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Ensayo

Jesús Casquete: El culto a los mártires nazis

domingo 18 de octubre de 2020, 23:20h
Jesús Casquete: El culto a los mártires nazis

Alianza: Madrid, 2020. 379 páginas. 20,90 €.

Por Alfredo Crespo Alcázar

En El culto a los mártires nazis. Alemania, 1920-1939, el profesor Jesús Casquete nos ofrece una obra de obligada lectura para historiadores y politólogos, en la que aborda cómo el nazismo instrumentalizó a “sus muertos” como herramienta fundamental para acceder al poder en Alemania y desde ahí, perpetrar un proyecto político totalitario y liberticida, el cual coexistió con algunos otros de idéntica naturaleza, como el fascismo italiano y el estalinismo soviético. Al respecto, los tres tienen en común que significaron una reacción contra los ideales de la Ilustración, exigieron la subordinación total del individuo al Estado, señalaron a los enemigos internos y exigieron obediencia acrítica al líder. Más en particular, persiguieron crear “el hombre nuevo”, una tarea en la que la mentira difundida a través de la propaganda resultó fundamental.

Con relación al libro que tenemos entre manos, cabe subrayar en primer lugar la solvencia académica con la que el autor aborda el objeto de estudio. Casquete es uno de los grandes referentes en el análisis de la Alemania nazi, como atestigua su abundante producción bibliográfica sobre esta materia (por ejemplo, Nazis a pie de calle). Esta capacidad se observa en el rigor científico y en la adecuada contextualización del contenido de la obra. Así, nos traslada a la Alemania derrotada en la Primera Guerra Mundial y humillada posteriormente en el Tratado de Versalles, en tanto en cuanto éste último le impuso pérdidas territoriales notables y le asignó toda la responsabilidad en el desencadenamiento de la aludida contienda bélica.

Como resultado de este doble fenómeno, surgió un nuevo régimen político, la República de Weimar, acosada desde sus orígenes tanto por comunistas como por ultranacionalistas (nazis), a través de innumerables enfrentamientos en las calles que se multiplicaron tras el crack del 29. Dicho con otras palabras: la violencia constituyó uno de los rasgos distintivos de la Alemania republicana, hasta el punto de encontrarnos en un escenario de guerra civil soterrada (p. 223).

El profesor Jesús Casquete, consciente de la complejidad del tema que aborda, en la introducción expone el orden que seguirá en los tres capítulos de que consta el libro, en los que va de lo más general (análisis del totalitarismo) a lo más particular: el rol de las SA (Tropas de Asalto) y la liturgia nazi para enaltecer a sus “héroes mártires”. Estos dos últimos apartados se hallan indisolublemente unidos y relacionados, en tanto cuanto las SA dotaron del mayor número de “mártires” al nazismo.

En este sentido, resulta un acierto por parte del autor que explique rigurosamente en qué consistieron esas Tropas de Asalto, insistiendo en que su supuesta razón de ser (proteger a los miembros del partido nazi cuando participaban en actos públicos), poco tenía que ver con su cometido real: Los activistas de las SA asumían que su cuerpo no era suyo, sino propiedad de la nación. La expresión más sublime del compromiso con la patria era la disposición sacrificial [... ]. Eran matones que disponían de la vida ajena y ponían en riesgo la propia, siempre en nombre de la causa sagrada de Alemania” (pp. 325-326).

En efecto, más allá de esta tarea estrictamente securitaria, las SA desempeñaron un rol clave en tanto en cuanto practicaron una violencia, definida de manera acertada por el autor como reactiva y proactiva, destinada a allanar la llegada al poder de Hitler. Esa violencia, asimismo, estaba rodeada de una serie de rasgos en tanto en cuanto condensaba un abanico de valores esenciales de la cosmovisión nazi, tales como vitalidad, intransigencia, el militarismo, la camaradería, la disciplina y la virilidad” (p. 133).

Obviamente, ese recurso a la violencia por parte de las SA implicaba unos costes en forma de pérdidas de vidas de algunos de los que la practicaron. Sin embargo, esta suerte de contratiempo resultó instrumentalizado de varias maneras complementarias por la maquinaria propagandística nazi. Por un lado, para recordar a los vivos la necesidad de mantener la lucha. Por otro lado, para fomentar el sentimiento de pertenencia a un grupo. En efecto, a través de la prensa del partido, la trayectoria de esos “mártires” fue revestida de connotaciones épicas en las que abundaba la falsedad: “Los nacionalsocialistas les dieron ese sesgo a posteriori para su uso en la contienda propagandística y poder presentarse ante la opinión pública como un sacrificado y desinteresado grupo de pacíficos patriotas que eran sistemáticamente atacados por las hordas internacionalistas por su defensa entregada a la causa de la comunidad nacional” (p. 232).

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