www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

SÁNCHEZ, EN ESTADO DE ALARMA

lunes 26 de octubre de 2020, 09:33h
Los expertos en cuestiones epidémicas, salvo aisladas excepciones, coinciden en subrayar el despropósito...

Los expertos en cuestiones epidémicas, salvo aisladas excepciones, coinciden en subrayar el despropósito del mes de marzo pasado. Si la Covid-19 hubiera sido tratada como la situación exigía, ni los contagiados ni los muertos se habrían multiplicado. Pedro Sánchez antepuso a todo la carta electoral del voto feminista y autorizó el despropósito de las manifestaciones del 8 de marzo, cuando los informes nacionales e internacionales exigían lo contrario.

Tras someter a la nación a un confinamiento brutal y desproporcionado, Pedro Sánchez anunció urbi et orbi que su Gobierno había derrotado la pandemia. Y se fue alegremente de vacaciones.

Todos los expertos a los que he consultado coinciden en subrayar que debieron tomarse medidas contundentes durante el mes de agosto, cuando la segunda ola de la Covid-19 anegaba ya muchos hospitales. Pero Pedro Sánchez no interrumpió sus vacaciones, apoyándose en un comité de expertos, que resulta que sí existe, pero al que no se le hace el menor caso si sus dictámenes no coinciden con lo que Pedro Sánchez entiende que le conviene política y personalmente.

Y la realidad, que es muy tozuda, se impone de nuevo. Pedro Sánchez ha reunido al Consejo de Ministros en sesión extraordinaria para aprobar un estado de alarma, que a él le correspondería liderar asumiendo la responsabilidad, pero que la ha derivado hacia las Comunidades Autónomas.

Un médico ilustre ha dicho que él habría puesto en orden, en un mes, la contención de la pandemia. Y no era una balandronada. Todos los expertos a los que me he referido antes, con los que he hablado y han sido numerosos, señalan que el desastre se ha producido en parte considerable por la politización de la situación, la ligereza en su trato y las contradicciones de cada día.

Grave es tener que aprobar un estado de alarma de seis meses. Más grave, después de los muertos, es el resquebrajamiento de la economía española que se anuncia imparable.