Si todo va según lo previsto, en los próximos días se materializará una de las operaciones más importantes en la historia de la banca española. CaixaBank, la mayor entidad financiera de Cataluña y la tercera del país, adquirirá Bankia, la cuarta, dando lugar al mayor banco de España, con un valor estimado de unos 650.000 millones de euros.
El gran artífice de la operación: el presidente de la Fundación La Caixa, Isidro Fainé. El deseo de este banquero, último de aquella vieja guardia que trajo la edad de oro de las finanzas españolas no es flor de un día, sino que viene de lejos. En 2011 fue capaz de convencer a Mariano Rajoy, Luis de Guindos, Esperanza Aguirre, y hasta a Artur Mas, para que apoyasen la pretendida fusión entre La Caixa y Caja Madrid. Sin embargo, su sueño quedo truncado al darse de bruces con las aspiraciones de su homólogo en la caja madrileña, Rodrigo Rato, quien rechazó la fusión, pese a que se le ofreció ser presidente del grupo resultante.
En su lugar, Rato prefirió embarcarse en otra aventura más ambiciosa: Caja Madrid se fusionó con otras seis cajas de ahorros: Bancaja, Caja Canarias, Caja Ávila, Caixa Laietana, Caja Segovia y Caja Rioja. El periplo de Rato en Bankia fue breve. Aunque en su polémica salida a Bolsa logró atraer a 360.000 inversores, todo se vio empañado por la crisis económica y pronto se puso de manifiesto la situación real de la entidad. Muchos de los accionistas terminarían acudiendo a los tribunales para reclamar su dinero. Finalmente, el Estado se vería obligado a rescatar del naufragio al banco, que recibió 24.424 millones de euros en ayudas públicas, convirtiéndose en su accionista mayoritario.
La llegada de José Ignacio Goirigolzarri, con quien Fainé mantiene una excelente relación, supuso una renovación en la entidad, en la que cambió tanto a su consejo de administración como a su equipo de gestión. Nada más llegar puso en marcha un nuevo plan estratégico a tres años enfocado a mejorar la solvencia, la eficiencia y la rentabilidad de la entidad. En tres años, Bankia realizó saneamientos por valor de 26.845 millones de euros.
Fainé, por su parte, acometió una reestructuración de La Caixa en 2011 para adaptarse a los acuerdos de Basilea II y Basilea III y a los requerimientos del Gobierno. CaixaBank pasó a englobar la actividad bancaria del grupo así como el negocio de seguros y reaseguros. Desde ese momento, La Caixa dejó de tener negocio bancario, y todos sus clientes fueron trasladados a CaixaBank, quedando la caja de ahorros la única actividad de mantener la obra social. Durante los siguientes años la entidad de Fainé se rearmaría con sucesivas integraciones, como la del Banco de Valencia, Barclays España o el Banco Portugués de Investimento. Todo sin olvidar la sobresaliente y depurada gestión del consejero delegado, Gonzalo Gortázar, hombre fuerte de Fainé.
Renovarse o morir frente a la pandemia
La irrupción de la pandemia, una situación extraordinaria y sin precedentes, ha propiciado que el latente anhelo de Fainé, siempre firme, porfiado y pertinaz, esté a punto de materializarse. Si a principios de año el negocio bancario no atravesaba ya su mejor momento, debido a los bajos tipos de interés o al estancamiento de las comisiones, el coronavirus lo ha puesto todo patas arriba. A la masiva pérdida de valor en Bolsa hay que añadir las funestas perspectivas de decrecimiento del PIB (podría caer hasta un 15 % en este 2020, según el Banco de España), el aumento de la morosidad...
Teniendo en cuenta el luctuoso escenario que se avecina, la fusión (o fusiones) se presenta más como una obligación que como una opción; un acto de supervivencia, cuyo objetivo básico es ganar en eficiencia y rentabilidad, reduciendo costes para tener buenas cifras. Por ello, cuando Fainé planteó este verano su propuesta de fusión a Goirigolzarri, éste no lo dudó. En estos momentos, las negociaciones continúan "al más alto nivel" entre los gestores de ambas entidades, cada uno con sus respectivos equipos de asesores, al tiempo que se revisan en profundidad las cuentas para tener perfilados cuanto antes los términos del acuerdo.
Habrá que esperar solo unos días para conocer la oferta de CaixaBank, la entidad compradora, y detalles sobre cómo se hará el canje de acciones y la prima que propone para compensar a los accionistas de Bankia por la operación, que incluirá una ampliación de capital que "diluirá" las participaciones. El accionista mayoritario de Bankia, el Estado a través del Fondo de Reestructuración Ordenada Bancaria (FROB), verá reducido su porcentaje desde el 62 % actual a una cifra que dependerá de las condiciones y de la prima ofrecida, aunque algunas fuentes señalan que podría rondar el 14 %. Sea como sea, lo más importante es que existe voluntad por ambas partes.
Reacciones políticas
Sin embargo, la andadura del futuro banco no estará exenta de dificultades. Para empezar, en el ala podemita del Gobierno ya han calificado de "preocupante" el movimiento, al entender que supondrá una profundización en la concentración del sector bancario y tendrá un impacto negativo en el empleo. El propio Pablo Iglesias ha revelado esta semana en la Cadena Ser que propuso a Sánchez mantener Bankia como banco público, pero "perdió la discusión” y entonces pactaron “convertir el ICO en un banco público”.
La noticia tampoco ha caído nada bien en el Govern, donde no hace ninguna gracia que el Estado pase a tener el 14 % del capital de la principal entidad bancaria de Cataluña. "No es normal ni usual que el Estado, en este caso el FROB, tenga una participación tan significativa", ha opinado el vicepresidente del Govern, Pere Aragonès, quien ha reclamado que el Estado "salga del accionariado para evitar cualquier sospecha de interferencias políticas". Por otro lado, la consellera de Presidencia y portavoz del Govern, Meritxell Budó, ya ha avanzado que estudiarán pedir un informe a la Comisión Europea sobre la fusión porque les preocupa el grado de concentración bancaria.
Desde la sección parte socialista del Gobierno, que bendijo la operación desde el primer momento, Nadia Calviño mediante, han valorado muy positivamente la fusión. En una entrevista en TVE, el presidente, Pedro Sánchez, ha considerado así que, tanto "desde el punto de vista financiero como el territorial", esta operación tiene "buenos mimbres" de que será "positiva para la economía española". Ha recordado que el Estado tiene que ver las condiciones de esta fusión, pero considera que es positiva porque puede ayudar al propio interés general, a la estabilidad del sector financiero y a maximizar la participación pública.
La portavoz del Ejecutivo María Jesús Montero ha indicado que "ahora lo imprescindible, lo fundamental, es que el Gobierno colabore y contribuya a afianzar esa operación, a que pueda seguir su cauce con todas las garantías por parte de los supervisores tanto del Banco de España como de los supervisores europeos". En este sentido, ha dicho que ahí estarán "trabajando codo con codo con las entidades financieras y, por tanto, ahora lo que nos interesa es ser capaces de que esa participación pública permita también que la opinión de este gobierno esté presente en esa toma de decisiones", aunque "con absoluto respeto" a los consejos de administración y juntas de accionistas de los dos bancos.