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Y DIGO YO

El autoritarismo obsesivo de Sánchez

Javier Cámara
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javiercamaraelimparciales/12/12/24
martes 13 de octubre de 2020, 19:58h

No sé si son ustedes muy futboleros, pero les cuento que lo que está sucediendo en Madrid con las imposiciones, presiones y autoritarismos del Gobierno de Pedro Sánchez y Pablo Iglesias a cuenta del estado de alarma/castigo infligido a los madrileños recuerda a los chistes que se hacen virales en redes sociales cuando el Real Madrid mete un gol en el tiempo de descuento, es decir, cuando el partido se ha alargado en su duración porque el árbitro, el que manda, así lo considera. La gracieta suele mostrar al auxiliar mostrando el panel en el que se marcan los minutos de prolongación, pero en lugar de verse un 3 o un 4 se puede leer “Hasta que el Real Madrid marque”.

Digo esto porque este martes hemos sabido que el ministro de Sanidad, que dijo que esta penalización a Madrid se justificaba (con datos antiguos, como él mismo ha reconocido) en que existía una incidencia superior a los 500 contagios por cada 100.000 habitantes, ha ordenado, ahora que comprueba que los datos reales bajan, que este tope se modifique descendiéndolo hasta los 100 o 200 casos. Dicho de otra forma, Salvador Illa se las compondrá para que el partido de fútbol dure, o sea, mantendrá el estado de alarma en Madrid, hasta que Pedro Sánchez quiera sin importar ni tenerse en cuenta que haya doble o triple rasero con respecto a otras regiones.

No es nuevo que un ministro de este Gobierno del PSOE cambie de criterio con la ligereza que caracteriza a la gestión que está realizando su presidente. Igual que al jefe, para ellos pasan unas horas y la postura puede ser, incluso, la contraria. Sánchez es así: “Si ayer dije 500, hoy digo 200. ¿Qué más da? Si ayer dije sin injerencias en las competencias de las comunidades autónomas, hoy te impongo un estado de alarma… pero solo a Madrid. Si dije que las medidas las tomamos asesorados por un comité de expertos, hoy digo que no existe este comité ni los expertos…Si hemos denunciado las injerencias políticas en la judicatura, ahora maniobramos para controlarla totalmente y decidir aún más la elección de sus vocales...”.

Lo de este presidente, y por ende su multitudinario Consejo de Ministros, es inaudito y sería reprobable en los gobiernos democráticos que nos han precedido y a los que pretendemos parecernos. Ha convertido en normal que lo permitido hoy deja de serlo mañana y que la palabra dada no tenga ninguna validez.

Sobrecoge pensar lo que la exdirigente de UPyD, antigua militante del PSOE, Rosa Díez, decía el otro día sobre el presidente Sánchez: “Estamos en manos de un loco, de un psicópata… que se caracteriza por tener lo que se llama la triada oscura, entendida como un tipo que no tiene empatía (sin remordimientos y para el que la moral y la ética son completamente indiferentes), el maquiavelismo (cínico que solo busca sus propios intereses) y el narcisismo (persona que fantasea con un poder ilimitado)”.

Y digo yo: ¿Qué duración puede tener en el puesto un presidente de Gobierno que dice una cosa y hace, no ya la contraria, sino lo que le da la gana? ¿Qué nombre se le da a esto normalmente? ¿Cómo puede nadie negociar nada con él si miente sin pudor y su palabra no sirve? ¿Alguien a su alrededor le cree? ¿Alguien de los que pactan y llegan a acuerdos se fía de Sánchez?

La respuesta ya la saben, no. Pasa que todos éstos esperan sacarle el beneficio de la negociación de alguna forma porque saben que no hay inconveniente en seguir exprimiendo el país a conveniencia. Y esto se ve tanto en la tiranía ejercida en Madrid porque sigue siendo zona reacia a los desmanes socialistas, como en una política penitenciaria de acercamiento de asesinos a sus casas o en una mesa en Barcelona a la que sentarse para negociar la independencia de Cataluña o el indulto a los condenados.

Sánchez ha encontrado cobijo en esta España polarizada, de posiciones fijadas a priori y de argumentarios dirigidos a las consignas de un determinado ideario ideológico, y va a ser muy difícil conseguir el buen Gobierno y la decencia. Tendrá que pasar algo. O los propios hacen lo que deben y no lo que se les manda o Europa dice que no hay dinero y, por tanto, Sánchez no puede hacer nada.

Javier Cámara

Redactor Jefe de El Imparcial

JAVIER CÁMARA es periodista

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