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Descubierto el lugar del segundo aterrizaje de Philae en una cresta en forma de calavera

Descubierto el lugar del segundo aterrizaje de Philae en una cresta en forma de calavera
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jueves 29 de octubre de 2020, 11:43h

Tras años de investigación detectivesca, se ha localizado el lugar del segundo aterrizaje del módulo Philae de Rosetta en el cometa 67P/Churyumov-Gerasimenko. Se trata de un lugar cuya forma recuerda a una calavera y donde Philae dejó su huella en el hielo de miles de millones de años de antigüedad, revelando así que el interior helado del cometa es más suave que la espuma de un capuchino.

Philae descendió hasta la superficie del cometa el 12 de noviembre de 2014. Rebotó en la región de Agilkia, donde se hallaba el lugar de aterrizaje inicial, y se embarcó en un vuelo de dos horas, durante las cuales chocó con el borde de un acantilado y se precipitó por un segundo lugar de aterrizaje.

Philae acabó deteniéndose en la región de Abydos, en un lugar poco expuesto que no fue identificado entre las imágenes de Rosetta hasta 22 meses después, pocas semanas antes del final de la misión. Laurence O’Rourke, científico de la ESA que tuvo un papel clave en la localización de Philae, también se había propuesto dar con el segundo lugar de aterrizaje, que seguía siendo un misterio.

“Philae nos dejó un último enigma que resolver”, señala. “Localizar este lugar de aterrizaje era importante, porque los sensores de Philae indicaban que había penetrado en la superficie y eso significaba que muy probablemente habría expuesto el hielo primitivo existente por debajo, lo que nos permitiría acceder a hielo de miles de millones de años de antigüedad, algo impagable”.

Junto con un equipo de científicos e ingenieros de la misión, se propuso reunir los datos de los instrumentos de Rosetta y Philae para localizar y confirmar el lugar de aterrizaje “perdido”.

Aunque una mancha brillante de ‘hielo cortado’, observada en las imágenes en alta resolución de la cámara OSIRIS de Rosetta, resultó crucial para confirmar la ubicación, fue el mástil del magnetómetro de Philae,ROMAP, el que se reveló como la estrella del espectáculo. El instrumento estaba diseñado para medir el campo magnético del entorno local del cometa, pero para el nuevo análisis el equipo estudió los cambios registrados en los datos capturados cuando el mástil, que sobresalía 48 cm por encima del módulo, se movía físicamente al chocar con alguna superficie. El impacto creaba una serie de picos característicos en los datos magnéticos a medida que el mástil se desplazaba respecto al cuerpo del aterrizador, lo que permitió estimar la duración del contacto de Philae con el hielo. Los datos también se emplearon para acotar la aceleración de Philae durante estos contactos.

Los datos de ROMAP se cotejaron con los capturados al mismo tiempo por el magnetómetro RPC de Rosetta para determinar la actitud de Philae y excluir cualquier influencia del campo magnético del entorno de plasma alrededor del cometa.

“En 2014 no pudimos hacer todas las mediciones que teníamos programadas con Philae, por lo que es estupendo poder usar así el magnetómetro y combinar los datos de Rosetta y Philae de una manera que no era la prevista y obtener estos fabulosos resultados”, apunta Philip Heinisch, que dirigió el análisis de los datos de ROMAP.

Un segundo análisis de los datos del aterrizaje reveló que Philae permaneció casi dos minutos completos en el segundo lugar de aterrizaje, efectuando al menos cuatro contactos claros mientras se arrastraba por la superficie. Una huella especialmente llamativa en las imágenes se formó cuando la parte superior de Philae se hundió en el hielo 25 cm en el lateral de una grieta, dejando marcas identificables de su torre de perforación y los lados. Los picos en los datos del campo magnético debidos al movimiento del mástil mostraron que Philae tardó tres segundos en efectuar esa depresión en concreto.

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