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TRIBUNA

El oro a Moscú

martes 15 de septiembre de 2020, 20:04h

El día 14 de septiembre de 1936, los que se encontraban por alguna razón en las proximidades de las madrileñas plazas de Cibeles y de Neptuno, o los que vivían en el Paseo del Prado, fueron sorprendidos, a las doce de la noche, por un ruidoso y abrumador ronquido de los coches de gran tonelaje que, formando un largo convoy, atravesaban el Paseo del Prado en dirección a la estación de Mediodía (Atocha).

Los furgones eran cubiertos y no se podía apreciar lo que estaban transportando estos enormes autos paramilitares aquella noche en un Madrid en plena guerra civil, cercado por las tropas sublevadas contra el gobierno republicano bajo el mando del general Francisco Franco.

Estos camiones-furgones podían transportar cualquier material de guerra: municiones, armas de fuego de diferente calibre, explosivos, incluso alimentos, del que tanto necesitaban los soldados republicanos que estaban defendiendo Madrid en el frente situado a unos 15-20 kilómetros del Paseo del Prado.

Pero no fue el material de guerra que estaban llevando en sus panzas los sellados furgones militares. Ellos transportaban algo mucho más valioso que cualquier artilugio militar y no sólo militar.

Era el oro. La verdad es que el oro estaba embalado en las cajas que normalmente servían para guardar las municiones, así que para cualquiera que no lo supiera la carga parecía a un habitual pertrecho militar. Pero era el oro. El oro de las reservas del Banco de España, de cuyas puertas, que daban al Paseo del Prado, estaban saliendo los camiones repletos del tesoro nacional español.

Así empezó, justo hace 84 años, una de las más fascinantes historias de la “fuga” del oro de un país al otro, en este caso de España a la Unión Soviética, la historia del “oro de Moscú”.

Sobre ella hay muchos rumores, anécdotas, chismes y pocas publicaciones fidedignas, ya que en su momento al Gobierno republicano no le interesaba dar la publicidad a un auténtico expolio del tesoro nacional para su provecho y beneficio. Y la parte receptora – la URSS, tampoco estaba interesada en que se supiera que su “ayuda solidaria al pueblo hermano español que estaba luchando contra el fascismo mundial” tenía el precio de 500 toneladas del mejor oro equivalente a los 500 millones de dólares USA, una suma fabulosa para aquellos tiempos. Este fue el precio, aparte de los cientos de miles de muertos por ambos “bandos” que había pagado el pueblo español por su guerra fratricida.

Yo hice una minuciosa investigación de esta historia “dorada” y escribí dos libros sobre el tema en forma de novelas, bajo el título común “Hasta el último maravedí” y con los subtítulos del primer libro: “Las orejas del oro” y del segundo: “La apertura española”. En estos dos volúmenes estoy dando una exhaustiva versión con todo tipo de detalles, algunos son poco conocidos hasta hoy día, sobre las peripecias del traslado del oro español a 4.000 kilómetros de su cuna en Banco de España hasta su nuevo albergue en el Banco de Estado soviético (“Gosbank”) en Moscú.

Desafortunadamente, estos dos libros no han tenido amplía difusión ya que fueron publicados por medio de una especie de “autoedición”, con una tirada mínima, por razones puramente económicas, ya que a todas las importantes editoriales a las que he ofrecido mi obra no quisieron publicarla. Por lo visto, algún tipo de “tabú” sigue rodeando esta fabulosa en todos los sentidos historia del oro español convertido en el “oro de Moscú”.

Si a alguien que leyese este artículo y estuviese relacionado con el mundo editorial, le interese a descubrir los “secretos” de esta historia, estoy dispuesto a reeditar mi obra para que más gente pudiera conocerla mejor y con más detalles escondidas hasta ahora.

En mi versión el “oro de Moscú” fue una operación de los servicios secretos de Stalin que ejecutaron su idea de “captar” las reservas del oro español como garantía de pago de toda la ayuda que el gobierno bolchevique estaba planeando a prestar al gobierno social-comunista republicano.

Además, el “Caudillo” rojo no estaba muy seguro de la victoria republicana en su pugna con los sublevados “nacionales”. Stalin quería asegurar que la ayuda no resultase “gratuita” y una gran pérdida para las arcas de la URSS, que entonces ya se estaba preparando para la nueva Guerra Mundial. El seguidor del Lenin verdadero no confiaba mucho del “Lenin español” – el apodo de Largo Caballero, el entonces presidente del Gobierno socialista español – y exigía un pago por adelantado. Todo lo contrario al del Führer alemán que daba más “crédito” a su aliado español.

