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WILLIAM CHISLETT

"Con una clase política tan polarizada, la tercera república sería un desastre para España"

sábado 17 de octubre de 2020, 08:11h

William Chislett es investigador senior asociado del Real Instituto Elcano y acaba de publicar ‘Microhistoria de España’ en la editorial Espasa. Fue corresponsal de The Times de Londres en Madrid durante la Transición española y, tras unos años en México como corresponsal del Financial Times, regresó a España en 1986. Tras publicar una veintena de libros, en su nueva obra repasa la historia española con un tono didáctico y riguroso, vehiculado a través de un formato pregunta-respuesta.


-El libro está escrito en inglés para la colección ‘What everybody needs to know’ de la Oxford University Press. Sin embargo, tal y como apunta J.H. Elliot en un comentario recogido en la contraportada, puede que sean los españoles los que más lo necesitan. Quizá porque el país está atravesando una gran crisis de identidad, los consensos están saltando por los aires, y el libro aporta certidumbres.

No sé si el libro va a cambiar las cosas. Es una microhistoria de muchos siglos y, francamente, pocas páginas. Aunque la versión en español -350 páginas- es bastante más larga que la inglesa.

La clase política es el gran problema para el progreso de este país. En el libro me pregunto cómo es que no se puede llegar a consensos o a una palabra inglesa, compromise, que no tiene equivalente en castellano. Es necesario explicarlo con una frase. Significa que todas las partes involucradas tienen que hacer concesiones. Aquí todo es enfrentamiento, en vez de convencimiento.

"Echo de menos en España una gran coalición al estilo alemán: PSOE y PP, con el apoyo de Ciudadanos"

He pasado la mayor parte de mi vida en España, aunque sigo siendo británico. Me da mucha lástima, mucha tristeza. Ni siquiera hemos tenido una tregua durante la crisis sanitaria del Covid-19.

No pretendo ser experto sobre lo que ocurre en todos los países del mundo, pero no conozco otro lugar con este nivel de enfrentamiento político, salvo tal vez Estados Unidos, por razones distintas.

Me alegro de que tengamos por fin un Gobierno de coalición en este país. Pero es una coalición dependiente de partidos independentistas catalanes y vascos. No es bueno para el país. Echo de menos en España un Gobierno de tipo alemán, un gran pacto. En España supondría una coalición entre PP y PSOE, pero con el apoyo de Ciudadanos. No va a pasar aquí.

La inestabilidad es muy grande. Si no tenemos un acuerdo sobre los Presupuestos, existe la posibilidad de tener unas quintas elecciones en cinco años. Y venimos de cuatro elecciones en apenas cuatro años.

España no es un Estado fallido

-En este sentido, hay un artículo que ha levantado una gran polvareda en la prensa española. Se trata de un análisis del profesor Friederich Leopold Sell para la Neue Zürcher Zeitung en el que habla de que España está cerca de ser un Estado fallido.

Es un poco dramático, porque cuando usamos el término de Estado fallido pensamos en Libia, Sudán o Siria. Estamos muy lejos de eso. Suelen ser países donde hay muchísima violencia. Pero Estado fallido en el sentido de que hay instituciones que no funcionan, con una crispación muy alta, debate sobre la Monarquía, jaleo en la gestión del Covid-19, etcétera… Se puede hablar, aunque no me gusta el término, de cierto Estado fallido.

-Faltaría el factor de la violencia.

Sí, aquí hay polémica entre el poder Ejecutivo y el Judicial. Y hay polémica y críticas a la forma de Estado, el problema catalán, el movimiento independentista en Cataluña, una fragmentación política grande, un gobierno débil cuya supervivencia depende de unos aliados no muy leales a la Constitución pero, repito, no estamos en un Estado fallido.

-Quizá de lo que hablemos sea de una crisis institucional.

Sí, puede ser. Crisis institucional o una clase política que no está a la altura de lo que necesita el país pero España no es el único del mundo en esta situación.

-Es una de las ideas del libro. España no es un país tan diferente de lo que queremos pensar los españoles. Aunque parece que no encontramos un consenso, un mínimo denominador común. Está discutida desde la propia bandera nacional a la forma correcta de hacer la tortilla de patata.

La tortilla no lo sé, pero hablando de las banderas: si la sacas estás automáticamente identificado con la derecha. La bandera no es de todos. En las circunstancias actuales, si estás en la calle llevando una bandera española, automáticamente estás considerado votante de Vox o del PP, pero por qué los otros partidos no llevan la bandera. No lo hacen. La bandera ha sido algo secuestrado por la derecha.

-Pero tampoco la izquierda parece querer llevarla.

