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AL AIRE LIBRE

A OSCURAS Y ENCELADA

sábado 05 de diciembre de 2020, 17:58h
Al comienzo de la democracia me correspondió organizar la agencia Efe en una decena de países comunistas...

Luis María Anson, académico de la Real Academia Española y Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades, publicó en el diario El Mundo este artículo reproducido por Google y comentado en las redes sociales. Los lectores de El Imparcial lo encontrarán a continuación:

Al comienzo de la democracia me correspondió organizar la agencia Efe en una decena de países comunistas. Mantuve en ellos largas conversaciones con compañeros profesionales y con dirigentes políticos, y entendí, aunque no compartí, muchas de las argumentaciones de aquel sistema totalitario que terminó derrumbándose en toda Europa.

Al reflexionar sobre la educación, el criterio era sencillo y unánime. La igualdad de oportunidades solo se consigue con una educación pública similar para todos y como el Estado paga desde el jardín de infancia hasta la Universidad, niñas, niños y adolescentes deben ser educados conforme a lo que el Estado considera conveniente. Los hijos son del Estado, no de los padres.

En algunos países como Rumanía, Bulgaria y sobre todo Polonia, la resistencia que encontró el comunismo para liquidar los colegios religiosos fue considerable, pero el sistema dictatorial totalitario impuso los propósitos ideológicos, máxime cuando uno de los principios leninistas sustanciales consistía en considerar a la religión como el opio del pueblo.

No solo el comunismo decadente sino el laicismo en auge, y cada vez más acelerado en determinados sectores de las sociedades democráticas, mantienen el objetivo hostil a la enseñanza impartida por las órdenes religiosas. Y esa es la situación en la que estamos actualmente en España. Desde los jesuitas a los marianistas, pasando por varias decenas de congregaciones religiosas, la educación en los colegios católicos es sobresaliente y está generalizado el criterio de la superioridad educacional de la escuela religiosa sobre la pública. Conviene adentrarse en la sustancia del problema educacional y no quedarse en anécdotas menores idiomáticas o circunstanciales. Hay políticos incapaces de desprenderse de la superficialidad.

A oscuras y encelada, según el verso del mejor poeta español de todos los tiempos, pero conforme a la segunda acepción desusada del Diccionario, de lo que se trata es de evitar que se encubra, que se esconda, que se disimule la nueva ley de Educación. Resulta necesario, es imprescindible, desencelar la ley Celaá y exponer sin tapujos y con claridad su propósito de fondo a medio plazo: marginar en España la educación de los colegios administrados por las órdenes y las congregaciones religiosas. El objetivo final se centra en eliminar a la Iglesia Católica de la educación.