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TENIS

ATP. Rafa Nadal, sincero: "Quizá he llegado al límite, pero no tengo miedo a la retirada"

ATP. Rafa Nadal, sincero: 'Quizá he llegado al límite, pero no tengo miedo a la retirada'
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domingo 20 de diciembre de 2020, 07:02h
Actualizado el: 20/12/2020 18:54h
El astro español ha reflexionado sobre su carrera, su relación con el público francés, sus partidos más duros y su futuro.

Rafael Nadal se encuentra preparando su cuerpo para afrontar el calendario de 2021. Un año en el que ya se ha confirmado la disputa (y las fechas) del primer Grand Slam, el Abierto de Australia. Se trata de una temporada en la que el mejor deportista español de la historia buscará aumentar su palmarés para ampliar un legado que ya ha rellenado como legendario. En este impasse, en balear ha concedido una entrevista al programa 'Álvarez Café' de RTVE. En ese espacio, el astro nacional ha repasado la actualidad, su pasado y su futuro.

"No he vivido muy rápido. Las cosas han ido pasando y he disfrutado de cada momento. Es verdad que en el deporte hay poco tiempo para descansar, para dormirte o auto-complacerte. Cuando uno se despista las cosas rápidamente cambian y van mal, pero he disfrutado de muchas cosas que no hubiera imaginado jamás", avanzó el zurdo, que confesó que compatibilizó el tenis y el fútbol hasta que fue adolescente. "Yo jugaba al fútbol de pequeño. Empecé a jugar al tenis porque mi tío era entrenador y llevaba la escuela de iniciación del Club de Tenis Manacor. Me empezó a llevar y jugaba una vez por semana a los tres años. Poco a poco fui jugando más, pero también jugué al fútbol hasta los 13 años. Después no hubo opción de seguir con todo y tenía que estudiar. Hay un cúmulo de circunstancias que te ayudan a tomar un camino, como le pasa a mucha gente", narró.

Preguntado por la influencia de su tío en su trayectoria deportiva, Nadal expuso que "fue decisivo para que yo jugara al tenis". "No creo que se pueda valorar en un porcentaje su importancia, pero es muy elevado. Es la persona que ha estado conmigo desde el comienzo, entrenándome, y la que me ha guiado profesional y tenísticamente hablando hasta conseguir los éxitos, hacia 2004 o 2005. Pero también he tenido a mi padre y a mi madre, y al resto de familiares que me han acompañado", alegó. Y calificó como una "leyenda" esa teoría que dice que era diestro y cambió de mano. "Jugaba a dos manos tanto el 'drive' como el revés, porque no tenía fuerza. Mi tío me dijo que tenía que cambiar y jugar a una mano, y me salió natural jugar con la izquierda. Tengo mucha más sensibilidad en todo con la derecha, pero es verdad que juego al fútbol y al tenis con la izquierda. Son cosas extrañas", especificó.

"Lo del pantalón lo llevo haciendo desde muy pequeñito y tiene poca solución. El tenis es mentalmente exigente. Competimos casi cada día. Si juegas hoy y ganas, la felicidad te dura muy poco porque a las pocas horas tienes que estar centrado en el partido de mañana. Y sabes que puedes ganar o perder. Partiendo de este principio básico, cada cual encuentra su camino para conseguir una concentración adecuada. Para que en el momento justo las cosas estén colocadas. El hecho de tener unas rutinas tan marcadas me ayuda a tener esa sensación de estar totalmente focalizado y no despistarme. Porque en los entrenamientos no las hago", manifestó sobre sus afamadas manías. Para, de inmediato, negar que tarde tanto tiempo en efectuar cada saque para molestar a los rivales.

La charla abordó fechas trascendentales para el jugador, como su rol de abanderado de la selección española que ganó la primera Copa Davis en el 2000. "En esa época era un niño que jugaba al tenis. No conocía personalmente a Ferrero, Albert Costa, Corretja o Balcells, sólo de verlos por televisión. Era muy tímido, con lo que estar allí era más un agobio que una satisfacción. Pero pude vivir la final entera en Barcelona, un momento histórico para el tenis español, y lo disfrute al máximo", relató.

El manacorí ganó en la edición de 2004, en Sevilla, su primer entorchado. Y lo recordó, desde su perfil humilde, así: "Yo hago mi punto. Era muy jovencito y gané a Roddick, pero sólo gané mi punto. Carlos (Moyá) los remató. Al final, se me atribuyó en ese momento el mérito extra, supongo que por la edad y la novedad, pero el gran artífice de esa final fue Carlos Moyá. Asumí una responsabilidad que en teoría no me tocaba, no iba a jugar el individual, pero las circunstancias llevaron a que yo fuera elegido. Siempre lo digo: es de los partidos que recuerdo de una manera muy especial".

"El 2005 fue el año en el que empiezo a destacar definitivamente. Antes de ganar (su primer) Roland Garros ya había ganado en Brasil, Acapulco, Montecarlo, Barcelona y Roma, con lo que cuando llego a Roland Garros y lo gano, es verdad que era muy joven y que era la primera vez que competía allí, pero era uno de los favoritos porque llegaba después de ganar los torneos de tierra. Era uno de los candidatos y al final consigo llevarme el triunfo. Y es uno de los momentos más importantes de mi carrera. Es hacer realidad un sueño", recordó en relación con ese entorchado inaugural en Francia.

