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Ensayo

Javier Rupérez: Las crónicas de la pandemia

domingo 22 de noviembre de 2020, 18:03h
Javier Rupérez: Las crónicas de la pandemia

Sial/Pigmalion. Madrid, 2020. 274 páginas. 20 €.

Por Carlos Abella

El embajador de España Javier Rupérez (Madrid 1941) ha desarrollado una larga, fecunda y apasionante trayectoria política y diplomática, producto de una intensa vocación política, que ha trasladado en muchas ocasiones a distintos géneros literarios, la memoria, el ensayo y la novela. En estas Crónicas de la pandemia Rupérez ofrece a los lectores un sugerente diario de los meses que duró el severo confinamiento de los ciudadanos españoles entre los meses de marzo y junio de este año 2020, y que le sorprendió en Madrid, ciudad a la que llegó el 8 de marzo procedente de su residencia habitual en los Estados Unidos. Ante la imposibilidad de regresar unos días después, Rupérez desde el domicilio de su hermana Paloma en el centro de Madrid, nos brinda una magistral descripción de todas y cada una de las vicisitudes políticas, sanitarias, sociales y culturales que se sucedieron en un Madrid desierto, donde pasear un perro más allá de los límites de su domicilio podía ser considerada por algún municipal como una trasgresión de las rígidas normas del estado de alarma.

Al igual que James Stewart en La ventana indiscreta, el autor nos ofrece a través de sus prismáticos el duro y desangelado quehacer diario, la manipulación informativa de los datos, la ocultación de los riesgos de la manifestación feminista del 8 M, la inútil batalla política por conjugar el estado de alarma con las severas limitaciones de la libertad de los movimientos de los ciudadanos. Y aún es más interesante su reflexión respecto a si este virus va a modificar la visión de nuestras vidas y del futuro de la humanidad.

Le duele a Rupérez y asi lo reflejó en esos días en un magnífico artículo en ABC, “la negativa imagen de España que los medios internacionales de comunicación están transmitiendo al poner de relieve las incapacidades y torpezas del aparato institucional del país para hacer frente a la pandemia y sus consecuencias” (pág. 39).. Páginas más adelante se lamenta de que “nadie hubiera podido suponer que esto ocurriera bajo el mandato del peor y más incompetente, radicalizado y totalitario de los gobiernos que España ha tenido desde que Franco murió en 1975” (pág. 53).

Día a día, Rupérez va siguiendo las iniciativas que se fueron tomando en esos meses, y advierte con sagacidad de la imposibilidad práctica de una de ellas, surgida de la malévola maquinaria del Palacio de la Moncloa, que fue la pretendida reedición de unos Pactos de la Moncloa, que murieron tan pronto se terminó de pronunciar sus dos últimas vocales.

Resulta muy relevante la evocación de los espacios y personas de su añorada vivienda en la pequeña localidad conquense de La Puebla de Almenara, donde reposan los restos de su primera esposa Gerry y donde hay tantos recuerdos y afectos que Javier Rupérez acierta a valorar. Emotivas resultan sus conversaciones con su esposa Rakela, confinada a su vez en Estados Unidos con su hija Laura, a cuya graduación en la Universidad de Georgetown estaba previsto acudiera y que tuvo que ser narrada por una de las cotidianas conversaciones nocturnas a través del Whatsapp.

Rupérez cita con delicadeza los nombres de los amigos y de los personajes notables desaparecidos en esos meses, a causa la mayoría del maldito Covid 19, y entre ellos los del Carlos Falcó, marqués de Griñón, Luis Eduardo Aute, Lucia Bosé, Alfonso Cortina, el periodista Jesús Picatoste, Juan Cotino, Eduardo Cierco, Santiago Lanzuela, Fernando Serrano Suñer Polo, el diplomático Jose Pedro Sebastian de Erice, y su entrañable amiga de Cuenca Consuelo Ruiperez, y de tres políticos de gran talla y trascendencia política como Landelino Lavilla, Enrique Múgica, y Julio Anguita, cuyo criterio ha sido tan relevante en la reciente historia de España y que tanto se echa a faltar en estos momentos.

Rupérez pone de relieve su gran experiencia internacional exponiendo la visión planetaria de la pandemia y asi en la página 109, confiesa con pesar: “Es desalentador como todas las cosas importantes por las cuales uno ha hecho en la vida han desaparecido en el revuelo de una pandemia que habría tenido su origen, según parece, en los mercados húmedos de China, o en sus laboratorios epidemiológicos, lo mismo da”. Y es en el capítulo XXIV (págs. 129 a 134), donde analiza si China es responsable, las consecuencias de la pandemia en términos de conflicto internacional, y donde según él se ha acreditado la extraña similitud entre Donald Trump y Pedro Sánchez, (pág. 148), “ya que la pandemia ha dejado al descubierto sus enormes fragilidades, porque en ambos casos lo que les importa no es la vida de los ciudadanos sino las posibilidades de su propia supervivencia política”.

Y es en la página 249 cuando Rupérez formula esta reflexión: “No son pocos los que utilizan el vaporoso concepto de la nueva normalidad para describir una novedosa configuración internacional, dominada por las potencias autoritarias ascendentes, trátese de China o de la renqueante Rusia, a las que como segundones acompañarían un debilitado Estados Unidos y una insignificante Unión Europea”, que precede a esta otra: “Porque como queda suficientemente puesto de relieve a lo largo de estas líneas, tengo las peores opiniones posibles en lo personal y en lo ideológico de los integrantes del actual gobierno de España. No creo necesario, en estas líneas finales, insistir sobre ello. Pero si, acaso, reconocer a la pandemia el único servicio posible a la dolencia de la comunidad española; poner de manifiesto por si alguna duda al respecto existiera la torpe incapacidad y la dolosa venalidad del gobierno social comunista de Sánchez e Iglesias”.

Y concluye Rupérez (pág. 252) con este lamento sobre el anunciado deseo del Gobierno de Sánchez de organizar un homenaje de Estado en memoria de los muertos, considerando en su opinión que lo que “sus almas necesitan y no han tenido: un funeral ecuménico, de creyentes y de los que no lo son, dedicado a lamentar su pérdida, evocar su memoria y rezar por sus almas allá donde se encuentren. Para que no se queden solos. Que asi sea”.

Es este un libro escrito con contenida indignación, razonados argumentos y con la pasión que exige un drama humano mal resuelto por los poderes públicos, blindados por su poderosa maquinaria mediática, y la increíble complicidad de tantos profesionales de la comunicación, que estoy seguro será un magnifico medio literario e histórico para evocar cuanto sucedió en estos duros meses de confinamiento.

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