
Guillermo Palomero, presidente de la Fundación, dijo a EFE que la cifra de trampas-lazo localizadas sigue descendiendo pero aún es muy alta, porque en ella no están comprendidas las retiradas por otros agentes de protección de la naturaleza correspondientes a organizaciones autonómicas o estatales. "Cada vez se quitan menos... pero siguen siendo demasiadas", afirma este dirigente conservacionista, para quien la trampa-lazo que lleva el oso pardo no ha sido puesta por apicultores que intentaran proteger sus colmenas de la voracidad del plantígrado.
Es cierto que los osos de la cordillera comen poco ganado y son más aficionados a los colmenares, pero -afortunadamente- los ataques a colmenares se evitan prácticamente con el uso de pastores eléctricos, opinó. "Lo más probable es que el lazo haya sido puesto por alguien que intentase quitar los jabalíes de en medio o que busca trofeos de corzos o ciervos", estimó.
La búsqueda del ejemplar herido continúa en los Municipios de Degaña(Asturias), y Palacios y Páramo del Sil(León). Los agentes vigilan desde espacios estratégicos, con el objetivo de llegar hasta el oso, lanzarle un dardo anestesiante, proceder a quitarle el cable de acero y curarle la herida.
Los diez guardas que escrutan la zona han visto a cinco ejemplares adultos. Es buena época para los osos, porque hay por aquí abundancia de comida en las arandaneras. Los integrantes de la operación de captura quieren localizar pronto al animal herido, porque los veterinarios afirman que sus heridas pueden agravarse si no se cierran, y ese cierre es imposible porque el animal arrastra parte de su trampa y esto le debe producir numerosos tirones y dolores.
Por otra parte, en medios cercanos al ámbito de los apicultores no ha sentado bien la nota distribuida ayer por la organización conservacionista FAPAS, en la que se relaciona el aumento de venenos con desacuerdos de los apicultores con la política de indemnizaciones de la Junta de Castilla y León.