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TRIBUNA

This is the end. The Doors

martes 15 de septiembre de 2020, 20:03h

De este modo y manera y con tal creo -porque no voy a volver a atrás por acertar mis palabras- di comienzo a estos artículos juguetones tiempo ha -el tiempo no existe, lo que existe es la luz en cuartos del tiempo-, hojas de verano, virus de un tiempo que doy aquí por acabados. En favor, quede por presupuesto, por aquellas vuestras mercedes que se hubiesen sentido diríamos por bien decir que algo en desconcierto, lo cual es lo mejor que le puede acaecer a quien algo escribe -en el caso de uno, tinta- en este país tan relleno de milhombres o de industrias en las que se facturan zancadillas para zascandiles como es el caso mío.

La política ha desaparecido. Nos ropeamos en el guardarropías de la economía, la cual es un tegumento. ¿Tegumento? ¿Qué se procura sutilmente barnizar con este palabro con tantísimos miles de posibles significados? Se ha de suponer que, en mientras alguien haya tenido a bien parir la lectura de estos pergaminos amarillos, no exista duda por rejuntar significante y significación. ¡Tus, tus¡

Que las armas y las letras poco saben de abalorios, pues que no hay más distintos linajes por los que hacer o decir. Al fin y al fin, todos y todas somos ese imperio contradividido entre actores, reos, jueces, pasantes que pasan de todo, relatores, alguaciles o alguacilados. Y al fin y al fin; esto es, This Is The End, como la voz de Jim Morrison nos romanceó poco antes de jartarse de anfetas y alcohol y acabar en una bañera de París a los 27, fiambre en su fiambrera de un tiempo que fue y que sigue siendo el de hoy.

Este es el final, hermoso amigo. Este es el final, mi único amigo, el final…

Empero, no seamos excesivamente españolazos. Que no, que no. Que éste no es el final. Ya les gustara a los trasudores del miedo. Estos personajes que han instalado la psicosis colectiva como pegamento por rasurar todo atisbo de esperanza combaten en compromiso desde la albada hasta que acaban estos programas televisivos en donde los tertulianos nos tienen hasta las tantas con sus tijeras de conquista, clámide romana, ventas de tramusos y otros cadáveres bien pagados. En mientras, la luz no se apaga, sombreando la estupidez de la naturaleza humana. Una luz que no es la nuestra, la tuya, amor, que acaso esto leas. Luz dentro de la luz que a tantas y tantos nos alumbra y nos entiende. La luz está en su nombre escrita, dijo el poeta. O algo así. Qué más da.

Que la chica de ayer es bien conocedora de toda música de fondo, pues que toda canción puede nacionalizarse al revés, o, por decirlo con palabras de la economía expansiva, aconsejar una transferencia de lo privado hacia lo público. Es decir, como señala Karl Korsch a la hora de denunciar la tan afamada Ley del Valor: La falta de plan dada con la forma fetichista de producción de mercancías en la economía capitalista no es alterada por ello. Más bien queda así abolida la única forma en que en el capitalismo estaba hasta ahora “socializada” la producción en su conjunto, la única “organización del trabajo” posible en el capitalismo. Lo que a lo más o a lo menos nos viene a significar -y la chica de hoy lo sabe- que el tiempo de trabajo socialmente necesario para su producción se impone violentamente como ley natural reguladora, más o menos como se impone la ley de la gravedad cuando se le cae a uno la Torre Trump encima.

De ahí que continuemos con la letra de Jim Morrison –más que más por comprender lo que este amor de mi amor vecinda en tanto y cuanto a toda economía e innovación, la cual hombrea sobre este mundo que sólo puede observarse tal y como lo soñó la Reina del Desierto según vi en la película del otro día. Ella murió en 1926 y está enterrada en Bagdag.

Hay peligro a las afueras (al borde) de la ciudad, recorre la autopista del Rey, nena, extrañas escenas dentro de la mina de oro, recorre la autopista hacia el oeste, nena. Monta la serpiente, monta la serpiente, al lago, al antiguo lago, nena. La serpiente es larga, siete millas. Monta la serpiente…

Lo que les falta a estos caballeros que continúan recorriendo la autopista del Rey no otra cosa es sino la dialéctica. Arte magna del homo sapiens para arribar a acuerdos, consensos, interacciones, novísimas constituciones globales y tantos largos etcéteras.

