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TRIBUNA

Los orígenes del Sistema Nacional de Salud

Juan José Laborda
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1718lamartingmailcom/12/12/18
viernes 04 de diciembre de 2020, 20:06h

Pedro Sabando (Gijón, 1941), en este año que se ha puesto a prueba la sanidad española, ha publicado dos libros importantes: “Así se creó el Sistema Nacional de Salud”, y (coordinado con Francisco Torres-González y Fernando Lamata) “El Sistema Nacional de Salud. Pasado, presente y desafíos de futuro”, Ediciones Díaz de Santos, Madrid, 2020.

Pedro Sabando fue subsecretario de Ernest Lluch (1937-2000) en el Ministerio de Sanidad del primer gobierno socialista de Felipe González (Sevilla, 1942), y como tal participó en la redacción de la Ley General de Sanidad (1986), la norma que crea el Sistema Nacional de Salud, que tal vez sea la institución más importante de todas las creadas en el Estado de Bienestar de nuestra democracia constitucional.

Ambos libros son imprescindibles para los responsables políticos, los profesionales sanitarios y para cuantas personas están preocupadas por la sanidad de nuestros días y su futuro. Ambos libros, además de mostrar la opinión cualificada de sus autores, son fuentes documentales para conocer el origen y los problemas actuales de la sanidad pública española.

No es la primera vez que comparo la sanidad pública con la enseñanza pública, y mientras las leyes educativas han cambiado con cada cambio de Gobierno, la Ley General de Sanidad se ha mantenido desde su aprobación, hace 34 años, como la comprobación de que las leyes aprobadas con acuerdos entre distintas ideologías son imperfectas -como lo es la Ley General de Sanidad-, pero sin embargo, sus acuerdos producen estabilidad en el tiempo, y la estabilidad es la condición imprescindible para que instituciones como el sistema sanitario -que funcionan con hombres y mujeres muy distintos e imperfectos- mantengan en el tiempo los objetivos e ideales de quienes las imaginaron, las pactaron y las aprobaron.

Ahora bien, las leyes resultado de grandes acuerdos, necesitan reformas, pues las imperfecciones de origen, con el paso del tiempo, se transforman en problemas.

La pandemia, y la incapacidad de algunos responsables gubernamentales y autonómicos para combatirla, nos ha mostrado que la sanidad tenía problemas severos que ahora se han puesto de relieve con toda crudeza. En el libro que comparte con sus dos colegas médicos, Pedro Sabando, en un capítulo titulado, “¿Uno o diecisiete sistemas de salud en España?”, señala que no existe en el mundo un modelo que con múltiples sistemas sanitarios mantenga al mismo tiempo la igualdad de todos los habitantes a la hora de recibir asistencia sanitaria. Pedro Sabando concluye su trabajo así: “…la previsión más probable es que en más o menos tiempo se consume la ruptura de este (el Sistema Nacional de Salud) en diecisiete sistemas de salud distintos con cada vez más escasos mecanismos de relación. Y, en todo caso, que se consume también la perdida de la protección sanitaria universal e igual para toda la población en todo el territorio español.”

Pero las consecuencias de la cada vez más descoordinada gestión sanitaria no se limita a la desigualdad del nivel económico y del territorio donde los ciudadanos viven, sino que ha debilitado al sector industrial dedicado a la medicina, que hace unos años contaba con un empuje notable, apoyado en unos excelentes profesionales e investigadores surgidos del sistema, pero que con la regionalización del mismo (que ha facilitado su privatización parcial) ha perdido las dimensiones necesarias para competir en un sector dominado por los grandes países y las grandes empresas.

Pedro Sabando reclama un gran acuerdo político para hacer frente al declive del sistema nacional sanitario. Si ya no es posible una recentralización de las competencias sanitarias, la única solución posible es reformar el Senado -algo que ve Sabando- para que los gobiernos de las Autonomías se relacionen con el Estado a través del Senado (poniendo fin a la nefasta relación actual de los partidos políticos con el Gobierno en en Congreso, que favorece sólo a los nacionalistas en su objetivo de erosionar al Estado).

Su libro “Así se creó el Sistema Nacional de Salud” es también un testimonio del reconocimiento sincero de que su ministro, Ernest Lluch, acertó con su estrategia de buscar un gran acuerdo con la Ley General de Sanidad, a pesar de que estaban en contra las corporaciones médicas (capitaneadas por el doctor Ramiro Rivera), la CEOE (con Pedro Arriola agitando febrilmente diversos sectores, no solo sanitarios), los grupos parlamentarios de Alianza Popular, los nacionalistas (que acusaban a la ley de recentralizadora), CCOO y el PCE, y también UGT (que había destruido su prestigiosa federación de sanitarios al fusionarla con la de funcionarios y trabajadores de Correos¡!), el Grupo Federal PSOE de Sanidad (que lideraba Ciriaco de Vicente, que no había sido nombrado ministro del ramo), incluso compañeros del Gobierno, como Miguel Boyer y Joaquín Almunia. Felipe González venció las resistencias internas, y Ernest Lluch lo consiguió con las externas. Sin embargo, en medio de la terrible ofensiva, Pedro Sabando le presentó la dimisión a su ministro. La Ley se aprobó. Cuando llegó al Senado, Lluch me dijo -pues entonces yo era portavoz de los senadores socialistas-, que quería por encima de todo acuerdos con la oposición. La Ley fue aprobada con apoyos que dos años antes parecían imposibles; no hubo recurso ante el Tribunal Constitucional. Recuerdo al ministro Lluch condecorando a sus ponentes parlamentarios. Pedro Sabando y Ernest Lluch siguieron siendo amigos. Y Sabando dice de Lluch, al final de su libro: “Unos asesinos nos privaron de una personalidad especialísima, que en su madurez habría aportado mucha inteligencia en estas horas difíciles.”

Juan José Laborda

Consejero de Estado-Historiador.

JUAN JOSÉ LABORDA MARTIN es senador constituyente por Burgos y fue presidente del Senado.

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