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EDITORIAL

Fainé, el cerebro de la gran fusión bancaria

sábado 12 de septiembre de 2020, 11:07h

Tras casi una década de espera, el presidente de la Fundación La Caixa, Isidro Fainé, está a punto de cumplir una de sus mayores ambiciones: en cuestión de días, Caixabank se fusionará con Bankia, dando lugar al mayor banco de España valorado en más de 650.000 millones de euros.

El éxito de esta ciclópea fusión es prueba irrefutable del tesón indestructible de este hombre de negocios de 78 años; el mismo que le ha colocado en una posición de máxima relevancia en el mundo empresarial. No en vano, además de ocupar la presidencia de la eminente Fundación La Caixa ejerce como vicepresidente de Telefónica y del World Savings Banks Institute, y preside la Confederación Española de Cajas de Ahorros y del European Savings Banks Group.

El primer intento de fusión tuvo lugar en 2011, cuando Fainé propuso, sin éxito, al presidente de Caja Madrid, Rodrigo Rato, unirse con La Caixa. Temeroso de perder galones, Rato optó por fusionarse, pero con otras seis cajas, dar a luz a Bankia y pisar el parqué. Una decisión que el exministro lamentaría toda su vida.

Pero el banquero de Manresa nunca cejaría en su empeño, simplemente lo pospuso para ocuparse de asuntos más acuciantes, como la reestructuración empresarial que se vería obligado a acometer para sanear su compañía ante la corrosiva crisis económica. En los años posteriores, Caixabank no pararía de crecer, integrando a otras corporaciones, como el Banco de Valencia, Barclays España o el Banco Portugués de Investimento, la más importante hasta ahora.

Fainé ha sido el auténtico cerebro de la operación. Y ha jugado un papel clave en las negociaciones con José Ignacio Goirigolzarri, que no lo dudó ni por un instante. Con su olfato incólume, el banquero catalán ha sabido anticiparse a todos, moviéndose con sagacidad e inteligencia para cerrar la operación más importante de su vida. A través de esta fusión, ambas empresas no solo aseguran su propia pervivencia, y, por ende, la de sus clientes; sino que, además, envían un poderoso mensaje de confianza a los inversores en estos convulsos tiempos de pandemia. El incierto futuro de la economía española parece hoy un poco más halagüeño.

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