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TRIBUNA

Allegados

domingo 06 de diciembre de 2020, 20:04h

Decía Stalin que “de todos los monopolios de que disfruta el Estado, ninguno será tan crucial como su monopolio sobre la definición de las palabras. El arma esencial para el control político será el diccionario”. Con la nueva normalidad se están acuñando nuevos conceptos. Al concepto de “patriota” -¿Nadal? ¡No! Otegui- se suma el de “allegados”. Según el alertólogo Simón, ese espejo de virtudes, el allegado es alguien que, sin ser familiar, puede sentarse a la mesa por Navidad. La Navidad es familiar pero en algunos hogares de alma caritativa es tradición invitar a un pobre a la cena de Nochebuena. Algo parecido ocurre en Moncloa donde el Gobierno también sienta a la mesa a algún que otro menesteroso, uno que, por no tener, no tiene ni pistola, otro que, por no tener, todavía carece de nación. Y lleva veinte siglos sin ella. ¡Y lo que te rondaré morena! Está Moncloa atestada de allegados que son patriotas del “qué hay de lo mío”. Ni razón de Estado ni modos de Gobierno.

Burocratizarlo todo no equivale a potenciarlo. Pero el alertólogo Simón, ese hombre que cree dedicarse a derramar ilusiones en el corazón de las personas desgraciadas, ha sido clemente en su comedia sobre el virus. Por estas fechas tan entrañables y familiares que se avecinan, ha decidido, impartiendo aquello de “gracia y justicia”, permitir graciosa y justamente que las celebraciones domésticas tengan un aforo de hasta diez miembros. “Una concesión”, ha dicho, con una postura más de figurante que de experto científico. Debe de haber negociado con el virus, a fin de que éste no ataque cuando el grupo de humanos sea inferior a diez. Antes, debió de negociar fijando el límite en seis. Toda una audacia propia de la mejor diplomacia epidémica. Como dice Alexis Carrel en La incógnita del hombre, “hace tiempo que comenzamos a sentir la debilidad de nuestra civilización. Muchos desean escapar, hoy día, de los dogmas de la esclavitud moderna”.

Según Simón y sus líricas divagaciones, hay que evitar en Navidad el coladero. ¿Qué es coladero ¿El puerto canario de Arguineguín? ¿La defensa del Barça? ¿Las tragaderas de Ferraz? Creen muchos españoles que se les debe una reparación a tanto esfuerzo de disciplina y de dignidad consumidos y, sobre todo, después del repetible fracaso de tanto insultante esnobismo ideológico. Digan lo que quieran los que atienden más a las voces que a las palabras, a las consignas que a las ideas, a la ideología que a la ciencia, cuando Simón dice de manera conturbada que la remolacha ha sido atacada por la pulguilla, es la duda la única actitud razonable que por el momento se puede adoptar. Porque como la inteligencia busca lo absoluto, España espera, desde hace tiempo, una austera y recia servidumbre a la verdad. Las verdades parciales son siempre una mentira. Y hay que tener dignidad para proclamar derrotas. Está escrito en el Quijote: “Si la buena intención falla en los principios, siempre irán errados los medios y los fines”.

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