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Y DIGO YO

Sánchez, Casado y la lucha por el centro

martes 15 de diciembre de 2020, 19:12h

Que las mayorías en el Parlamento español son difíciles de alcanzar y eso lleva a pagar peajes impensables y éticamente reprobables es una obviedad que nos recuerdan todos los días los socios de Gobierno de Pedro Sánchez.

El jefe del Ejecutivo estará muy orgulloso de ser el inquilino de la Moncloa, pero ha de saber que pasa ya a la Historia como el presidente que vendió su alma a los independentistas, de un lado y de otro, con el agravante de que unos todavía no han condenado décadas de asesinatos, de secuestros y de terror, y otros llegaron a proclamar la república catalana, aunque fuera por unos segundos, tras un referéndum de autodeterminación ilegal.

Lógicamente, ni Sánchez ni nadie con un mínimo de respeto por sí mismo quiere que se le recuerde por dormir en un colchón nuevo en la sede del presidente del Gobierno gracias a los que quieren romper el país que has jurado por tu honor defender.

Por todo ello, aunque existen dudas de que le realmente le importe, no se descarta un giro de la política de Pedro Sánchez al centro ideológico para desmarcarse de sus socios más cercanos que, efectivamente, sí parece que alguna vez le hayan impedido dormir bien. Gobernar al lado de Pablo Iglesias es hacerlo vendido y representando a España a medias. Si cada uno dice y hace cosas diferentes, quédense ustedes con la parte que menos les duela…

Esto no quiere decir que Sánchez sea una persona moderada, de centro, significa únicamente qué es lo que le interesa ahora visto que los Presupuestos Generales del Estado para 2021, que pueden ser para toda la Legislatura, están prácticamente aprobados. Así, el secretario general del PSOE más radical de la Historia reciente de España quiere el centro para alejarse en la medida de lo posible de la mala imagen que le proporciona Pablo Iglesias y su tropa de Podemos. El problema es que el presidente del PP, Pablo Casado, también quiere ese centro.

El líder de los populares lleva más tiempo trabajándoselo y Ciudadanos, nunca mejor dicho, en el medio de todo. Tras la crisis de la formación naranja, que no parece acertar con apoyos varios al Gobierno para luego desdecirse, Casado quiere motivar a la parte de centro derecha e intentar arrastrar a la de centro izquierda que no se crea las nuevas buenas intenciones de Sánchez.

El acercamiento del PP a Ciudadanos pretende ser suave. Tras la ruptura con Vox, o lo que los populares entienden que representa, Casado quiere que la “absorción” con la formación que lidera Inés Arrimadas sea tranquila y bien avenida, pese a que no irán juntos en las próximas elecciones en Cataluña. La estrategia de Génova está en ganar representación -la máxima posible, teniendo en cuenta que una parte del electorado de Cs preferirá opciones más de izquierdas- por ese lado del tablero quizá porque la formación de Santiago Abascal tiene bien convencidos a los suyos y no ven mucho donde rascar.

Por su lado, Sánchez busca nuevas caras que le puedan dar una imagen más centrista, que no centrada, y en ello trabaja ahora que se le despeja el panorama presupuestario. La pandemia, si todo sale como se espera con la llegada de las vacunas, cambiará de tercio y pasará de las áreas sanitarias a las económicas. Y esos miles de millones de euros prometidos por Europa, único eje de la política del PSOE, son la otra vacuna que quiere empezar a administrar ya, pero con un perfil menos radical.

No lo tiene fácil. En Podemos saben perfectamente lo que quiere hacer el líder socialista y los cuchillos no paran de volar de un lado a otro en la mesa del Consejo de Ministros. De momento, quien parece pertrecharse mejor es el equipo de Pablo Iglesias, que va ganado pequeñas batallas que merman más si cabe la imagen de un Sánchez dependiente de los populistas, nacionalistas, independentistas y amigos de los etarras.

Pero el jefe del Ejecutivo es, a fin de cuentas, el que tiene la capacidad de quitar y poner ministros. Quiere una crisis de Gobierno y la quiere ya para que le dé tiempo a recuperar una imagen más moderada, pero, hay que insistir, no es tarea sencilla. Al ministro de Universidades Manuel Castells o al de Ciencia e Innovación Pedro Duque no los echará nadie de menos y al de Consumo Alberto Garzón, tampoco. Pero, ¿se atreverá Sánchez a moverle la silla a la ministra de Trabajo, Yolanda Díaz? ¿Y a la de Igualdad Irene Montero?

Díaz parece ser la más fuerte para aguantar en el puesto y, pese a su radicalidad con determinadas medidas económicas y contra las que está la otra parte del Gobierno, se le reconoce un valor. Porque Montero no ha hecho prácticamente nada, pero, claro, es quién es y nadie duda de que está en el cargo por ello. Por trabajo, hay que reiterar, no se ha ganado el sueldo.

Lo que más curiosidad suscita será ver cómo Sánchez empieza a dar de lado a los partidos que tantas promesas se han guardado tras apoyar los Presupuestos y qué cartas presentan los vascos y catalanes que se quieren independizar de España cuando noten el desprecio. También será digno de observación su apoyo dentro del propio Gobierno. A buen seguro que Pablo Iglesias, pese a liderar un partido en declive, no se quedará quieto y que ERC, Bildu y Podemos no han dicho todavía su última palabra.

Javier Cámara

Redactor Jefe de El Imparcial

JAVIER CÁMARA es periodista

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