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TRIBUNA

La derrota del vencedor

Jorge Casesmeiro Roger
lunes 07 de septiembre de 2020, 20:19h
No he leído Patria. Nadie acierta a decirme de qué patria habla esa novela. Y sé de gente con criterio que no ha podido con ella porque les ha parecido una suerte de blanqueamiento de ETA. Ahora los que elogiaban el famoso libro reniegan de su adaptación televisiva. Han visto en una imagen lo que no leyeron en cientos de páginas. El cartel de la serie ha sido el detonante de la polémica. Dos fotos en pie de igualdad. A un lado una supuesta víctima de ETA, y al otro un supuesto etarra torturado en presuntas dependencias policiales. Al autor de la novela, el cartel le ha parecido un desacierto, una estrategia comercial que no comparte. Pero ha visto la serie entera, y al margen de una o dos secuencias que le chirrían, dice que la trama es próxima a lo que narró en su historia.

Y a lo mejor ahí está la cosa. Quizá lo que los indignados lectores de Patria han visto en el cartel de su serie solo es una icónica síntesis de la novela de marras. Una…, desacertada síntesis, pero acaso no del todo infiel a la letra de su texto. Quizá los admiradores de Patria han degustado ahora, en el equidistante cartel de su adaptación televisual, el mismo sabor que la novela de Aramburu dejó a un reputado experto europeo en política antiterrorista. Me refiero a Rogelio Alonso, autor del imprescindible ensayo La derrota del vencedor (2018), entre otros títulos sobre el IRA y ETA.

“El final de Patria no me gusta porque promueve el perdón y la reconciliación, y la reconciliación implica que las dos partes han obrado mal, y eso es injusto para las víctimas (…) En una sociedad en la que una organización terrorista ha violado sistemáticamente los derechos humanos, es necesario que haya vencedores y vencidos. Disminuir la culpabilidad del criminal significa transmitir a la víctima esa culpabilidad. Si los criminales no son vencidos, las victimas no son vencedoras” (La Vanguardia, 21/06/2018).

Patria es, seguramente, la magnífica novela de un excelente narrador. El propio Rogelio Alonso ha destacado su conmovedora calidad a la hora de retratar la complicidad con el terror, la indiferencia ante la humillación de las víctimas y la soledad de los que desafiaron a los fanáticos (El Mundo, 24/10/16). Y recordemos aquí que tanto Alonso como Aramburu han sido galardonados por el Colectivo de Víctimas del Terrorismo (Covite).

Las víctimas de ETA son, efectivamente, el quicio fundamental de todo este asunto. Y a esos paisanos nuestros no los han matado ni roto la vida por ser arquitectos, guardias civiles, ingenieros o peritos calígrafos, sino simple y llanamente por ser españoles. Fueron asesinados uno tras otro, año tras año, con la bomba y el tiro en la nuca, para doblegar a la nación metiendo el terror en la entraña del pueblo. Sin embargo, insisto, cada vez que he preguntado a algún lector de Patria, algo tan elemental como cuál es la patria de la que habla esa novela, ninguno ha sabido contestarme.

Las víctimas de ETA son la encarnación de un atentado a la nación política y a su ley fundamental. España y su Constitución. Esa es la madre del cordero. Y de ahí la sencilla, la limpia tesis planteada por el filósofo Agapito Maestre, de considerar a la víctima como un modelo para construir ciudadanía. Tiene un doliente y acerado manuscrito, el profesor Maestre, sobre este asunto. Pero ningún editor quiso publicárselo; el tema, al parecer, no vendía. ¡Vivir para ver!

Escribo esto mientras releo las páginas dedicadas al nacionalismo terrorista vasco en mi libro Razón en vena. Conversaciones con Agapito Maestre (2020). Y recuerdo que todavía tengo que devolverle a Maestre el impactante manuscrito autobiográfico de La historia desde “Yo”, de su amigo Salvador Ulayar, que a la edad de trece años estaba junto a su padre cuando un encapuchado le descerrajó cinco tiros a quemarropa. El documento lleva una nota adjunta fechada a 2012: “Amigo Agapito: Aquí tienes mi corazón en un puñado de folios. Échale un ojo y dime algo”. Fue publicado finalmente con el título Morir para contarlo (2014).

Transformar las lágrimas de la víctima en proyecto ciudadano, político. El único mimbre necesario para bordar el ámbito de la coiné afectiva, logrando al mismo tiempo el mayor desafío literario y filosófico: darle al pueblo un genuino Episodio Nacional. El resto solo es frivolidad; y en ocasiones la frivolidad resulta criminosa. Como cuando en la tele empiezan la novela por el final. Sí. A lo mejor Patria no es más que eso. La crónica de una España sin España. El gran relato sobre la derrota de los vencedores.

Jorge Casesmeiro Roger

Licenciado en Pedagogía y en Periodismo

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