Porque de modo otro es que sucede que, nos gritan desde The Doors, este es el final mi único amigo, el final. De nuestros elaborados planes, el final, de todo lo que permanece en pie, el final. No más seguridad o sorpresa, el final. Nunca te miraré a los ojos… de nuevo. Puedes imaginarte lo que será, tan ilimitado y libre. Necesitando desesperadamente la mano de un extraño en una tierra desesperada…

Mas ya decíamos, digo, dices, que la luz está escrita en su nombre, cambiando ahora el orden de las palabras del poeta cuyo nombre en estos momentos no recuerdo. En efeto, el feto de la tan urgente existencia que asoma ya por los crepúsculos es alegre y cantautor, libérrimo y ardientemente optimista. De ahí que siempre nos sorprenda este optimismo de la belleza en su vida desértica. Somos remedos de la pólvora que, menuda, negra, junta y apretada, toma fuerza inmensa y velocidad de la estrechura.

La aventura del ser humano casi siempre ha sido la causante del cambio entendido como exploración primero de sí mismo y luego a luego de los demás. Es, en tal, esta exploración óptica y optical la que reside en el arcoíris de los ojos del hombre que ya está llegando besando a la chica de ayer.

Por modo y manera que asistamos a la reivindicación en estas décadas que viene de la exploración como aventura del pensar frente a la explotación causada por esta desventura del malpensar. Un pensamiento único ya es un mal pensamiento. Saquen ustedes las conclusiones, que yo me voy a otra contienda en esta tienda que es la escritura.

Y en esta tienda vendemos naranjas, limones, trompetillas de maría, castañas asadas, pendejos, churros en vez estos operados cojones, loterías de la alegría innata, nena, recorre la autopista hacia el oeste, nothings gonna change my world, cantaba Lennon, jai guru deva om. Que vendemos de todo, nenas y nenes, niños y ancianos, hombres de bien y mujeres empoderadas desde siglos hace, por ejemplo, Safo y sus poemas, de todo, señoritas del shoping, para vosotras también, abrigos de bisonte mas con una hostia de Rocinante, os lo juramos por Snoopy, que estos quijotes y sanchos amantes de buenos modales os convienen.

¿Quién da más? Aquí estamos los gitanos, los nuevos Lutes, los negros pisoteados por todas las policías del entero mundo, los chaperos, lechesagrias, que también derecho trajinan con los falos de los señoritos. Al rico barquillo de canela para el nene y la nena; son coco y valen poco; son de mente y alimentan; de vainilla ¡qué maravilla¡ Y de limón, ¡qué ricos¡, ¡qué ricos que son¡

Por fin han ladrado: ¡qué ricos son¡, ¡las madres que los malparió¡, estos caballeretes billonarios que abalanzan repúblicas a cambio de las suyas prostitutas, niñas compradas, narcotráfico, paraísos fiscales en los que no hay fiscales que los manden al Ártico, un decir.

Usemos para este desmadre las palabras castellanas antiguas de quienes sufrieron destierro, inquisiciones, olvidos, apaleamientos, cárceles y misterios: como tú, marrano infernal, con esas cuatro proposiciones que has ladrado. Perro, las monarquías, con las costumbres que se fabrican, se mantienen. Siempre las han adquirido capitanes; siempre las han corrompido bachilleres…. Alternemos el concepto monarquía por este esotro: oligarquía. Y nos sale del chiste que estos actuales monarcas son los actuales capitanes del neocapitalismo globalizado que olvidaron las más dulces prendas por el humano halladas: la salud pública, la educación gratuita universal, la benignidad de todo lo que tenga que ver con lo societario, el gran prelado de los pueblos juntos en armónica palabra de cualquiera color y tantos etcéteras que en esta tienda no caben.

Tornemos a la tumba de Jim Morrison y auscultemos aquellas galernas que le salieron y que están aquí, con vosotras y nosotros, con la chica de ayer, pues Jim leyó a Rimbaud y a…, en fin: quien controla los medios de comunicación, controla las mentes. Si mi poesía intenta algo, es liberar a la gente de sus límites para ver y sentir. Hay cosas conocidas y cosas desconocidas, y en medio están The Doors. Un amigo es aquel que te da la libertad de ser tú mismo…

Y se acabó este gran teatro del mundo. Intenta decir uno que cierra las ventanillas y las puertas de esta la mía escritura no sé si para bien de pocos o para mal de muchos. Ni solicito perdón por lo aquí, con pluma de ave y tinta chorreante, relatado ni virtud busco con estos mis jumentos juguetones.

Reconozco, como por otra parte acostumbro, que hay mucho de mí tan lejos de mí; si al caso, que cada cual piense lo que piense y cada loco con su tema. Pues que uno también prefiere un bombero que a un bombardeo o al alfarero de Capdepera que al vigía de Occidente.

Y estas mis últimas palabras mías no suenan, sino del que esto leo acierte y concierne y averigüe, pues que la literatura juego es y, por tal, todas las cartas ahí se desparraman sobre esta mesa que ha procurado ser este viaje por el mundo por de dentro y las Horas de Todos.

Esto no es una despedida, sino el invento boticario de mi corazón al desnudo.

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