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PABLO IGLESIAS

sábado 12 de septiembre de 2020, 17:58h
Era 1968. Regresaba yo del exilio al que me envió el dictador Franco y al despachar en...
Luis María Anson, académico de la Real Academia Española y Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades, publicó este artículo en el diario El Mundo. Google lo reprodujo íntegramente y las redes sociales lo citaron incontables veces. El lector de El Imparcial lo podrá leer a continuación.


Era 1968. Regresaba yo del exilio al que me envió el dictador Franco y al despachar en Villa Giralda me dijo Don Juan: “Todas las informaciones que llegan a mi mesa me confirman que Marcelino Camacho es el verdadero líder del comunismo español y que se trata de una persona seria y decente. Está en la cárcel. Me gustaría que fueras a verle. Es un hombre al que me parece necesario integrar, no excluir”. Cumplí con el encargo del viejo Rey como mejor supe. Ya en la democracia, Camacho, que desde su independencia sindical organizó una huelga general contra Felipe González, abandonó su colaboración en El País y se vino conmigo a escribir sus artículos en el ABC verdadero. Su hija Yénia ha seguido los pasos del padre. El sindicato Comisiones Obreras puede estar satisfecho de contar en sus filas con una mujer tan inteligente, tan razonadora y constructiva, tan firme en sus ideales políticos y sindicales.

Con Pablo Iglesias habría que haber hecho lo mismo. Integrarle, en lugar de excluirle. Comprendo que desde la muerte del dictador han pasado 45 años y una parte de las nuevas generaciones, ajena a lo que significó la dictadura, en lugar de consolidar la España de la concordia y la conciliación, se pelea a garrotazos recreando las dos Españas y ese aliento cainita que ha cadaverizado en demasiadas ocasiones a nuestra sociedad.

Iglesias, de cuya ideología política discrepo sustancialmente, defiende con todo derecho aquello que piensa. Nunca ha engañado a nadie, a diferencia de Sánchez. Es un profesor universitario dotado de un notable equipaje cultural. Su éxito se ha fragilizado en los últimos meses, pero en solo unos años pasó de la manifestación callejera a la vicepresidencia del Gobierno, conquistando millones de votos.

Soporta ahora Iglesias una campaña de linchamiento público y, además, el acoso prolongado a su vivienda, que no es un casoplón sino un chalecito de clase media y a 40 kilómetros de Madrid. Escribo estas líneas para manifestar mi desacuerdo, no con que se produzcan manifestaciones en su contra, sino con el escrache prolongado hasta la náusea que su familia está padeciendo. La violencia no es el camino. El espíritu de la Transición se ha desmoronado. Caminamos hacia una España diferente. Ojalá que las nuevas generaciones la construyan sobre la concordia y la libertad y no sobre la violencia y la imposición.