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TRIBUNA

Allende y la “vía chilena al socialismo”

Alejandro San Francisco
viernes 11 de septiembre de 2020, 20:39h

El 4 de septiembre de 1970 Chile tuvo una de las elecciones presidenciales más importantes de su historia, cuando se enfrentaron el expresidente Jorge Alessandri, apoyado por la derecha; Radomiro Tomic, del gobernante Partido Demócrata Cristiano; y Salvador Allende, militante del Partido Socialista, que encabezaba la Unidad Popular, coalición en la que participaba el Partido Comunista y otras fuerzas de izquierda. Después de medio siglo, el tema sigue despertando interés.

En esa oportunidad los resultados favorecieron a Allende, quien obtuvo 1.070.334 votos (36,2%), frente los 1.031.159 (34,9%) de Alessandri y los 821.801 (27,8%) de Tomic. De acuerdo al sistema electoral vigente, ninguno de los tres candidatos resultó elegido, ya que la Constitución señalaba que si nadie obtenía la mayoría absoluta de los votos, el Congreso Nacional debía elegir entre las dos primeras mayorías relativas, es decir, entre Allende y Alessandri. Históricamente esa situación se había presentado en tres ocasiones, y todas esas oportunidades el Congreso Pleno había elegido a la primera mayoría relativa: al radical Gabriel González Videla en 1946 (que había logrado el 40% de los votos en los comicios), al exmilitar Carlos Ibáñez del Campo en 1952 (había obtenido el 46%) y al propio Jorge Alessandri (quien alcanzó el 32%, superando nada menos que al mismo Salvador Allende). Por esta razón, Allende aparecía con mejores posibilidad y de hecho se autoproclamó esa misma noche del 4 de septiembre como Presidente electo.

El ambiente político del país seguía esa tónica. Los partidarios de Allende partieron rápidamente a celebrar con una alegría contenida por décadas. La derecha y quienes temían el triunfo “del comunismo”, como se había repetido durante la campaña, vivían una mezcla de anonadamiento y temor, que se extendía por distintos lugares del país. La reacción internacional fue muy clara: Allende había ganado las elecciones y se iniciaba una nueva etapa en la historia de Chile. El embajador norteamericano Edward Korry la describió de esta manera: el país había decidido pasar de manera calmada a formar un Estado marxista por la vía electoral (FRUS, 1969-1973, Vol. XXI, Telegram From the Embassy in Chile to the Department of State, 5 de septiembre de 1970). En Cuba el dictador Fidel Castro celebraba, pero también en muchas democracias occidentales había una esperanza en la “vía chilena al socialismo”, como describía su proyecto la candidatura de la izquierda. El tema sigue concitando atención: solo en los últimos años se ha reeditado en España dos importantes obras del asesor del mandatario chileno, Joan Garcés, Allende y la experiencia chilena. Las armas de la política (Madrid, Siglo XXI, 2013) y El Estado y los problemas tácticos en el Gobierno de Salvador Allende (Madrid, Siglo XXI, 2018). Además Mario Amorós, gran conocedor de la historia chilena, publicó su trabajo Allende. La biografía (Barcelona, Ediciones B, 2013), muy favorable al gobernante. Aún así, queda mucho por estudiar y tratar de comprender el proceso político que vivió Chile en esos convulsionados años.

Entre el 4 de septiembre y el 3 de noviembre –fecha en que Salvador Allende asumió como Presidente de la República– Chile vivió días dramáticos y peligrosos, con intentos constitucionales o violentos para evitar que el socialismo llegara a gobernar el país. Se desató una crisis económica, hubo negociaciones abiertas y soterradas, Estados Unidos organizó distintas alternativas para impedir que Allende llegara a La Moneda e incluso fue asesinado el comandante en jefe del Ejército, general René Schneider. Finalmente, la Democracia Cristiana exigió a la Unidad Popular la aprobación de un Estatuto de Garantías Democráticas para votar por el líder socialista en el Congreso Pleno: el argumento precisaba la necesidad de fortalecer los derechos de las personas en la Constitución, con el objetivo de “precaver las más flagrantes violaciones a las normas de convivencia democrática en que suelen incurrir los regímenes políticos dominados por ciertos sectores totalitarios de inspiración marxista”, como afirmó el senador Patricio Aylwin, futuro presidente de Chile. El acuerdo se produjo y así se inició el gobierno de la Unidad Popular.