Exactamente. Supongo, supongo, aunque no lo sé. No he preguntado a nadie de la izquierda por qué no llevan banderas. Supongo que no lo hacen porque piensan que, si lo hacen, van a ser, al menos a nivel individual, considerados como votantes de la derecha.

-Incidiendo en que España no es un país tan particular, hace ya como una década, Nicolás Sarkozy, entonces presidente, planteó un debate en Francia sobre qué significaba ser francés. Levantó un gran debate y se le acusó de ultraderechista.

No voy a hacer comparaciones entre Francia y España porque no soy especialista en Francia. Es un asunto sumamente complejo. Por razones históricas, aquí tenemos diecisiete comunidades autónomas, cada una con su bandera. Y luego la bandera nacional.

"Todos los países tienen leyendas negras. Quizá España más, pero en general no son más que clichés"

Es un tema sumamente complejo, el de la identidad española. Las encuestas muestran que hay catalanes que primero piensan que son catalanes y luego españoles y luego europeos. Después hay madrileños que primero piensan que son españoles, segundo madrileños y tercero europeos.

-El país de la ‘patria chica’, citando a Richard Ford.

Sí, este sigue siendo el país de la ‘patria chica’. Esto se ve en las fiestas de los pueblos. Muchísimas personas ya no viven en sus pueblos, porque ellos, sus abuelos o sus padres han emigrado a otro sitio, pero vuelven a las fiestas de su pueblo. Eso lo he vivido yo porque yo he vivo en Madrid, pero también tengo una casa de campo en la provincia de Cuenca, aunque este año, como ya imaginas, no he tenido fiestas.



-En este contexto de crisis de identidad española, ha tenido un gran éxito editorial el libro ‘Imperiofobia y la leyenda negra’ de Elvira Roca Barea y la contestación de José Luis Villacañas, 'Imperiofilia y el populismo nacional-católico'. ¿Cómo ve usted, británico de nacimiento y español de adopción el asunto de la llamada ‘leyenda negra’?

No he leído esos libros. Con respecto a la leyenda negra, todos los países tienen leyendas negras. Tal vez España más que otros, pero muchas de las cosas asociadas a esto son clichés hoy en día. El mito de la ‘España cruel’ nace de la Inquisición, hace siglos. Yo, en el libro, y en mis trabajos para el Instituto Elcano siempre he intentado no entrar en los clichés de ‘España es el país de fiesta, playas, sangría…’. He huido de estos estereotipos porque en muchos aspectos España es un país normal. Con sus defectos, algunos de los cuales hemos comentado. Por ejemplo, la clase política. Y con sus diferencias, como todos los países, pero en general es un país normal.

Es cierto que existe toda este industria de los libros de los viajeros, empezando con (Richard) Ford. Esa industria sigue. Ese tipo de obras sobre “qué curiosos son los españoles que hacen esto y que hacen lo otro”. Quizá tuvo sentido en el siglo de Ford, el siglo XIX, cuando nació este dicho de que África comienza en los Pirineos, pero estamos en el siglo XXI, con un país europeo, con una economía de mercado, etcétera.

Me enfado cuando Podemos usa la expresión 'Régimen del 78'. Tampoco me gusta la expresión 'la casta', es injusto. La Transición fue exitosa.

-Se habla, últimamente, de ‘Régimen del 78’, normalmente para atacarlo.

Yo me enfado cuando Podemos usa la expresión ‘Régimen del 78’ que como sabes tiene connotaciones negativas. Régimen suele estar asociado con dictadores o con lo autoritario. La gente de Podemos ni habían nacido cuando murió Franco. No vivieron la Transición. Yo sí la viví, la escribí, estuve aquí de corresponsal en mi primera época en España. Cubrí la Transición desde el año 75 al 78, cuando me fui a México.

Se diga lo que se diga, fue una Transición exitosa, con algún defecto, que se puede criticar desde el hoy. Por ejemplo, la Justicia es lentísima y no fue reformada debidamente después de Franco. Esto es cierto. Pero, a grandes rasgos, la Transición fue exitosa. Sirve de modelo en otros países. Hubo un enorme consenso. Hubo un mínimo denominador común que era llegar a una democracia forjada entre todos -menos la extrema izquierda, la que quedaba más allá del Partido Comunista y la extrema derecha, la que quedaba más allá de Alianza Popular, que luego se convierte en Partido Popular-.

Tampoco me gusta la expresión ‘la casta’, no creo que sea justo.

En los colegios de la enseñanza secundaria se aprende muy poco de la historia reciente de este país. Sospecho que si los alumnos de secundaria supieran más de la historia reciente, a lo mejor iban a apreciarlo más y no hacer críticas que no son justas.

