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ENTREVISTA

Enfermera Saturada, ante la segunda ola: "Estamos agotados como en el final de una maratón"

Enfermera Saturada, ante la segunda ola: 'Estamos agotados como en el final de una maratón'
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(Foto: Enfermera Saturada)
Sara Cabrero
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saracabreroelimparciales/12/4/12/24
domingo 01 de noviembre de 2020, 12:20h

Nosotras, enfermeras es la crónica en primera persona de Héctor Castiñeira (Enfermera Saturada) sobre todo lo acontecido durante la primera ola de coronavirus. Como profesional sanitario en el Hospital 12 de Octubre de Madrid, narra a lo largo de 175 páginas lo que sucedió entre los meses de enero y mayo, desde que el virus parecía afectar únicamente a China hasta que se extendió por el mundo. Cuenta como enfermero una de las mayores crisis sanitarias de la historia y da voz a todos los compañeros que plantaron cara al Covid en los hospitales, esos a los que la sociedad llamó héroes, y por quienes aplaudía a las 20:00 horas, mientras ellos vivían con el miedo pegado a su espalda.

Un relato que podría volver a repetirse si no se actúa a tiempo. “Estamos volviendo otra vez a lo mismo y tenemos miedo a revivir todo aquello”, cuenta Castiñeira a El Imparcial ante la situación por la que atreviesa de España, ya inmersa en la segunda ola.

Confiesa que ahora los profesionales sanitarios no están preparados para soportar una situación como la que se vivió en los hospitales durante los meses de marzo y abril: “Estamos agotados como en el final de una maratón”, lamenta.

Además, advierte de que el ambiente en los centros sanitarios es distinto al que hubo entonces: “Había mucha más unión entre los profesionales, todos éramos uno y todos teníamos un objetivo común: atender al mayor número de pacientes y tratar de acabar con el virus. En esta segunda ola ya no es igual, se nos han quitado permisos, se nos han quitado días de libre disposición, las vacaciones en muchos casos no han existido y, en otros, han sido más breves de lo normal”. “Estamos cansados”, insiste.

España continúa registrando cifras récord y la presión hospitalaria es cada vez mayor. De hecho, hay centros que ya se encuentran en una situación crítica. Sin embargo, Castiñeira se muestra optimista y considera que aún podemos controlar la pandemia: “Creo que estamos a tiempo de revertir esa segunda curva, sobre todo porque la gripe aún no ha llegado”, afirma.

Por ello, aconseja tomar “medidas más drásticas y más serias” para frenar la propagación del virus. Ha descartado por completo un confinamiento total de la población, pero defiende que el “sentido común” es clave. “No estamos pidiendo no salir de casa o dejar de tener vida social, sino que ésta sea con un círculo reducido y en lugares abiertos mejor que cerrados, guardando las distancias y manteniendo precauciones”, recuerda.

Para Enfermera Saturada, lo ideal sería que se creara -esta vez sí- un comité de expertos formado por profesionales especializados en este campo. “El problema que tenemos es un virus y sólo la Ciencia nos va a sacar de esto”, asevera. Critica en este punto a los políticos, quienes -en su opinión- han tomado decisiones pensando en los votos que ganarían o perderían tomando ciertas decisiones: “No se están preocupando tanto de solucionar el problema o de acabar con el virus como de echarse las culpas unos a otros”, reprocha.

Se queja así de que Sanidad confirmase hace apenas unos días esta segunda ola: “Entonces ya habíamos pasado de tener tres pacientes en la UCI a tener 38 y habíamos pasado de tener 100 pacientes en planta a sumar 300”. De este modo, insiste en la importancia de dejar a un lado las decisiones meramente políticas, endurecer las medidas e imponer multas más severas a aquellos que las incumplen: “Hay que tomar precauciones hasta que llegue un tratamiento o una vacuna contra el coronavirus. Estoy convencido de que esto no se va a quedar así de por vida”, anima.

Nosotras, enfermeras revive los peores meses de la pandemia. Castiñeira cuenta cómo su hospital pasó en sólo 15 días a atender únicamente pacientes con Covid y canceló todas las operaciones que no eran urgentes; el modo en que se puso su primer EPI sin haber recibido formación aún y cómo cambiaron los protocolos de actuación según los materiales que había en stock. “Luchamos en primera línea armadas con una bolsa de basura y una mascarilla reutilizada; y ahora pedimos a la gente que se la cambie cada cuatro horas”, narra.

“El diario The New York Times llegó a llamarnos en portada 'sanitarios kamikazes' por seguir trabajando pese a la falta de equipos de protección... Y no podríamos estar más de acuerdo, porque realmente lo parecíamos”, relata en el libro. “Sentíamos que nos habían abandonado a nuestra suerte. Nos sentíamos solos y olvidados, y pensamos que los sanitarios éramos personas reemplazables a los que ir cambiando en cuanto se iban contagiando, enfermando o ingresando en el propio hospital”, explica este enfermero a quien el miedo que nunca antes había experimentado en el trabajo pasó a convertirse en “un compañero de trabajo más”.

"Todos nos preocupábamos de todos, y pasamos de despedirnos con un hasta luego a hacerlo con un cuídate mucho"

“Uno es más consciente de todo lo que hizo cuando pasa el tiempo. Estuvimos ahí y no nos fuimos por los pacientes a pesar de no tener medios”, defiende. “Ellos no tenían a nadie más. No tenían ni a su propia familia. Estaban solos en el hospital y sólo nos tenían a nosotros”, se emociona. “Sigues por eso, porque si no lo haces tú, no lo hace nadie. Sacamos fuerzas de nadie sabe dónde para poder seguir adelante por nuestros pacientes”, asegura.

