas formas de recibir dinero para la actividad política –entre el disimulo y el compromiso--, son exactamente iguales. Describen lo mismo. Como también cohecho, raptación, sobornación, soborno, “mordida” y coima.

Lo demás es jugar con las palabras y hacer malabares con la responsabilidad.

La entrega de dinero sin reporte ni origen especificado, en montos discrecionales en una campaña electoral no sólo es una costumbre; también –si no se reporta formalmente --, es un delito.

No importa si lo hace Pemex, Oderbrecht o Carlos Ahumada. No cuenta más o menos si se lo entregan a Emilio Lozoya a René Bejarano o a Pío López Obrador. Tampoco el monto hace distinción. El hecho es el hecho.

El fin para el cual se usen esas dádivas aparentemente inocuas y fervorosas de un credo redentor, puede ser diverso, pero la piedad no cura el método, ni las buenas intenciones enderezan jorobados. Lo mismo se corrompe quien usa los fondos ilícitos para comprarse un Ferrari o para movilizar campesinos en favor de una causa o cerrar el Paseo de la Reforma y el Zócalo en el infatigable propósito de llegar al poder.

Tan delictuoso es asaltar un banco para gastarse los dólares en Las Vegas o Montecarlo, o financiar un movimiento guerrillero, como hacían los de la Liga 23 de septiembre. ¿Ya no recordamos cómo los comunistas se clavaron el rescate de Rubén Figueroa? El fin no justifica los medios, así lo digan Maquiavelo y sus amigos.

Pasar la charola, como en la iglesia hacen los monaguillos, es práctica frecuente en todos los partidos políticos, por eso hay leyes restrictivas para tales prácticas, las cuales –por desgracia— no existían, como tampoco los partidos ni los órganos electorales, cuando Leona Vicario, la figura histórica de moda, les ayudaba a los insurgentes en su larga lucha por la libertad de México.

Por cierto, tampoco había cámaras de imágenes en movimiento, eso lo inventaron –todo mundo lo sabe--, los hermanos Lumiére en el lejano 1897 (doña Leona pasó a la eternidad cívica en 1842 y fue declarada Benemérita y (no se ría, es en serio), “Dulcísima Madre de la Patria”,el 25 de agosto de ese año, por don Nicolás Bravo (guerrerense de cuando Guerrero no era estado) , quien antecedió (y sucedió también) a López de Santa Anna, Serenísima Alteza nuestra.

Dulcísimos y serenísimos nuestros héroes (cursilísimos). En fin.

Doña Leona soltaba los maravedíes de su menguada hacienda (y también los haberes de Andrés Quintana Roo) en favor de los combatientes por la patria a quienes proveía de alimentos, información y artículos en el periódico pues esos textos magníficos eran el pan del alma libertaria.

Por eso tampoco tenemos grabaciones visuales de cuando los insurgentes asolaban haciendas y rancherías para sostener a sus improvisadas tropas. Pero una cosa es la dádiva, la aportación y otra el botín de guerra.

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