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MARADONA, LA BOTA IZQUIERDA DE DIOS

jueves 26 de noviembre de 2020, 08:01h
“El único presidente que tiene interés para mí es Fidel Castro”, nos dijo un jovencísimo Maradona...

“El único presidente que tiene interés para mí es Fidel Castro”, nos dijo un jovencísimo Maradona durante la cena que organizó Darío Valcárcel en mi despacho del ABC verdadero. El futbolista argentino pronunció estas palabras sin agresividad, con convencimiento y como una cuestión de hecho. Y aunque era ya un ídolo mundial que jugaba en el Barcelona, me pareció un hombre sencillo, espontáneo y con un gran sentido del humor. Unos años después tuve ocasión de ser su anfitrión en Sevilla, en el hotel Alfonso XIII, junto a Guillermo Luca de Tena, en la etapa en la que el delantero argentino jugó en el club de la capital de Andalucía.

Cada uno habla de los jugadores de fútbol tal y como los ha visto jugar. Desde los cinco años, empezando por el Atlético Aviación, primero en Vallecas y luego en el Metropolitano, asisto de forma habitual al fútbol y debo decir, después de tanto tiempo, que el mejor jugador al que yo he visto jugar es Alfredo Di Stéfano. Tras él situaría a Johan Cruyff y a Pelé, cuyo juego tuve ocasión de contemplar en tres ocasiones. Y hago un inciso especial sobre Stanley Matthews, al que, aparte de algún partido en Madrid, tuve ocasión de verle jugar reiteradas veces en Londres invitado por Alfonso Barra. Y sin olvidar el prodigio de Zinedine Zidane.

De Diego Armando Maradona recuerdo un partido sobresaliente en Madrid y varios mediocres en Sevilla. Pero dicho esto, es verdad que aparte de una técnica que bordeaba la perfección, tenía una personalidad que traspasaba el terreno de juego. También es cierto que la televisión nos ha permitido a todos contemplar algunas de sus jugadas y varios de sus goles absolutamente deslumbrantes.

Maradona es el orgullo de una nación y para los argentinos su nombre ocupa lugar primordial en la historia del país por encima de escritores, pintores, científicos, gardeles, evitas, guevaras y perones.

Bota izquierda de Dios, el astro argentino se vengó del desastre de las Malvinas con su gran victoria sobre Inglaterra. Lo hizo él solito marcando un gol que ha pasado a la historia del deporte mundial. Me han contado, en fin, y he tenido ocasión de leerlo en muchos sitios, los despropósitos y disparates de una vida particular especialmente conflictiva, pero no quiero entrar en ello. Además del recuerdo de la personalidad del jugador sobre el césped del estadio, guardo en la memoria las conversaciones que con él mantuve y que fueron las de un hombre sencillo, sin petulancias, enamorado de su profesión deportiva y preocupado por el bienestar de los demás. Diego Armando Maradona jugó maravillosamente al fútbol. Humanamente era pueblo y solo pueblo. Tal vez por eso los argentinos le han convertido en un dios.