Castiñeira señala que ha presenciado situaciones que pensaba no ver jamás: “Hemos tenido a pacientes tirados encima de una sábana en el suelo. Algo que parecía inconcebible y que nunca tendríamos que vivir, salvo en algún momento puntual, como un atentado o el descarrilamiento de un tren, como el que me tocó vivir en Santiago”. Sin embargo, aquel escenario se prolongó durante semanas. “Si queríamos llegar a todo, teníamos que olvidar nuestra forma de trabajar y reprender una nueva enfermería, una enfermería de guerra”, explica.

Aunque reconoce que él mismo y muchos de sus compañeros subestimaron al virus, critica que el Gobierno no tomase medidas cuando el coronavirus ya había llegado a Italia: “No se entiende que se tardase tanto en tomar medidas”. En los últimos días de febrero “el virus aún no constituía un problema que ocupase la agenda de los líderes políticos de nuestro país, pero sí era algo que ya se empezaba a tomar en serio en los centros sanitarios”, describe en el libro. Antes de que se decretase el estado de alarma, el 11 de marzo, “los ciudadanos chinos residentes en España, más acostumbrados que nosotros a las epidemias producidas por virus respiratorios, habían decidido empezar a tomar las medidas que nadie en el Gobierno parecía querer tomar”, recuerda.

"No comprendimos que en esencia todos vivimos en el mismo planeta (...) y tarde o temprano nos acabará afectando de un modo u otro"

Esa imagen y los aplausos espontáneos fueron de los momentos que más impactaron a Enfermera Saturada durante la primera ola. Confiesa que recibió el mensaje en el móvil y lo atribuyó a una cadena más de WhatsApp. Fue una sorpresa acabar el turno y encontrarse los balcones llenos de gente mandándoles esos ánimos que tanto necesitaban: “Aquellos aplausos nos hicieron ver que no estábamos solas en aquella lucha”.

No obstante, lamenta en la entrevista que incluso aquello “se politizara”. “Por desgracia, buena parte de esos aplausos se tornaron en críticas, insultos e, incluso, en agresiones a profesionales sanitarios”, dice enumerando algunos de los episodios, como pintadas en el coche o peticiones para abandonar el domicilio por poner en peligro a los vecinos. “Hubo pequeños momentos en los que pasamos de ser héroes a villanos”, resume.

"Al personal sanitario, hasta entonces tantas veces ignorado y maltratado, se nos veía ahora como los superhéroes con bata y pijama"

Preguntado sobre si fue un error transmitir que el coronavirus afectaba principalmente a mayores y, quizás, por ello los contagios entre jóvenes están ahora más descontrolados, Castiñeira asume que tanto los medios de comunicación, como los divulgadores sanitarios a lo mejor discurrieron en “algún error” en este aspecto: “Cuando dijimos que las personas de más riesgo eran las personas mayores y las personas con patología, a lo mejor dimos la sensación sin quererlo de que a las personas jóvenes no les iba a pasar nada”. “A mí, en concreto, el paciente más joven que se me murió tenía 25 años y no tenía ningún tipo de antecedentes. Por lo tanto, es cierto que ocurre, aunque el porcentaje sea menor”, expone.

También habla en el libro del hermetismo que hubo alrededor de la morgue del Palacio de Hielo, de la cual sólo se filtró una fotografía. Una decisión que, a su juicio, “no ayudó a que mucha gente confinada en sus casas y que veía la pandemia a través de sus televisores y sus balcones valorarse en su justa medida el alcance de lo que estábamos viviendo en los hospitales y el sufrimiento de las familias”. De este modo, considera que las irresponsabilidades ciudadanas proceden de dos grupos bien diferenciados: “Hay un grupo que sí es responsable, hace las cosas bien y se lo está tomando en serio. Probablemente aquellos que vivieron de cerca la primera ola porque estuvieron ingresados o perdieron a algún familiar o amigo. Y hay otra parte de la población a la que esto ni les ha rozado. Se han pasado la cuarentena en casa saliendo al balcón, bailando y haciendo pan y contemplan esta situación como si fuera una anécdota”, declara.

Por esta razón, Enfermera Saturada muestra su enfado y vuelve a reprochar los comportamientos imprudentes y la indecisión de los políticos a la hora de tomar medidas. “Ya hemos visto lo que era una ola, creo que una segunda no nos conviene a nadie”, advierte e insiste en que hay tiempo para revertir la curva antes de que llegue la temida gripe. “Todavía falta un poco y cuando se nos junte todo vamos a tener un problema mucho mayor”, avisa.

Castiñeira pide así que nos cuidemos y seamos responsables para que jamás tengamos que volver a pasar por aquello, nunca más las enfermeras tengan que ir a la guerra y no tenga que escribir una segunda parte de su libro.

Nosotras, enfermeras


Este es el testimonio de una enfermera que luchó contra el coronavirus en primera línea, armada con una bolsa de basura y una mascarilla reutilizada. Pero, en realidad, es también la historia de todos los enfermeros que plantaron cara al virus, esos a los que la sociedad llamó héroes. Es el testimonio de sus lágrimas, temores y sacrificios, y a la vez de la inmensa felicidad que sentían cada vez que apagaban un respirador y daban el alta a un paciente.
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