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En la FRONTERA

Sí a la educación especial

sábado 28 de noviembre de 2020, 19:29h

No es la primera vez que lo decimos, ni será la última: sí a la educación especial. No hay derecho que familiares de miles de niños y jóvenes españoles no sepan que va a ser de ellos, cuando, si Dios no lo remedia, el gobierno español con su nueva Ley de Educación intente echar el cierre a los centros de educación especial.

Yo invito desde aquí a que estos “políticos progresistas” visiten un día, solo un día, uno de estos centros que son ejemplo para todos. Propongo uno: ABANTOS. Está en la localidad madrileña de Las Rozas y hay que ser un gran profesional para trabajar allí y sobre todo para acoger cada día a niños y jóvenes, que con grandes discapacidades tratan de aprender lo que su grado de dificultad les permite y que reciben no solo ese aprendizaje, sino el cariño de unas personas que viven y se desviven para esos niños y jóvenes.

Yo invito desde aquí a esos “políticos progresistas” a estrechar las manos de esos niños y jóvenes, que con diferentes síndromes les van a hablar con su media lengua, si pueden, y les van a mirar y pedir con sus bellísimos ojos, que allí comen, juegan y aprenden lo que pueden, que sus profesores son sus amigos y que ahora, en estos días, están preparando la representación de Navidad, sin saber, que este año sus padres no van a poder ir a verlos por culpa de un bichito raro.

Yo invito a esos “políticos progresistas” a que hablen con los profesores de educación especial y que estos les informan que fuera de esos centros no hay integración que valga, que en los centros llamados “normales” un niño con parálisis cerebral, por ejemplo, no puede ser atendido ni por maestros ni por compañeros.

Yo deseo que este gobierno recapacite y después de la visita de esos “políticos progresistas” de marcha atrás y la señora Celáa antes que ministra del ramo y circunstancial, sea una persona con sensibilidad, por lo menos la misma que cuando visitaba el colegio donde llevaba a sus retoños y asistía su fiesta de Navidad, protagonizada por niños que no estaban, gracias a Dios, enfermos.

Hoy los niños y jóvenes discapacitados merecen el respeto de todos y no el aparcamiento que otros proponen y que me recuerdan a tiempos pasados muy duros.

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