Y DIGO YO
PSOE y Podemos no son un equipo: unidos no pueden
Javier Cámara
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javiercamaraelimparciales/12/12/24
martes 08 de septiembre de 2020, 20:18h
Es fácil de entender lo difícil que está resultando para el presidente del Ejecutivo de coalición, Pedro Sánchez, aprobar los Presupuestos Generales del Estado ante la falta de diputados propios para sumar y visto que los que apoyaron su moción de censura y después su investidura le están pidiendo que cumpla con lo prometido.
Como Sánchez no cumple, el maremagnum que caracteriza en los últimos años al Congreso se le vuelve en contra. Pero tampoco se preocupen, porque el presidente coaligado está acostumbrado a sobrevivir, se mueve como pez en el agua, entre toda esta inmensidad de partidos, tendencias, nacionalismos, separatismos, populismo y, también por qué no, confusión.
Aunque se le reconozca el mérito, hay que resaltar que es aún más difícil de soslayar toda esta dificultad ambiental cuando ni siquiera existe un consenso interno con el principal aliado y socio de Gobierno, Podemos.
Sánchez comenzó la ronda de contactos con los partidos para tantear sus apoyos a unas cuentas cuando lo cierto es que PSOE y Unidas Podemos todavía no han cerrado su propio borrador. Quieren presentarlos lo antes posible para su aprobación en el Consejo de Ministros y debatirlos antes del 1 de octubre en el Congreso, pero se desconocen los aspectos fundamentales.
Y será durante la aprobación de esas cuentas para 2021 en el Consejo de Ministros donde Pablo Iglesias intentará vender caro su beneplácito dado el menosprecio que supone para ellos que Sánchez llame a otras puertas y esté cada día más cerca de Ciudadanos y, más recientemente, que hayan ignorado el planteamiento programático de Podemos con el apoyo a la fusión entre CaixaBank y Bankia, un auténtico torpedo en la línea ideológica y filosófica de la formación morada.
Nadie duda de que el Gobierno no tiene más interés en Ciudadanos que el de mero sostén en el Congreso, donde cualquier movimiento de una pequeña formación puede ser determinante para no alcanzar una mayoría simple. Arrimadas lo sabe, pero no tiene muchas opciones si quiere hacer valer su escasa representación parlamentaria. De todas formas, y a la espera de lo que den de sí las negociaciones con el Gobierno socialista, que no de Podemos, parece que la ‘lideresa’ de la formación naranja puede sacar también un rendimiento si juega bien sus cartas.
Por otra parte, retomar la mesa de diálogo ahora en septiembre con ERC sostiene la posibilidad de un nuevo apoyo -que podía haber sido un apoyo fijo si se hubieran colmado las expectativas de los republicanos independentistas-, pero las elecciones catalanas condicionan cualquier decisión en el partido de Oriol Junqueras.
Es de sobra conocido que el consenso entre los socios socialistas y ‘podemitas’ de Gobierno es casi nulo en cuestiones que se han hecho públicas por sus propios portavoces, como es la monarquía, con una “fuerte discusión” entre Sánchez e Iglesias, el ninguneo con la fusión bancaria más sonada en los últimos diez años o el desencuentro para que los padres tengan bajas médicas remuneradas para el cuidado de los niños en caso cuarentena.
Dicen que la negociación que mantiene la ministra de Hacienda, María Jesús Montero, con el secretario de Estado y responsable de Economía de Podemos, Nacho Álvarez, va bien, pero a nadie se le escapa tampoco que la subida de impuestos y la creación de alguno más es un escollo entre los partidos para llegar a un acuerdo. No se puede olvidar que, además del propio Parlamento español, la UE debe dar luz verde a los planes del Gobierno español para desembolsar esos 140.000 millones con los que todos cuentan.
Podemos no parece querer pelear ya por ese prometido impuesto de la riqueza, pero sí quiere que el PSOE se comprometa a subir el IRPF en sus tramos más altos o en la carga impositiva a grandes empresas. En su discurso es casi ya una letanía lo de subir la progresividad fiscal. En los últimos días se lo hemos escuchado a casi todos.
No tranquiliza al partido de Iglesias que la ministra Montero haya dicho que queda todavía toda la legislatura para cumplir con esa parte del “acuerdo de investidura”, pero a buen seguro que Podemos, que también sabe jugar a las cartas, hará valer su posición de privilegio en el Gobierno. Aquí todos tienen un as en la manga…
Y así está España, cogida por alfileres en cualquier frente al que se quiera mirar por el interés partidista, sin capacidad para reaccionar ante cualquier adversidad y como ejemplo mundial de mala gestión ante una pandemia sanitaria y sus consecuencias económicas. ¿Qué soy muy pesimista? Esperen un poco…
Lo triste no es el distanciamiento con Podemos, es que ni unidos pueden, no son un equipo. Todos miran de reojo al de al lado y la pregunta es quién se fía menos de quién. En cualquier caso, todos perdemos. Mal le irá siempre a un país que no tiene un Gobierno compacto y coordinado, especialmente en una situación de crisis como la que acecha a España.
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Periodista
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javiercamaraelimparciales/12/12/24
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