La mayor rivalidad de la historia del tenis vivió este domingo otro capítulo. El español ganó y empató con Roger Federer su registro de 20 Grand Slam.
Final del partido: Nadal gana su decimotercer Roland Garros.
Final del tercer set (5-7)
5-7. Nadal se proclama campeón con un turno saque en blanco.
5-6. El español consigue un break decisivo y sacará para ganar Roland Garros.
5-5. Rafael empata de nuevo, empastando la intensidad de su contrincante.
5-4. Novak saca su jerarquía para neutralizar una bola de rotura y seguir mandando.
4-4. Nadal se defiende ante un rival lanzado.
4-3. El tenista eslavo saca su mejor versión para ponerse por delante.
3-3. Sin red, con todo perdido, Djokovic suelta el brazo y emboca su primera rotura de la final.
2-3. Se desploma la confianza del serbio, que cede su saque en blanco.
2-2. Rafael amortiza un error ajeno para superar la primera encerrona sobre su servicio.
2-1. 'Nole' salva una bola de rotura y sigue por delante.
1-1. Nadal esquiva al arreón rival y empata.
1-0. Contra las cuerdas, Djokovic saca el orgullo.
Comienza el tercer set.
Final del segundo set (6-2)
2-6. El manacorí pone el lazo al segundo parcial y se allana la senda hacia el triunfo.
2-5. Cuando se cruza la hora y media de final, Djokovic gana su segundo juego.
1-5. Recital de Nadal, que se escapa con un juego en blanco.
1-4. Novak solloza ante su falta de respuestas. Otro break para el español.
1-3. El balear aguanta, confirma la rotura y recupera el colchón.
1-2. Rafael vuelve a hacer daño a un balcánico desesperado. Nuevo break.
1-1. Nadal escapa de la presión y empata.
1-0. Djokovic sufre de lo lindo, salva tres bolas de rotura, pero gana su primer juego de la final.
Comienza el segundo set.
Final del primer set (6-0)
0-6. Impecable defensa del balear, que acabó por frustrar al balcánico.
0-5. El astro español levanta un 40-0 y vuelve a romper el servicio ajeno.
0-4. Nadal salva tres bolas de break y sella el punto con un 'ace'.
0-3. Dudas en el serbio y nueva rotura del español.
0-2. Confirma el break Rafael, que escapa del resto de 'Nole'.
0-1. Nadal empieza rompiendo el saque a un Djokovic algo tenso.
Comienza el primer set.
Empieza la final
15:07 - Se desarrolla el calentamiento previo al inicio del partido.
15:04 - Los jugadores salen a la cancha tras la presentación oficial.
14:55 - Amenaza lluvia y se comienza a techar la pista Philippe Chatrier.
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Desde que Roland Garros atravesó las dificultades de un año de pandemia para fijar sus fechas en el otoño parisiense, con el consiguiente abanico de novedades, el mundo sabía que una cosa era inmutable: la final entre el serbio Novak Djokovic y el español Rafael Nadal era el duelo más esperado. Los dos mejores tenistas del momento cruzarán sus raquetas este domingo en un nuevo episodio del desafío más repetido de la historia, deseoso uno de hacer valer su jerarquía de líder del ránking y el otro de conservar su hegemonía sobre la tierra batida.
Un Djokovic-Nadal, el número 56, el octavo en Roland Garros, el noveno en una final de un grande, el 24 sobre arcilla, nada mejor puede proponer el tenis actual que, si acaso, aprovechando los resquicios del Covid-19, le ha añadido al duelo algunos alicientes para que sea más incierto su resultado. Porque este nuevo duelo no tiene el aire de "déjà vu" que se podía suponer, tendrá lugar en un contexto totalmente diferente a todos los anteriores, sin parangón con ningún otro que se haya disputado en el pasado.
Si en circunstancias normales el favoritismo del español, que busca su decimotercer título en Roland Garros y que solo ha perdido dos partidos en ese escenario, sería casi incuestionable, las condiciones meteorológicas de octubre equilibran la contienda. Picante para el español, que busca su triunfo 100 en la tierra batida parisiense y el vigésimo Grand Slam de su palmarés, que le iguale con el suizo Roger Federer.
Nadal tiene ante sí un nuevo reto, uno más en la carrera de un tenista que ha ido superando a base de tesón todos los obstáculos que se le atribuían y que él ha ido convirtiendo en metas para seguir progresando. Se le suponía un jugador solo de tierra y ganó todos los Grand Slam y ahora tendrá que hacerlo en condiciones adversas, con temperaturas bajas, elevada humedad en el ambiente y una bola que rebota menos, lo que atenúa la agresividad de los efectos de los trallazos que salen de su brazo izquierdo.
En definitiva, Nadal tiene que volver a ganar con las alas cortadas, como si el destino hubiera querido poner un lastre al español para atenuar su superioridad en Roland Garros. Pero esa es, justo, su concepción del tenis, aprender, mejorar adaptarse al medio. A falta de poder dominar los elementos, Nadal se ha convertido en el mejor especialista del mundo en navegar por sus recovecos y utilizarlos, siempre que sea posible, a su favor.
Con esa receta, que no ha parado de repetir desde que aterrizó en la otoñal capital francesa, el número 2 del mundo que, venía solo con tres partidos en sus alforjas tras seis meses de parón por el confinamiento, se ha plantado en la final sin perder un set, cada partido un poco mejor que el anterior, tal y como figuraba en su hoja de ruta inicial. Y ahora, en ese escalón en el que nunca ha perdido, tiene de nuevo que domesticar el entorno contra un rival encantado de que el clima le conceda ventaja, que la bola se eleve menos para que su brazo derecho pueda atajarla antes y convertirla en misiles contra la línea de flotación enemiga.
Ahí reside la esperanza del serbio, que llegó a París con la cicatriz todavía abierta de su descalificación en el Abierto de Estados Unidos, donde le esperaba su 18 Grand Slam que quedó aplazado por un pelotazo rocambolesco a una juez delínea, la única derrota que figura en su casillero en sus 38 duelos de 2020. Djokovic, asentado en el trono del tenis, seguro de salir número 1 pase lo que pase en la Philippe Chatrier, pelea contra el pasado, contra un rival que le ha ganado 17 de los 24 duelos en tierra batida, 5 de las 8 finales de Grand Slam, seis de los 7 duelos en Roland Garros.
Eso no valdrá nada cuando salte para disputar su quinta final en París, la tercera contra su "mejor enemigo", en busca de levantar una segunda Copa de Mosqueteros, un aliciente suplementario para su ambición, porque en el banco de Roland Garros es donde menos crédito tiene su juego.
El serbio no conoce fronteras, gana en todas las superficies y antes de Roland Garros se hizo en la tierra batida de Roma con su Masters 1.000 número 36 para superar en uno a Nadal. Su camino a la final ha sido más tortuoso, con un set cedido en cuartos contra el español Pablo Carreño y dos más en semifinales frente al griego Stefanos Tsitsipas, que amagó con la remontada pero no la culminó. Pero hasta entonces su trayecto había sido tan plácido que pese a esos dos contratiempos solo llega con 45 minutos más de tenis que su oponente.
Djokovic cuenta con que el clima le otorgue una oportunidad y poder repetir la gesta de aquel 3 de junio de 2015, cuando aguó el cumpleaños de Nadal propinándole su segunda derrota en el torneo. Antes lo había logrado el sueco Robin Soderling en 2009. Después, nadie más lo ha conseguido.