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TRIBUNA

Victoria con alas

sábado 24 de octubre de 2020, 20:10h

Cuenta Jean François Revel en “El conocimiento inútil” que para mantener latente la amenaza del fascismo durante la Guerra fría, la URSS financiaba a los movimientos neonazis de Europa occidental. La misma estrategia alarmista, unida a la treta de desangrar electoralmente a la derecha francesa, fue aviesamente aplicada por Miterrand ensanchando la sombra de Le Pen sobre la V República. Gracias al socialismo francés, el lepenismo puede alcanzar la presidencia en Francia. A Sánchez e Iglesias les gusta tanto la derecha que mejor VOX que una.

Si de algo peca VOX es de su bisoñez política irrumpiendo como elefante en cacharrería en la vida parlamentaria. Resultan más temibles para la democracia quienes declaran alertas antifascistas y simultáneamente pretenden alterar las reglas del juego constitucional dinamitando nuestra Monarquía parlamentaria. Que es necesario un nuevo Gobierno lo detecta hasta una PCR. El medio para cambiarlo no es una moción de censura, cuyo triunfo depende de una esquiva aritmética, sino unas elecciones generales ganadas con amplia mayoría liberal-conservadora en torno a un programa, experiencia y equipo de gobierno. Ni Casado ni Abascal, por separado, cuenta hoy con esa mayoría. De lo demás, dispone el PP.

El destrozo de la inoportuna moción de censura es que la derecha se ha censurado a sí misma, frustrando una coalición que desaloje del poder a un Gobierno incompetente para gestionar una crisis descomunal. Incapaz para combatir la primera ola de la pandemia, se desentiende ahora de la segunda. Frente al consenso progre no hay un consenso de libertad, concordia y prosperidad, sino un bochornoso disenso. Enfrente, los progres se frotan las manos dando sonoras risotadas ante el bofetón, más personal que transferible, que Pablo arreó a Santiago, porque semejante rifirrafe les apuntala en el poder. Escasos los beneficios del trámite parlamentario para sus proponentes. Acertaron en el diagnóstico, aunque ya conocíamos la miniatura moral de Sánchez, y no propusieron terapia alguna más que una deseada convocatoria electoral. Abascal llegó con la razón bajo el brazo perdiéndola al levantarlo para señalar a enemigos exteriores cuando a los españoles nos preocupa encontrar un empleo para nuestro ahijado Juanón, dar estudios a aquel muchacho de Ecija para que no se convierta en un gañán, lograr que el puesto de melones vuelva a la carretera el próximo verano y que la Eusebia siga los sábados cociendo panes de tres libras. La España que madruga, sí. Lo que no perdió Abascal fue su dignidad; con ella inundó el hemiciclo nombrando a todas las víctimas del terrorismo de ETA, que figuran ya indeleblemente en el Diario de Sesiones para vergüenza de sus verdugos y sus cómplices y aliados.

La aritmética parlamentaria impidió a Rajoy formar Gobierno, obró también contra Arrimadas en Cataluña e hizo prosperar la moción de censura de Sánchez. Para que la aritmética no corte las alas de una victoria, Abascal y Casado se necesitan mutuamente, como en Madrid, Andalucía o Murcia. El enemigo es el fuego y no pueden pisarse la manguera ni arrojar gasolina sobre las llamas.

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