rusia contra occidente
Las claves del conflicto del Cáucaso
miércoles 27 de agosto de 2008, 16:49h
La tensión ha vuelto a estallar en el Cáucaso, una región convulsa en la que los principales conflictos han permanecido latentes a la sombra de otros “puntos calientes” en escenarios como Irak, Afganistán o Líbano.
Hay quien piensa que Moscú estaba esperando la oportunidad de resarcirse por los dos últimos “desplantes” de Occidente: el reconocimiento de la independencia de Kosovo, en febrero, y el firme impulso recibido por Georgia y Ucrania para incorporarse a la OTAN. De hecho, es posible que su proceso de admisión se acelere tras el giro de la situación geopolítica. Otros apuntan a que el detonante fue el acuerdo entre Washington y Varsovia sobre la instalación en Polonia de elementos del escudo antimisiles norteamericano.
El detonante
Lo cierto es que desde febrero, Moscú ha ido tensando la cuerda con Georgia y ha incrementado su presencia militar en Osetia del Sur y en Abjasia con la excusa de aumentar la fuerza de paz en la zona. En abril, derribó un avión de vigilancia en territorio georgiano, y ha instigado durante meses a surosetios y abjasios a utilizar la violencia contra las fuerzas de seguridad georgianas.
La paciencia de Georgia se agotó el 8 de agosto, cuando envió tropas a estas dos regiones. Mordió el anzuelo y sucumbió a la provocación rusa, que era lo que Dmitri Medvédev, presidente ruso, esperaba para repetir la hazaña de Praga. El 20 de agosto de 1968, los tanques rusos invadieron la capital de la antigua Checoslovaquia. Casi 40 años después, los tanques rusos ocuparon las calles de Georgia.
Consecuencias
El resultado inmediato es la “anexión” de los dos territorios georgianos por parte de Rusia reconociendo su presunta independencia a sabiendas de que su supervivencia como naciones independientes es inviable sin la protección militar rusa. Esta decisión unilateral ha indignado a a EEUU, que estudia posibles represalias; a la Unión Europea (UE), que podría, entre otras medidas, modificar los acuerdos comerciales con Rusia; y a la OTAN (Organización del Tratado del Atlántico Norte), que planea acelerar el proceso de inclusión de Ucrania y Georgia en sus filas.
Pero esta violación de la integridad territorial de Georgia no constituye un mero conflicto geográfico. Desde la desintegración de la antigua URSS, en 1991, Rusia ha ido perdiendo peso, y el problema de fondo va más allá que la independencia o no de dos regiones georgianas.
Intereses de fondo
Desde 1997, y tras la firma de un acuerdo con Kiev (Ucrania), Sebastopol es el puerto de amarre de la tropa rusa, pero este contrato termina en 2017. Ucrania ha vuelto los ojos hacia el Oeste y quiere ingresar en la OTAN. El 9 de agosto, Ucrania puso a disposición de Occidente sus radares de defensa antimisiles, que hasta ahora usaba de forma conjunta con Rusia, y amenazó con expulsar a la flota rusa de Sebastopol. Ahora, ha anunciado que subirá la tasa que cobra a Moscú por permitir que amarre sus buques en ese puerto. El problema, lejos de resolverse, se enquista y Rusia intentará, por ello, impedir el ingreso de Ucrania y de Georgia en la OTAN.
El pulso con Georgia parece ganado, pero el desafío de Rusia a la Casa Blanca, a la OTAN y a la UE parece no tener una solución sencilla, y a pocos se les olvida que en esa “zona caliente” hay otro conflicto latente que podría reavivarse con la escalada de tensión: el de Chechenia y su lucha por la independencia, algo que Rusia le niega porque ansía el control de los oleoductos que atraviesan esta región rica en petróleo.
Ni deseos de paz ni de independencia: objetivos geoestratégicos, económicos y políticos de fondo. Un polvorín latente que cuando estalla remueve los cimientos de las principales potencias mundiales.