Aprovechando este artículo quisiera resaltar y dar a conocer a los lectores de “El Imparcial” los acontecimientos más importantes de esta odisea “dorada”, que fueron totalmente reales y son perfectamente documentados:

Las reservas del oro del Banco de España fueron enviadas a la Unión Soviética por la decisión del Gobierno republicano bajo el protagonismo personal del Presidente del Gobierno, Largo Caballero, y el entonces ministro de Hacienda, Juan Negrín, fuertemente influenciado por el agente secreto soviético, Artur Stashévski (el Agregado Comercial de la Embajada soviética en Madrid), íntimo amigo suyo, que formaba parte de una red de espionaje montada por la NKVD en España. Otro agente, Alexander Orlov, el cabecilla de esta red, fue designado por Stalin para ejecutar la “operación oro”.

Antes de enviarse el oro del Banco de España a la Unión Soviética, éste fue sacado de Madrid y depositado en los antiguos polvorines de La Algameca de la Base Naval de Cartagena, una operación dirigida por el propio Alexnader Orlov.

La razón del traslado del oro desde Madrid a Cartagena fue la inseguridad, creada alrededor de la capital española, prácticamente asediada por las tropas del general Franco, que quería cuanto antes tomar la capital española y acabar con la guerra civil. También existían planes de un asalto al Banco de España – para requisar el oro – por las fuerzas radicales de la izquierda, especialmente de los anarquistas.

Durante el traslado de las 7.800 cajas con el oro desde los polvorines de La Algameca hasta el puerto de Cartagena para su embarque, los convoyes de los camiones, que realizaban el transporte, fueron sometidos a un bombardeo por la aviación de los “nacionales”.

El traslado de las cajas con el oro, desde el depósito en La Algameca hasta el puerto de Cartagena, fue realizado por los tanquistas soviéticos – ellos se encontraban en España en el marco de la ayuda militar soviética al Gobierno republicano – en dos decenas de camiones de alto tonelaje. La operación del traslado y del embarque fue dirigida por el jefe del espionaje soviético en España, anteriormente mencionado.

El oro del Banco de España fue embarcado en cuatro buques mercantes soviéticos “Kim”, “Kubañ”, “Neva” y “Volgoles” y llevado desde el puerto de Cartagena, en la costa mediterránea española, al puerto soviético de Odessa (en Ucrania), en el Mar Negro. Tres de los cuatro barcos atracaron en los muelles de Odessa durante el día 2 de noviembre de 1936, y el cuatro, el “Kubañ”, llegó dos días y medio más tarde, debido a una importante avería ocurrida en la sala de máquinas. Luego se especuló sobre si había sido un sabotaje por parte de algún miembro de la tripulación – la Unión Soviética empezaba a vivir los años de la psicosis de la lucha contra los “enemigos del pueblo”, de las acusaciones por parte de las autoridades soviéticas del sabotaje y de la contrarrevolución contra todas las capas de la población, incluido el propio partido bolchevique; se avecinaban los años de las grandes “purgas” que estremecerían al país en toda su extensión. Los años de las represalias y del terror del Estado contra sus ciudadanos de unas dimensiones jamás vistas en la historia de la humanidad.

De los planes del traslado del oro español a la Unión Soviética se enteraron los servicios de espionaje de las principales potencias europeas del momento, como Alemania, Italia, Francia e Inglaterra, así como los servicios de inteligencia militar del general Franco.

En cada barco que llevaba el oro español estaba presente un representante (clavero) del Banco de España, designado para acompañar la valiosa mercancía por el Director General del Tesoro del Ministerio de Hacienda, Francisco Méndez Aspe, quien dirigía la operación de traslado del oro español a la Unión Soviética por el encargo explícito del ministro Negrín.

Stalin estaba personalmente interesado en que el oro español fuera llevado a la Unión Soviética para su “custodia segura” y dio órdenes expresas al embajador soviético en Madrid, Marsel Rósenberg, y al jefe de la red de espionaje de la NKVD, Alexander Orlov – “residente” en España – , para que convencieran de ello al Gobierno republicano.

El oro español llegó a Moscú a principios de noviembre del 1936, y las autoridades soviéticas tardaron tres meses en hacer efectivo el depósito, para que el Gobierno republicano pudiera efectuar las compras del material militar, alimentario y de todo tipo tanto en la URSS como en otros países.