No quiero hacer comparaciones con Alemania, pero en Alemania se aprende muchísimo más sobre la historia reciente y no estoy diciendo que la época de Hitler fuera igual que la de Franco. La época de Hitler fue mucho peor que la de Franco.

Dicho esto, entiendo que, para un joven camarero en la Costa del Sol que ha perdido su trabajo durante la Gran Recesión o con esta crisis del Covid-19, la Transición puede significar muy poco. Porque lo más importante para él es tener empleo. Pero la Transición no es la culpable de que no tenga empleo.

-En su libro cuenta un encuentro con el Rey Juan Carlos I durante aquellos años, cuando le llamaban Juan Carlos ‘el Breve’. Le contó un chiste: ¿Por qué me coronaron en un submarino? Porque en el fondo no soy tan tonto.

Fue una charla off-the-record. No fue una entrevista porque no pude publicarla directamente. Había que respetar las reglas. Yo al Rey le tengo mucha estima hasta que empezaron sus problemas con el yerno y sus supuestos delitos de corrupción, financieros y fiscales. Lo divido en dos épocas. La primera época, bastante más larga, es la de la Transición, en la que opera como motor del cambio, evitando los poderes de Franco y usando sus enormes poderes para desmantelar el sistema desde dentro.

"Las monarquías parlamentarias suelen ser bastante más baratas que las repúblicas"

Fue lo que se llama en inglés top/down, de arriba a abajo, es decir, dirigido hasta cierto punto por él y por Adolfo Suárez; y bottom/up, de abajo a arriba, por las presiones de la calle, de modo que no se puede decir que la Transición pertenezca exclusivamente a Juan Carlos.

Se debe a esta combinación de lo que yo llamo top/down y bottom/up y de esto salió un consenso y una transición pacífica. No hubo víctimas mortales durante la Transición, digamos, a causa de ella, no hablo de Eta. Eta existió antes de la Transición y, de hecho, Eta mataba muchísima más gente después de Franco que durante la época franquista. Muchísima más, ahí están los datos.

La segunda etapa comienza cuando el rey pierde el olfato político, porque yo pienso que el Rey tiene lo que se llama aquí un buen olfato político, sabía cómo identificarse con el pueblo, sabía lo que quería la mayoría de los españoles, salvo los de la extrema derecha, salvo los que querían seguir con el régimen de Franco y los de la extrema izquierda, que querían una especie de comunismo aquí, ¿no?

Lo perdió con el episodio de la caza del elefante, al no saber lo que hacía el yerno… Su vida privada es su vida privada. Eso no me importa nada.

Hay un factor psicológico que se cuenta poco. El Rey llega aquí muy joven, desde Portugal, donde vivía su padre, para ser educado en la familia de Franco. No voy a meterme mucho en psicología, pero debe haber tenido una infancia bastante solitaria y triste.

Este es un estado de derecho y estoy convencido de que si se comprueba que el Rey ha hecho cosas ilegales, no se va a escapar. Hemos visto lo que ha pasado con su yerno, que sigue en la cárcel. Y, como en todos los países con Estado de Derecho, es inocente hasta que se demuestre lo contrario.

-En cuanto al separatismo catalán…

Este debate que ahora han levantado Podemos, los independentistas catalanes y algunos otros, me parece una vergüenza absoluta en tiempos del Covid-19. Creo que en la lista de prioridades de los españoles, que España tenga una Monarquía o una República es la prioridad, qué sé yo, número 5.000. No importa un bledo en estos momentos.

Segundo, yo acepto que en el siglo XXI una monarquía es un anacronismo.

La única persona capaz de estar por encima de esta clase política sin tomar partido es un rey, o una reina

Pero dicho esto y, tercer punto, en un país como España con una clase política tan fragmentada y tan polarizada yo, personalmente, creo que una tercera república para España sería un desastre.

La única persona capaz de estar por encima de esta clase política sin tomar partido es un rey, o una reina. Y eso lo hace el Rey Felipe VI, bien.

Cuarto, las monarquías parlamentarias, y esta no es una razón en sí misma para mantenerlas, suelen ser bastante más baratas que las repúblicas. Por ejemplo, la República Francesa, todo lo que rodea al presidente francés, es sumamente más caro que todo lo que rodea al Rey español.

Cinco, si uno ve los rankings de, por ejemplo, corrupción, ingresos per capita, bienestar… casi siempre los países mejor situados son monarquías parlamentarias.

Mi punto de vista es que a España no le conviene cambiar la forma del Estado y, de hecho, cambiar la forma de Estado no va a resolver el problema del desempleo, la educación, las instituciones, etcétera. Para mí es un debate estéril. No sirve para nada.

-¿Cómo ve lo que ha ocurrido en Cataluña?

