La vuelta al cole: contra la pedagogía
Ángel Duarte
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aduarteelimparciales/8/1/8/20
martes 26 de agosto de 2008, 21:35h
Lo leí en la sección de cultura de “El Imparcial” el pasado sábado: Rosa Regás asevera que “la educación es la vergüenza del país”. No está de más saberlo. De hecho, no nos habíamos dado cuenta. Parece ser que la exdirectora de la Biblioteca Nacional informó al auditorio que se había reunido para escucharla en la Universidad Internacional Menéndez y Pelayo -ironías de la vida- en el sentido que hay jóvenes de catorce años que no saben nada acerca del Lazarillo de Tormes. De hecho, Regás podría haber multiplicado los ejemplos ad nauseam: tampoco están al corriente de quien es la mujer de Lot o que el tronar de las trompetas, dicen, hizo caer las murallas de Jericó. Gramaticalmente, algunos, algo más creciditos, llegan a escribir Expaña en los exámenes; y no una sino hasta tres veces en una misma página. Sócrates ya no es, porque de ello hace demasiado tiempo, ni siquiera un jugador de fútbol brasileño. La sintaxis es algo ajeno a sus capacidades expresivas. En geografía, otro saber inútil, están de más a estas alturas las bromitas sobre los jóvenes norteamericanos -a las que tanta afición tiene la conferenciante- que no saben situar los países o las capitales europeas en el mapa: estaría de más afearles aquello que nos pasa en casa. En fin, para qué continuar.
Pero ¿qué estoy haciendo? Díos mío, perdónenme ustedes. Me estoy refiriendo a saberes inútiles, a contenidos. Término, éste último, aborrecido por las corrientes pedagógicas al uso, las que se han encargado de liquidar el potencial liberador de la escuela -en el sentido de instrumento que, mal que bien, facilitaba la superación personal y, con él, la familiar y la colectiva. De contenidos no quieren ni oír hablar los asesores en los ministerios y las consejerías de educación, aquellos que han convertido, con la aquiescencia de los amigos políticos de la señora Regás, el colegio y el instituto en una suerte de lonja asociativa, de mecanismo de compensación de lo incompensable, de instrumento de liquidación de la libertad que se erige sobre el criterio individual e informado.
De competencias, y no de contenidos, debería hablarse si de educación estamos tratando. Nos lo dejan claro, los psicopedagogos, incluso en verano. Este agosto, en otro de esos numerosos y muy a menudo inútiles cursos de verano, se celebró un ciclo que llevaba el pomposo y pueril título de “Aplicación de estrategias metodológicas de aprendizaje para la formación de competencias profesionales mediante la enseñanza en pequeños grupos (EPG)”. En una palabra, humo. Un gran artefacto retórico para gestionar el vacío. Que conste que el director del curso ya lo advertía. Sin recato. En su práctica profesional, decía, se evalúan las competencias, no los contenidos. De hecho, es a partir de la omisión de los contenidos que se diseñan las estrategias de aprendizaje. ¿De qué? De nada, da igual. Lo importante es hacer ver que en las escuelas, en los institutos o en las aulas universitarias los profesionales de la docencia se encontrarán con pequeños grupos, en los que el maestro, profeta de la buena nueva, se esforzará no en enseñar sino en “enseñar a construir el conocimiento” -más humo-, y, la nota humana, “a lograr la empatía con los alumnos o a comunicarse con ellos”.
Lo ha denunciado Regás. La educación, en España, da grima. La infantilización del magisterio y la del alumno han ido de la mano. El cole se ha convertido en una gran feria, un parque de atracciones con sus autos de choque, sus norias, sus caballitos y sus manzanitas acarameladas. Ya sería hora de poner un poco de orden. A lo mejor, teniendo en cuenta quien lo dice, ahora, los responsables de la educación se repiensen algo las estrategias seguidas en los últimos veinte -¿treinta?- años y pongan coto a las pretensiones de esa secta dolosa -la de los psicopedagogos-, que no ha sido reconocida como tal y que continúa haciendo de las suyas incluso en verano. A ver si de esta manera conseguimos, en unos años, que los primeros días de septiembre coincidan, de verdad, con la vuelta a la escuela, con el retorno a las aulas.
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Catedrático de Universidad de Gerona
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