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LA BÁMBOLA

Luis Bárcenas, herido de amor, cantará La Traviata

Diego Medrano
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diegomedranotelefonicanet /12/12/23
jueves 15 de octubre de 2020, 20:14h

Llega la sentencia esperada del Tribunal Supremo, que viene a corregir levemente la de la Audiencia anterior, donde se nos cuenta a doble espacio y todo seguido que hubo lucro en el PP, sí, caso Gürtel, pero un tanto en tercera persona, y que no se puede ser primera y tercera persona a la vez, tal y como recogen los folios heredados, por lo que todos los malotes a la trena y multa de 44 milloncejos de euros de nada al solista. Los más ilusos ya abren una botella de Coto Rioja para brindar, porque los doce años (once de los 29 acusados) finalmente, si haces todos los días caca en su sitio, te afeitas, no te metes en líos, pones cara de tonto, lees muchos libros y muestras hondo interés por la papiroflexia o las conferencias telemáticas universitarias, acaban en tres. Incluso en menos, lo dicho, si prima el buen tono, cara de tonto, paciencia y barajar, tragarse los bostezos sin un ruido.

Se van para el agujero negro todos los marianistas (Correa, Crespo, Bárcenas, Ortega…) pero la actualidad trae con lacito rojo una información sensible: Rosalía Iglesias, esposa de Bárcenas, también. Se hablaba de acuerdos tácitos, pactos velados, acuerdos por debajo de la mesa, para librar a la consorte como siempre se las libra, lo de la Infanta de que ella no sabía nada, lo de todas las matriarcas de los Pujol que ni idea porque no estaban nunca en casa o llegaban tarde de Embassy y las meriendas-cenas entonces eran lo mejor para perder peso (desayunar como un rey, comer como un príncipe, cenar como un mendigo). Las consortes del caso Mato, de los Eres andaluces a tanto y en copa de balón la ginebra inglesa en puticlub con puro tamaño barra de pan o caña de pescar, incluso más atrás en el tiempo, todas las “ladies” de los ministros felipistas, todas las “ladies” de los banqueros de la gomina tiesa, todas las “ladies” de los grandes constructores o las finanzas, a ellas hay que perdonarlas, porque es un pacto de caballeros y, seguramente, me lo creo, ni idea de la peseta matrimonial al detalle, aunque aparezca un Miró en el baño, como nuestro amigo Roca, de los Gil y Gil de las mamachicho.

Rajoy, al quite, salta al instante, para bendecir con el incienso de su propio verguero (de 15 a 25 cm sin llama) la sentencia, en un ridículo espantoso, porque el lucro está ahí y fue el que lo llevó por delante, en tercera, segunda, primera o cuarta del singular. Maroto/Casado se desmarcan de la escondida senda cartujo-marianista, la noche serena de Fray Luis, pero los periodistas se frotas las manos porque la “Kitchen” de Jorgito viene detrás, para rematar al toro moribundo con los cojones de Osborne rendidos en la arena, entre la sangre y la muerte. No respetaron lo prometido, Rosalía en prisión, y Bárcenas (de 33 a 29 años tras los barrotes) toma mucho ajo, hace frecuentes enjuagues con Listerine, mucha miel y limón, porque ahora llega el tramo de cantar La Traviata, Caruso, Nessun dorma versión Los Tres Tenores, para no encender un habano más en la vida, Mariano, ni salir a pasear haciendo molinetes, volatines, cucamonas o pucheritos por eso del impulso en las curvas de la urba. Luis Bárcenas cantará, se ha cumplido aquella profecía del concejal (José Luis Peñas) que destapó el negocio (no Esperancita) y cuyos versos eran poco más que estos: “Entrarán los subalternos pero no sus jefes”. Antes se les decía a las novicias de otro modo: “Tranquila, Hermana, porque lo peor de la clausura son los primeros cuarenta años, luego ya va todo rodado”.

Rodrigo Rato pisa la calle, a las seis de la tarde del pasado día 2 de octubre estaba yo con la nariz pegada a la tele y allí vi salir, sin contener las lágrimas ni las mejillas arreboladas, al príncipe de la Economía Española, Tercer Grado, ambiente entre efervescente y delicuescente (con la propiedad de absorber la humedad del aire para disolverse en ella) y, según prosa propia, jamás delincuente (qué va, chacho). Fue emotivo: España de la careta, la jeta, los pómulos de cemento armado, entre el azulón por abajo y el Barbour ligeramente verde otoñal, algo de nariz tomada por el frío nuevo del aire libre, y un recuerdo fuerte y muy encendido frente a las alcachofas por sus compañeros del módulo 10, con quien tan bien lo pasó y así despidiose (“fuese y no hubo nada”, como el clásico) con arenga clásica, militar y barroca: “¡Justicia y libertad! ¡Justicia y libertad!”. Pura poesía. Un coro de quinquis de poca monta tejía el atrezzo, entre robagallinas y abrazafarolas, alguno con bozo de anteayer, riendo mucho con el chándal y los ojos secos tras Su Excelencia, pronto a paso lento y no mortificado, porque la prisa es hortera, a ese biplaza brillante de alta gama donde desaparecieron sus zapatos castellanos y señora al volante, en busca de cielos nuevos, palmas, gargantas verbeneras y otros cofrades de buena ley. “Black Spain”: botellas de vino a tres mil euros y pijamas a mil, entre la mofa y la hidalguía, todo por cajero, donde el moreno de verde luna no pasa y uno levanta el pañuelo para despedirse, el meñique también con la copa, mientras el conjunto musical son eso: cofrades, patio de monipodio, coleguis, vasca, tribu, familia y amigotes.

Bárcenas cantará, no sé si a Pedro J. Ramirez, pero los 44 millones de multa le dejan embargado de todo bien, un hijo en la calle que quiere vivir de la música y, lo peor de todo, su mujer al menos tres años sin poder regar las plantas, tan solo con una semanita a partir de hoy para elegir penitenciaría y sacristía. El calvario marianista, por los desmontes entre abrojos como Curro Jiménez, seguirá. El lucro (tercera o primera persona) apesta y todos los del cotarro primero ya tienen su diploma enrollado. Los jueces saben mucho: eso de tocar el botón de la consorte, de la “lady”, nunca falla y pronto veremos en la superficie cómo flota lo sepultado, lo más gordo, oculto bajo el ánfora dorada de los inmensos fondos abisales de la letra torcida. “Mira, mira el mondongo, dijo riendo la justa” (Pío Baroja, La lucha por la vida). Luis sé fuerte: de seguido y sin entreacto, plís.

Diego Medrano

Escritor

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