Hay bastantes páginas en el libro sobre este problema. No creo que vayan a conseguir la independencia, no creo que esté justificada. La Generalidad es un Gobierno que se ha dedicado exclusivamente a cuidar los intereses de los independentistas y no los de la otra mitad, si no más, de la población. Han quebrantado las leyes, el referéndum fue claramente ilegal y no sé cómo se va a resolver este problema.

En Cataluña, si uno ve lo que ha hecho la familia de Pujol, no tenemos mucho más que decir

Creo que poco a poco los catalanes, salvo los más radicales, están perdiendo interés en el tema, porque se han dado cuenta de que o no se va a prosperar o no va a resolver los problemas catalanes. Y siempre jugando la carta del victimismo, de que ‘España nos roba’ y luego, si uno ve lo que ha hecho la familia de Pujol, no tenemos mucho más que decir.

-También continúa la polémica en torno a la memoria histórica.

Cito dos historiadores que resumen lo que pienso mejor que yo. Uno, John H. Elliot, que ha dicho hace poco que sin tomar en cuenta a todas las víctimas ninguna ley será capaz de curar las heridas que permanecen abiertas, porque esta ley -la llamada Ley de Memoria democrática- se refiere a los que cayeron en la Guerra Civil, las víctimas del régimen franquista y no habla nada del otro bando. Otro historiador, Felipe Fernández-Armesto, ha dicho que ninguna tendencia histórica tiene un monopolio de virtudes, los héroes de unos somos tiranos de otros.

La ley tiene cosas surreales. Van a nombrar un fiscal especial para investigar cosas que ocurrieron durante el régimen franquista. No sé cómo van a hacerlo porque la mayoría, sino todos, están muertos.

Tenía algún punto positivo. El Gobierno va a meterse más a fondo en el asunto de las fosas comunes, pero yo creo que no es la ley que hace falta ahora.

Además, lanzada en tiempos del Covid-19, pero entiendo que lo hayan hecho, porque formaba parte del programa electoral del PSOE y Podemos. Hay que cumplir los programas.

-En cuanto al Covid-19, está golpeando duramente al turismo, uno de los éxitos incontestables de España, según escribe en su libro. Supone el 12% del PIB y el Fondo Monetario Internacional, entre otras instituciones, ya ha advertido de que la economía española sufrirá un deterioro más severo que en otros países.

El turismo ha sido un éxito para este país pero, a la vez, el país está pagando el precio de tanto éxito, porque la economía está desproporcionadamente basada en turismo y construcción. Lo que se llama el ‘sector de hospitalidad’ aquí genera más o menos el 26% del PIB. Es bastante más alto que el promedio de la Unión Europea. El Fondo Monetario ya ha advertido de que aquí la economía va a ser más castigada que en cualquier otro país desarrollado y en gran parte debido a la importancia del sector del turismo, del tamaño promedio pequeño de las empresas, que son más vulnerables a una crisis de esta naturaleza y la el enorme tasa de abandono escolar, que sigue siendo el doble de la Unión Europea. Esto es importante porque cuanto mejor formado está un país, menor es la tasa de desempleo.

Hay gente que está cuestionando la capacidad de España para usar inteligentemente este tsunami de dinero que llega desde Europa

La economía va a tardar mucho en recuperarse. Empezó la crisis del Covid-19 con una tasa de desempleo del 14%. ¡No es que termine la crisis en ese nivel, sino que empieza la crisis! El doble del promedio de la Unión Europea. Sin hablar del déficit fiscal y del nivel de la deuda pública.

Lo que ha mostrado el la crisis del Covid es que España no ha hecho sus deberes en el terreno económico, en el sentido amplio de la palabra. Va a recibir un montón de dinero del fondo de recuperación pero y me alegro, Bruselas ha puesto condiciones fuertes a los países que reciben ese dinero. Esos fondos no son para construir aún más carreteras o aún más kilómetros de tren de Alta Velocidad AVE. España ya tiene un nivel de infraestructura física que está entre los primeros del mundo. Yo lo comparo con mi país, donde la infraestructura física es pésima. Lo que hay que hacer con ese dinero es invertir en el capital humano.

Hay gente que está cuestionando la capacidad de España para usar inteligentemente este tsunami de dinero que llega desde Europa. He escrito sobre ello: en septiembre de 2020, España tan sólo había absorbido el 39% del dinero comprometido de los Fondos Estructurales Europeos de Inversión para el período 2014-2020. Sólo el 12% de las recomendaciones específicas para el país por parte de la Comisión Europea, entre 2011 y 2019, se han aplicado hasta ahora. España también tiene, en algunos casos, un historial de no ejecutar fondos que ha presupuestado. Por ejemplo, en 2018 no gastó casi ni la mitad del dinero que había asignado a investigación y desarrollo.

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