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TRIBUNA

Virgencita, virgencita

Juan José Vijuesca
miércoles 09 de septiembre de 2020, 20:27h

Ya en septiembre y a menos que Nostradamuns lo tuviera previsto, lo cierto es que a día de hoy no sabemos qué será de nosotros con esto del coronavirus. Dicho en tono suave mucho me temo que estamos en una encerrona de enormes consecuencias en términos de salud. Aunque para casi todo en esta vida hay una parte mala y otra buena me temo que para la ocasión ambas partes tienen que ver con idéntica molicie ideológica. Verán ustedes que la cosa sin estar muy equilibrada al menos guarda cierta sinergia para afrontar una pandemia con dos patas, una, la mala, el Covid-19, y otra, la buena (risas) la del gobierno Frankenstein capaz de sacar adelante los Presupuestos Generales y con ello tener garantizados dos años más de tortura.

La del virus tiene un desenlace tan incierto como cada cual quiera apostar, pues ahora mismo el pifostio reinante es de tal calado que pretender organizar el fondo de armario mental tiene menos sentido que el mecanismo de un chupete. Si desastrosa fue la desescalada ahora sería absurdo no reconocer que la situación es más de lo mismo e idéntico guión, es como si los contadores de fallecidos y contagiados los hubiesen puesto a cero y vuelta a empezar. Todo fueron prisas y claro, de aquellas lumbreras hoy estos lodos. Primero fue el señor Sánchez al asegurar que los rebrotes eran muestra de que el control funcionaba y que había que perder el miedo para salir a la calle y animar la economía porque los españoles tenían que aprender a convivir con el virus. Y como en este país acostumbramos a creer que un elefante que vuela es parecido a un espeto de sardinas, pues nos subimos al remolque hasta que nos basculan en discotecas, bares, terrazas, lugares de copas, ocios nocturnos, bodas y comuniones y demás aquelarres fruto de que la vida es breve. De la parte buena (risas), es decir, la de los Presupuestos Generales, solo significar lo dicho por la señora Montero, ministra de Hacienda: “Los presupuestos son apoyados por los que quieren a España” (sic).

El cachondeo de lavarse las manos por parte del Ejecutivo y que cada Comunidad Autónoma se buscara la vida ha traído consigo la marimorena a escala mayor. La Comunidad de Madrid adelantó la apertura de discotecas para en tan solo unos días después restringir de nuevo su uso. Ni que decir tiene que en estos sitios no se imparten clases de punto de cruz precisamente, de manera que venga jarana y venga contagios. Y como eso, el resto de las Autonomías con sus respectivos gobiernos quitando y poniendo medidas según el barómetro de libertinaje que a cada cual conviene atribuir. Todo apresurado porque el turismo se nos iba de las manos y con las mismas se abrieron fronteras y los primeros turistas llegaron a Canarias como si fueran miembros del imperio austrohúngaro, eso sí, nadie de la Organización Mundial de la Salud ni de la clase política propia o foránea se dignó ponerse a prueba como lo hiciera en su día el señor Fraga Iribarne con su prestigioso Meyba y no menos reputado baño en las aguas mediterráneas de Palomares. Aquí no, el ciudadano, que siempre paga la cuenta, es quien se cree que hemos salido más fuertes porque alguien revestido de César lo proclama. Craso error, septiembre ha llegado con un caos debajo del brazo y nos espera lo que más atemoriza, que no es otra que lo incierto y el no saber ni en qué momento estamos ni a donde nos dirigimos.

Y llegado a este punto resulta que el hecho de estar informados de manera sectaria y en flujo constante es lo que dificulta el pensamiento convirtiendo la autonomía pensante en una totalitaria sumisión impuesta por el sistema ideológico que nos representa. Es decir, que nuestra capacidad de enfrentarnos a nuestro propio raciocinio es nula, tan solo la obediencia servil nos consuela por aquello de mal de muchos……., aún sabedores de estar siendo conducidos a través de una cañada real y que tal vez sea más nocivo el resultado del mal manejo de las medidas para combatir el Covid-19 que el virus en sí mismo, ya que éste es de baja mortalidad comparado con otras enfermedades epidémicas.

Y de nuevo somos el país de Europa líderes en aquello que mejor sabemos hacer, descontrol, mala gestión y vuelta a empezar con el mismo sainete de antes del verano, más contagios y más fallecidos. Y como dice el prestigioso cirujano doctor Cavadas: “No es posible que España, que no es el primer país en nada del mundo, seamos los primeros en mortalidad, en casos y en repercusión económica. Eso no puede ser casual”.

¿A dónde nos conduce toda esta soflama?, pues al principio de mi artículo cuando les hacía partícipes del desconocimiento real acerca del virus y sus consecuencias venideras. De manera que lo único que nos queda es el consuelo de una vacuna que venga a poner algo de orden; eso sí, siempre que el remedio no sea peor que la enfermedad y los efectos secundarios y demás daños reversibles o irreversibles no vengan a jodernos la vida para siempre. De momento se han suspendido los ensayos de la vacuna de Oxford al parecer por la “reacción adversa grave” de un voluntario y conviene recordar que precisamente en agosto la UE cerró un acuerdo con la farmacéutica sueco-británica AstraZeneca para asegurar la compra de 300 millones de dosis. Si esto es altamente preocupante la cosa se enturbia cuando centenares de médicos y profesionales de la salud de todo el mundo vienen firmando un comunicado alertando de que el Covid-19 es la mayor estafa sanitaria del siglo XXI. Total, que ahora mismo a ustedes y a mí nos tienen tasados a precio de ganga. Ya me dirán si no es para acogerse a la enmienda de “virgencita, virgencita, que me quede como estoy”.

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