Las elecciones en EEUU pueden provocar profundos cambios en la geopolítica mundial y algunos de los líderes más destacados se han apresurado a opinar sobre las implicaciones que podría tener la victoria de uno u otro candidato. Uno de los frentes que tiene sus ojos puestos en los comicios estadounidenses es el de Oriente Medio. China y Rusia también tienen sus ojos puestos en los candidatos contendientes.
Pekín guarda silencio en medio de la guerra comercial que mantiene China con EEUU y el Kremlin, acusado de tratar de influir en la elección de Donald Trump durante las pasadas elecciones, tampoco ha transmitido ningún mensaje.
Las autoridades chinas han mantenido una protocolaria imparcialidad sobre el resultado de las elecciones. Tras una legislatura, la de Donald Trump, marcada por una guerra de aranceles al gigante asiático, además del hostigamiento a grandes tecnológicas chinas como Huawei o ZTE, Pekín parece decidido a continuar dando la batalla por la hegemonía económica.
En cuanto a Rusia, las principales agencias de inteligencia estadounidenses concluyeron que el Kremlin interfirió en los comicios de 2016 para ayudar a ganar al presidente Donald Trump, algo que Moscú niega.
Hace menos de dos semanas, el FBI anunció que Irán y Rusia habían obtenido información de votantes estadounidenses y estaban tratando de interferir en los comicios de este martes, y que los piratas informáticos iraníes habían enviado correos electrónicos amenazantes a demócratas, fingiendo ser del grupo de ultraderecha Proud Boys.
Israel sigue con extrema atención, quizás más que nunca, las elecciones de Estados Unidos, tras cuatro años de sintonía entre el Gobierno de Benjamín Netanyahu y la Administración de Donald Trump y una serie de éxitos internacionales que no habrían tenido lugar sin esta.
La sintonía entre Netanyahu y Trump ha sido absoluta. Tanta que este último le preguntó al primero durante una llamada grabada en directo al anunciarse el último triunfo diplomático (reconocimiento de Israel por Sudán) si "sleepy Joe (el somnoliento Biden)" hubiese logrado este pacto. Bibi, ágil, escapó contestando que está agradecido a "toda ayuda para la paz de cualquiera en América”.
Trump reconoció en 2017 a Jerusalén como la capital de Israel, trasladó un año más tarde la embajada de Tel Aviv a Jerusalén y salió del pacto nuclear con Irán (como pedía Netanyahu); reconoció en 2019 el Golán sirio ocupado también como territorio israelí, presentó un plan de paz en 2020 que favorece las posturas israelíes y permite la anexión de un tercio de Cisjordania y facilitó los acuerdos de establecimiento de relaciones con Israel de tres países árabes: Arabia Saudí, Baréin y Sudán.
Casi todo ello contradecía el hasta entonces consenso internacional, dejó prácticamente sin efecto la Iniciativa de Paz Árabe y dificultó la consecución de la visión de la paz que establecieron los Acuerdos de Oslo, apoyados hasta ahora por la mayoría de la comunidad internacional y que prevén el establecimiento de un Estado palestino en base a las fronteras previas a la Guerra de los Seis Días (1967).
La fuerte relación personal de los dos dirigentes seguía además a fuertes choques con la anterior Administración estadounidense de Barack Obama, con informaciones de que este llegó incluso a dejar plantado en una reunión a Netanyahu y se fue a cenar con su familia, ante el encontronazo de opiniones.
En su último mes (diciembre de 2016), la Casa Blanca de Obama permitió la aprobación en el Consejo de Seguridad de la ONU de la Resolución 2334, que confirmaba que los asentamientos israelíes son ilegales y pedía a Israel que detenga su expansión y cumpla sus obligaciones bajo la Convención de Ginebra, que prohíbe trasladar población de la potencia ocupante a la ocupada.
Tras año y medio de crisis política, Israel tiene ahora un Gobierno de coalición con serios desacuerdos, que no consigue aprobar los presupuestos, sufre fuertes encontronazos periódicos y está encabezado por un primer ministro encausado por corrupción. Para este, mantener la fuerza que le da ser invitado de honor en la Casa Blanca, día sí, día también, es fundamental.
La población israelí también prefiere a Trump. Según una encuesta reciente, un 63 % cree que su triunfo electoral favorecería al país, frente a un 17 % que cree que una presidencia de Biden sería positiva.
Destacados rabinos del sionismo religioso pidieron hoy a los estadounidenses que elijan a Trump, que "ha bloqueado a Irán -el mayor enemigo para la paz global- y a su programa nuclear". Ayer, el movimiento colono hizo oraciones especiales en la Tumba de los Patriarcas de Hebrón pidiendo la reelección de Trump, en un acto que finalizó con los himnos nacionales de Israel y de EEUU.
Netanyahu, ferviente seguidor de las encuestas electorales, es consciente de que los sondeos le dan pocas probabilidades de poder prorrogar los cuatro años de idilio.
"Se está preparando para volver a la situación a la que está más acostumbrado, la que experimentó durante los primeros diez de sus catorce años como primer ministro de Israel: un presidente demócrata poco comprensivo", señala hoy en un análisis Anshel Pfeffer en el diario progresista "Haaretz". La estrategia, según él, es presentarse como el mejor primer ministro para lidiar con una administración demócrata.
En el mismo diario, Chemi Shalev advertía de que, si gana Biden, Netanyahu se convierte para los israelíes en "una carga" y será "el mayor obstáculo para recalibrar los lazos Israel-EEUU."
Por su parte, el líder supremo de Irán, Alí Jameneí, aseguró este martes que la política iraní no va a cambiar después de las elecciones de esta jornada en Estados Unidos porque no depende de la persona que se encuentre en la Casa Blanca.
“No importa quién gane las elecciones estadounidenses, no afectará a nuestra política hacia EE.UU.”, subrayó el líder en un discurso televisado con motivo del aniversario del nacimiento del profeta Mahoma.
Jameneí indicó que, dependiendo de si gana Donald Trump o Joe Biden, pueden ocurrir "ciertos eventos" pero -añadió- que estos "no conciernen" a Irán.
“Nuestra política es calculada y clara", aseveró el líder, quien también apuntó que sea quien sea elegido se mantendrá en EE.UU. "la corrupción política”.
Su alocución coincidió asimismo con el aniversario de la toma de la embajada estadounidense en Teherán en 1979 y de sus diplomáticos como rehenes, que derivó meses más tarde en la ruptura de relaciones por parte de Washington.
En el mundo hispanoamericano, el presidente brasileño, Jair Bolsonaro, un estrecho aliado del mandatario estadounidense, Donald Trump, alertó este martes sobre una "fuerte sospecha de injerencia de otras potencias" en las elecciones que se celebran en Estados Unidos.
"Es innegable que las elecciones norteamericanas despiertan intereses globales, en especial, por influir en la geopolítica y en la proyección de poder mundiales", escribió Bolsonaro en sus redes sociales.
En ese marco, alertó que "hasta por eso, en el campo de las informaciones, hay siempre una sospecha de injerencia de otras potencias en el resultado final de las urnas”.
Por su parte, el presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, aseguró este martes que la economía del país seguirá estable independientemente de quién gane los comicios estadounidenses de este 3 de noviembre.
“Estamos seguros que ante cualquier resultado en la elección de Estados Unidos, nosotros tenemos garantía de estabilidad económica y financiera. Nuestra economía es sólida, sana, y nuestro país cuenta con la confianza de inversionistas extranjeros”, sostuvo en su conferencia matutina desde Palacio Nacional.