Hay un episodio en la vida de Adolf Hitler que ha quedado un tanto en la sombra pero que, según algunos, pudo cambiar el curso de la Historia. ¿De haber tenido otro final se habría evitado la II Guerra Mundial y el Holocausto? No lo sabemos, pero Fabiano Massimi (Módena, 1977) no deja de preguntárselo en su exitosa obra El ángel de Múnich que entrelaza con pericia novela histórica y thriller consiguiendo una narración absorbente.
El escritor italiano, también traductor y colaborador de varios medios y de diversas editoriales, se basa en unos hechos ciertos, acaecidos pocos años antes de que Hitler subiera al poder y comenzara un siniestro camino hacia uno de los momentos más trágicos y devastadores de la historia de la Humanidad. El sábado 19 de septiembre de 1931 se produjo en Múnich un suceso que conmocionó a la ciudad y que, pese a quererse ocultar, corrió como la pólvora. El cadáver de Angela Maria Raubal, llamada Geli por todos, aparece en su apartamento. Se trata de una joven de veintitrés años que tiene algo muy especial: es la sobrina de Adolf Hitler, quien en ese momento no era todavía el Führer, pero ya tenía un gran poder como jefe del partido nazi y contaba con multitud de seguidores que seguían enfervorecidos sus consignas.
Todo apunta a que la joven se suicidó -y esta es la versión oficial que se impuso- con la pistola de su tío, con el que había mantenido una fortísima discusión. Discusión que no había sido la única, pues Geli y Hitler mantenían una extraña relación –el futuro genocida tenía casi más de veinte años la muchacha-, que, según parece, implicaba sexo enfermizo con un coralario de celos y prohibiciones de Hitler hacia su sobrina.
Fabiano Massimi se ha valido de una base documental para relatar una historia que no conocía y que descubrió, según él mismo ha explicado, cuando estaba leyendo la novela Múnich, de Robert Harris, que también combina Historia y thriller y ambienta la acción en la Alemania de 1938. En esta novela, un personaje va al apartamento en el que vivió Hitler en Múnich y encuentra una habitación cerrada a cal y canto que alberga una especie de mausoleo dedicado a Geli Raubal. Esto motivó a Massimi a interesarse por la figura de Geli.
En El ángel de Múnich, los comisarios Siegfried Sauer y Mutti Forster serán los encargados de ocuparse del supuesto suicidio de la joven. En la investigación se encadenan las contradicciones y elementos confusos y parece que quizá algo distinto ocurrió a lo que ha quedado en la versión oficial. ¿Qué pasó realmente? Imposible saberlo. Pero sí podemos disfrutar de esta novela de Fabiano Massimi, donde traza, entre otras virtudes, un gran personaje en Siegfried Sauer: “Más adelante, cuando su vida ya había descarrillado y no había forma alguna de hacerla regresar a los raíles, pensaría a menudo en ese último desayuno con Mutti en el Viktualienmarkt; en cómo nadie, nunca, se da cuenta del momento exacto en que su destino empieza a cumplirse, lo quiera o no”.