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Novela

Pascal Quignard: La respuesta a Lord Chandos

domingo 13 de septiembre de 2020, 19:28h
Pascal Quignard: La respuesta a Lord Chandos

Traducción de Ester Quirós Damiá. Shangrila Swamm. 2020. 72 páginas. 17 €.

Por Francisco Estévez

El testigo final de toda una época que fue Hugo von Hofmannsthal dejó un famoso testimonio de la crisis estética y vital simbolizada en una ansiosa y profunda crisis del lenguaje que vertebró el siglo XX casi al completo: La carta de Lord Philipp Chandos a Sir Francis Bacon (1902), texto central para entender el trasvase de épocas donde Hofmannsthal proyectaba su propia sombra en la vida de un prometedor poeta del siglo XVI refugiado en el campo quien escribe al notorio filósofo una carta donde explica la imposibilidad del lenguaje para expresar la realidad circundante y su renuncia al arte. Hofmannsthal proponía a Lord Chandos como símbolo de ese mal de fin de siécle. Embriagado de aquella atmósfera José Martínez Ruíz, es decir, el futuro Azorín (y en esa confusión de ambas personalidades siguen todavía algunos), resumió magistralmente el clima de hiperestesia y afasia que afectó de manera crucial a la literatura europea por entero en La voluntad (1902): “Lo que hace falta son diez, veinte, cuarenta sensaciones”, suficientes para ofrecer la impresión de una vida que ya se reconocía “diversa, multiforme, ondulante, contradictoria”.

En otra novela de 1902: Camino de perfección, Pio Baroja condensaba el problema principal: “La realidad de afuera no existe; tiene la realidad que yo le quiero dar”. Y ya por citar a otro de los renovadores narrativos de 1902, Miguel de Unamuno despliega el radical matiz apreciado entre la soledad, siempre impuesta, y la solitariedad, elección consciente o voluntad del individuo que opta por la soledad pues en ella encuentra el lugar propicio para la meditación o la creación. A pesar de su oprimente poder, la primera es siempre adjetiva, sin embargo, la segunda es condición sustantiva. En este sentido Quignard apunta “La libertad, tal como la entiende Emily Brontë, no es un estado [...]. Es la preservación del aislamiento personal originario”.

En nuestra tierra el texto de Hugo von Hofmannsthal ha tenido variada respuesta en el volumen Una carta (de lord Phillipp Chandos a Sir Francis Bacon) -seguido de seis respuestas de: José Luis Pardo, Stefan Hertmans, Clément Rosset, Esperanza López Parada, Hugo Mújica y Abraham Gragera (2008, Pre-Textos). Pero, finalmente, es la maestría de Pascal Quignard, desprendida de la esclavitud del preciosismo y quintaesenciada ya su escritura sin apenas trama, dependiente solo de su propio fluir, quien se lleva gato al agua. El propósito del autor es devolver a Hugo von Hofmannsthal “Fragmento por fragmento. Sexo por sexo. Desgarro por desgarro. Carta por Carta”, puesto que el francés entró en fuerte depresión tras la lectura de la carta original en 1978. La habitual concentración del símbolo en Quignard, comienza aquí desde la significativa fecha que otorga a La respuesta a Lord Chandos, por parte de Francis Bacon, el 23 de abril de 1605, que, como ha visto el fino Joan Flores Constans, cuenta de forma dúplice con dos referencias a Miguel de Cervantes (el año de publicación de la primera parte de El Quijote combinada con la fecha de la muerte de Cervantes).

La lírica y espléndida introducción del texto nos conduce a través de las manos ocultas de Emily Brontë y las pelucas sudadas de realidad de Georg Händel, que sustentan toda una poética de la corporalidad que pudiera conducir al materialismo especulativo, hasta la redacción de la propia carta. La misiva incluye las maneras típicas del francés como la puntuación desautomatizada pero siempre más expresiva en la ruptura de las convenciones lectoras, la transparente adjetivación (valga de ejemplo el comentario sobre el sueño sonoro de Händel: “necesitaba concentrarse completa, panorámica, dolorosamente en la composición de esas grandes obras musicales”, etc. Quignard o, por mejor decir, Bacon valora la carta de Lord Chandos en lo que tiene de grito, en su forma, diríamos, como símbolo más que en su contenido. Primero ahonda en la gravedad del silencio frente a la lengua, “contra la que se opone” el poeta inglés; silencio que se erige hoy día como plausible solución para varias de las pandemias que asolan nuestra sociedad: la pandemia de necios, la de opinólogos, el coronavirus...

Quignard se alinea en este sentido a la propuesta de Emilio Lledó en El silencio de la escritura (1991, ampliado y revisado en 2016). Pero bien sabe el francés que la belleza contiene siempre algo “que se retira de la realidad”, el “reposo del lenguaje”, esa “ilusión del silencio”, representa a la postre otra máscara, una “fuga imposible… del diálogo”. De tal modo aboga por algo más valioso que ese silencio, un mundo anterior al lenguaje. La lengua debe limpiarse, necesita un ayuno encarnado precisamente por la escritura y no por su ausencia: “Solo la lengua escrita con sumo esmero posee el poder desplazarse más allá de la muerte. Y considera a los escritores como aquellos que “datan de su infancia tardía” al disponer del tiempo necesario para “revitalizar, reetimologizar, reestructurar, corregir, detectar”. En fin, para nuestro autor “la subjetividad no es más que melancolía” y por ello Lord Chandos debiera canalizar esa bilis en el esfuerzo por decir, por escribir, por “luchar con este fracaso para nombrar el mundo perdido”. La conflictiva relación entre “realidad y deseo”, afirma Quignard en clave de biografía espiritual alineándose con Luis Cernuda.

Hay un resumen de la poética actual del escritor francés aquí dicha en sus propias palabras y que podría ser la forma en que explora “esos cortocircuitos entre los lugares y las épocas…, igual que los gatos se deleitan ante los tragaluces, las grietas, las vigas transversales de los techos, entre chimeneas y canalones”. En suma, Pascal Quignard viene a sumarse junto al Claudio Magris de La herrumbre de los signos, como uno de los grandes comentadores de una pieza vertebral de la modernidad. Desde un lado más creativo e introspectivo (sin renunciar al profundo calado del pensamiento y la erudición), más literatura si cabe, pura escritura ya, La respuesta a Lord Chandos se erige como texto de referencia desde su nacimiento. En su maestría, Pascal Quignard representa hoy por hoy una de las cimas de la escritura occidental actual.

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