Fue descubierta, a posteriori, por el agente soviético que dirigía la operación del traslado y el embarque del oro español, una diferencia de 100 cajas con el apreciado metal, entre el número de las cajas que fueron embarcadas en los buques soviéticos y el de las cajas que registraron los ayudantes del agente durante la expedición de las mismas desde el polvorín de La Algameca para su embarque en los buques soviéticos, atracados en el puerto de Cartagena.

Las 7.800 cajas con el oro español, después de una travesía de 9 días, llegaron sanas y salvas al puerto de Odessa, y de allí, en un tren especial, fueron llevadas a Moscú a los almacenes del Gojran (del Gosbank).

El embajador español en Moscú, Marcelino Pascua, no sabía nada sobre la salida de las reservas del oro del Banco de España con destino a La Unión Soviética, hasta que el valioso cargamento no llegó al territorio soviético.

Marcelino Pascua fue recibido por Stalin después de que el oro español se encontrara en el depósito del Gojran en Moscú. También el embajador español hizo una serie de gestiones ante el primer ministro soviético, Viachesláv Mólotov; narkom (ministro) de Exteriores, Max Litvínov, y el narkom (ministro) de la Defensa, Kliment Voroshílov, y otros altos cargos del Gobierno de la URSS, en relación con la utilización del oro español para los suministros del material militar por parte de la Unión Soviética a la República Española.

Stalin personalmente visitó las dependencias del Gojran para “palpar” el oro traído de España. Es la suya la frase: ”Los españoles jamás volverán a ver su oro como uno jamás podrá ver sus propias orejas”.

Después de haber recibido el oro español, la parte soviética empezó a enviar a España una masiva y sustancial ayuda militar – en armamento y en efectivos humanos –, que resultó decisiva para que la República pudiera resistir ante las tropas sublevadas del general Franco durante casi tres años de la guerra civil.

Cuando el oro del Banco de España ya se encontraba en los depósitos del Gojran en Moscú, la prensa española cercana al gobierno, incluida la comunista, seguía insistiendo en que el oro no había salido de España, como lo aseguraba la nota de la agencia gubernamental “Cosmos” del 20 de enero de 1937.

Los cuatro claveros españoles fueron retenidos en Moscú hasta octubre de 1938, y a duras penas consiguieron el permiso de las autoridades soviéticas para abandonar Rusia, cada uno por separado, con destinos totalmente diferentes: Estocolmo, Washington, Buenos Aires y Méjico.

Resumiendo: ¿Para qué sirvió el “Oro de Moscú”?

El oro enviado a la Unión Soviética sirvió al Gobierno republicano para sufragar generosamente todos los gastos que supuso la “ayuda fraternal y solidaria” de Stalin al “hermano pueblo español en su lucha contra el fascismo internacional”. En menos de dos años de la guerra civil española, el depósito del oro, valorado en más de 500 millones de dólares americanos, fue totalmente agotado, pasando el oro español a formar parte de las reservas del Banco de Estado soviético (GOSBANK), convirtiéndose, de esa forma, en el “Oro de Moscú”.

Pero el sustancioso suministro del material militar, de los efectivos humanos, de provisiones de todo tipo, efectuado por la Unión Soviética a España, en el periodo agosto de 1936 - marzo de 1939, no ayudó a la República a ganar la guerra civil y aplastar el levantamiento militar franquista. Y la causa principal no fue la supremacía militar del bando “nacional”, ni mucho menos.

El minucioso análisis histórico demuestra que la República Española, con la llegada al poder del Frente Popular, estaba condenada al fracaso por una serie de factores políticos, económicos, históricos, culturales, sociales, nacionales y de otra índole. El extremismo ideológico; el odio social; el exterminio físico del oponente; la ignorancia de un pueblo, fácilmente manipulable por las ideologías totalmente opuestas; la incapacidad de la clase política y de sus seguidores para crear un clima de convivencia y de dialogo constructivo dentro de un Estado plural y democrático. Todo esto hizo reventar a la República desde dentro, propició el levantamiento militar y el estallido en una guerra fratricida.

El oro de las reservas del Banco de España sólo prolongó la agonía de la República, después de haberse producido el golpe militar. El oro, que en su día había llevado al Imperio Español a las cumbres del poderío y de la grandeza, este mismo oro, en los años 1936-1939, contribuyó, en gran medida, a llevar a España a la destrucción y una miseria humana sin precedentes en la historia del país ibérico.

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