Al día siguiente de asumir, Allende precisó el sentido de la vía chilena en su primer discurso como Presidente: “Desde el punto de vista teórico-doctrinal, como socialistas que somos, tenemos muy presente cuáles son las fuerzas y los agentes del cambio histórico. Y, personalmente, sé muy bien, para decirlo en los términos textuales de Engels, que: ‘Puede concebirse la evolución pacífica de la vieja sociedad hacia la nueva, en los países donde la representación popular concentra en ella todo el poder, donde de acuerdo con la Constitución, se puede hacer lo que se desee, desde el momento en que se tiene tras de sí a la mayoría de la nación’. Y este es nuestro Chile. Aquí se cumple, por fin, la anticipación de Engels”. En la misma línea, sostuvo en su mensaje presidencial ante el Congreso Nacional, el 21 de mayo de 1971: “Como Rusia, entonces, Chile se encuentra ante la necesidad de iniciar una manera nueva de construir la sociedad socialista: la vía revolucionaria nuestra, la vía pluralista, anticipada por los clásicos del marxismo, pero jamás antes concretada. Los pensadores sociales han supuesto que los primeros en recorrerla serían naciones más desarrolladas, probablemente Italia y Francia, con sus poderosos partidos obreros de definición marxista... Chile es hoy la primera nación de la Tierra llamada a conformar el segundo modelo de transición a la sociedad socialista”.

Como sabemos, el camino no funcionó, por defectos de aplicación, intransigencias, oposición interna y externa, problemas de fondo en la concepción del proyecto, divisiones internas y, ciertamente, por el golpe militar del 11 de septiembre de 1973. El presidente Allende sostuvo en su último mensaje al país, desde las ondas de radio Magallanes, que “el capital foráneo, el imperialismo, unidos a la reacción, crearon el clima para que las Fuerzas Armadas rompieran su tradición”. Es evidente que era una despedida provocada por la fuerza, cuando los aviones pasaban sobre La Moneda, por lo que responde a esa circunstancia específica. Sin embargo, representaba en buena medida el pensamiento de la izquierda chilena e internacional de la época, que rechazaba la intervención de Estados Unidos en América Latina, así como rechazaba a los grupos oligárquicos y latifundistas, como les llamaba.

Se requiere hoy un análisis histórico más profundo, que logre explicar el fracaso de la “vía chilena al socialismo” precisamente en su complejidad y no con facilismos que no contribuyen a entender un tiempo histórico de Guerra Fría, revoluciones y golpes de Estado en el continente, luchas ideológicas y prácticas en que muchos daban la vida por una causa. En una obra reciente, de carácter colectivo, hemos procurado explicar la crisis de 1970-1973 de manera pluricausal, estimando que es una fórmula que ayuda a la comprensión del fenómeno y sus circunstancias (ver Alejandro San Francisco [Dirección general], José Manuel Castro, Milton Cortés, Myriam Duchens, Gonzalo Larios, Monserrat Risco, Alejandro San Francisco y Ángel Soto, Historia de Chile 1960-2010. Tomos 5 y 6. Las vías chilenas al socialismo. El gobierno de Salvador Allende (1970-1973), Santiago, CEUSS/Universidad San Sebastián, 2019).

Al respecto, se puede sostener que un primer factor decisivo fue la grave polarización política y el creciente odio en la sociedad; a ello se sumó la politización de las Fuerzas Armadas y la militarización de la política nacional; todo esto se daba dentro de una discordia institucional, que afectaba tanto al régimen político como a la Constitución; por otra parte, la violencia y el riesgo de la guerra civil eran temas que aparecían en la prensa y en el discurso público de manera cotidiana. Existe otro aspecto necesario de considerar, como era lo que podríamos llamar la inviabilidad histórica de la “vía chilena al socialismo”, bajo las condiciones específicas en que se desarrolló en esos años. No se cumplía, si seguimos el argumento del propio Allende, la premisa básica fijada por Engels: “la representación popular” no logró concentrar “todo el poder”, ni pudo hacer “de acuerdo con la Constitución, lo que se desee”, porque nunca pudo tener “tras de sí a la mayoría de la nación”. En la elección presidencial de 1970 Allende obtuvo el 36,2% de los votos, y en las elecciones parlamentarias de 1973 la oposición –la Democracia Cristiana más el Partido Nacional y otras fuerzas más pequeñas– obtuvo el 55% de los votos, contra el 43% de la Unidad Popular, minoría que le impedía avanzar.

Después de 1973, el aprendizaje político llevó a considerar que los grandes cambios requieren coaliciones políticas más amplias, y eso fue lo que tuvo en mente la oposición a Pinochet en los años siguientes, cuando actuaron unidos democratacristianos y socialistas, en otra etapa decisiva de la historia de Chile.

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