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EDITORIAL

Casado debe explicar por qué no bloquea y por qué no pacta

sábado 17 de octubre de 2020, 09:09h

No conviene que los fanáticos del pacto se hagan ilusiones por mucho que Sánchez y Casado se muestren dispuestos a negociarlo todo. El presidente se empeña en mostrarse ante la opinión pública como un hombre de diálogo, aunque hasta ahora se ha limitado a pactar con sus socios comunistas de Gobierno y con los de investidura: el PNV, Bildu y los separatistas que intentaron reventar la Constitución. Con ellos ha sido capaz de instalarse en La Moncloa y ahora se dispone a aprobar los presupuestos generales del Estado y a reformar por la puerta de atrás la elección de los vocales del CGPJ.

Se prepara para desguazar la independencia judicial con su reforma, una trampa que retuerce la ley y desprecia el espíritu de la Constitución. También se prepara Sánchez para negociar con sus socios unas cuentas que se debaten entre la ecología más tontorrona y salvaje hasta los postulados marxistas camuflados. Unas cuentas que supondrán la puntilla a la crisis económica que ya nos azota y, probablemente, la oposición de la UE.

Pedro Sánchez, en un gesto propagandístico, invita al PP a unirse a los pactos, con la seguridad de que eso nunca ocurrirá. Y Pablo Casado, que tiene el mismo interés que el presidente en sentarse a negociar, pone una condición tan lógica como utópica. El líder del PP se ofrece a pactar pero pone el veto a la presencia de Podemos en la mesa, algo que Sánchez jamás aceptará; más que nada, porque pondría en riesgo su poder, cada día más descomunal.

Pablo Casado debería levantar ese veto. Debería aceptar sentarse a negociar con Pablo Iglesias los presupuestos y la renovación del Poder Judicial sin levantarse de la mesa hasta que pueda demostrar el extremismo del Gobierno. Explicar por qué para el PP y para la mayoría de la opinión pública española y europea es imposible aceptar que socialistas, comunistas y separatistas llenen el Tribunal Supremo de magistrados afines y, ya después, colar en los presupuestos medidas tan anacrónicas como ruinosas.

No tiene sentido vetar a un socio de coalición del Gobierno. Pablo Casado está obligado a sentarse a negociar con este Ejecutivo la elección del Poder Judicial y la elaboración de los presupuestos. Ya habrá tiempo, con datos y ejemplos, de demostrar las delirantes medidas que proponen el PSOE, Podemos y sus siniestros socios. Entonces, les callará la boca al demostrar que no es el responsable del bloqueo. Que el Gobierno, en su desquiciado autoritarismo, pretende que la Oposición se trague unos sapos que arramplarían con la independencia judicial y arruinarían España. Porque el problema no es el bloqueo del PP. El gran problema es que el Gobierno quiere sumisión. Que Pablo Casado se siente en La Moncloa y lo cuente. Así, en lugar de propiciar el tic propagandístico de Sánchez de responsabilizarle del bloqueo, tendrá la oportunidad de demostrar la imposibilidad del pacto. De airear los planes del Gobierno para asaltar y amarrar el poder. El PP debe aprovechar la oportunidad de denunciar, desde la mesa de negociación, las tropelías que Sánchez e Iglesias pretenden imponer para arrinconar a la oposición y manejar el poder a su antojo. Y para siempre.

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