Cuestionado por la edición más difícil, Rafael elaboró este razonamiento: "En el primero tienes el desparpajo de la juventud, la novedad y la inconsciencia, y eso te da un extra de tranquilidad. Tenía energía de sobra para compensar los nervios. Pero el de 2011 fue muy difícil, después de un año que venía complicado. De todas formas, en el que las condiciones eran más adversas ha sido el de 2020, después de muchos meses sin jugar. Previamente sólo jugué en Roma y perdí en cuartos de final y las condiciones eran muy duras en París. Jugar con frío es difícil para mi cuerpo y mi estilo". "Mis golpes son menos efectivos. Roland Garros es una pista muy grande y controlo muy bien los ángulos, pero para eso necesitas que la bola que te responda a la raqueta. Este año cambió la bola y eso se unió al frío, con lo que cogía menos efecto. Pero conseguí mejorar día a día y llegar a un nivel que no podía imaginar dos semanas atrás", sintetizó.

"La final salió mejor imposible (6-0, 6-2 y 7-5). Es la realidad. No te puedes imaginar que un partido tan importante y con un rival como este (Novak Djokovic) pueda salir de esa manera. En el calentamiento, que calentamos 40 minutos, la sensación fue mucho mejor que en los días previos. Salí al partido con una concentración y tranquilidad que me dio el hecho de saber que había recuperado mi nivel. Salí y las cosas empezaron a caer de mi lado. Aunque el resultado era abultado en los dos primeros sets, hay momentos clave y esos momentos cayeron de mi lado e hicieron una diferencia decisiva", describió, con respecto a la histórica victoria lograda este año.

También habló sobre su relación con el público galo: "Siendo sincero, en el comienzo, en algún partido en la Philippe Chatrier se puso la cosa complicada. Es normal también. Nunca lo tomé como algo personal y Francia es uno de los países en los que me siento más querido. Antes, cuando la gente se pensaba que en París me trataban muy mal, no era verdad. Paseaba por París y el cariño y el reconocimiento era total". "Es verdad que cuando jugabas con franceses o con Federer, que en aquel momento no había ganado nunca, la balanza se inclinaba hacia el otro lado, pero nunca me lo tomé como algo personal", matizó.

"En Wimbledon siempre nos había costado jugar bien a los españoles y yo tenía la determinación de jugar bien siempre allí. Perdí la final en 2006, en cuatro sets con Federer, pero no estaba preparado. Jugué la de 2007 y ahí estaba preparado. Perdí en cinco sets y esa final sí que me dolió. En ese momento no sabía si iba a volver a tener una oportunidad. Y al final se presentó al año siguiente, en 2008. Fue muy especial porque tuvo de todo aquel partido: parones por lluvia, cinco sets, pelotas de partido, se fue la luz... la gente que lo ve por la tele no sabe la realidad. Estábamos en una situación límite y creo que la final de 2007 me ayudó a encarar la de 2008. Se terminó ganando y conseguí ganar uno de los partidos más importantes de mi carrera. He jugado muchos partidos muy intentos y de tensión, pero a nivel emocional es el más importante", repasó en lo relativo a su experiencia en el torneo británico.

Asimismo, compartió esta anécdota con Federer que retrata la mentalidad del personaje: "Perdí la final en Hamburgo (2007) y llevaba 81 partidos seguidos sin en perder en tierra. Era el récord histórico, por encima de (Guillermo) Vilas. Aquel día perdí y me hizo ilusión guardar la camiseta de Federer en aquel día que perdí. La tengo guardada y me hace ilusión". Y, por último, reflexionó sobre su único título en Australia, en la final en la que el helvético acabó llorando. "Vives bajo un paraguas de emociones. Estaba hecho polvo de las semis, que había jugado más de cinco horas con Fernando (Verdasco). Llegué a la final con poca energía y se antojaba muy difícil, pero hablando con mi tío, me hizo algunas reflexiones y salí al partido y empecé a tener mejores sensaciones. Era muy importante para mí el inicio, que empezara bien, para engancharme al partido. Y es lo que pasó. Pude estar enganchado, jugué un partido muy bueno y gané. Y después del partido sí que estuve varios días 'en coma'", narró.

Sobre sus vivencias en los Juegos Olímpicos, Nadal explicó que su único oro individual, el de Pekín 2008, lo jugó contra "Fernando González, que era un jugador que jugó el Masters de Shahghai y terminó entre los ocho mejores en 2007. Van pasando los años, pero en aquel momento era muy bueno. Jugué también la final de Roma contra él. Lo que ocurre es que jugué las semis contra Djokovic y Federer perdió contra Berdych". "Lo que se ha vivido en estos años, que estén los mismos en casi todas las finales, nos hemos acostumbrado pero no creo que vuelva a pasar. Pero los JJ.OO. son una experiencia inolvidable, diferente a en todo lo que he competido. Lo he disfrutado al máximo, viviendo la competición de forma distinta y con una sensación de responsabilidad mayor, porque no sólo juegas para ti sino para tu país", señaló.

Añadió que "conseguí la medalla en Río (2016) con uno de mis mejores amigos y fue muy especial". Me había roto la muñeca y no sabía si iba a llegar. Sería una catástrofe porque me había perdido los de Londres (2012), pero llegué muy justito. Se decidió competir en individual y en dobles, y me llevé el oro en dobles, que era mucho más de lo que hubiera esperado", admitió. Y reseñó una anécdota con Michael Phelps que data de los JJ.OO. de 2008 (ganador de 23 oros olímpicos). "Vino a saludarme y pude hablar con él unos minutos. Soy tímido para estas cosas y me cuesta, porque igual que él me puede ver como un referente, yo también le veo a él como tal, así que me cuesta. Pero tuve la suerte de que viniera a saludarme y pudimos hablar y hacernos una foto. Lo bonito de los Juegos Olímpicos es que todos los deportistas somos lo mismo, hablando el mismo idioma, nos hemos esforzado para cumplir nuestro sueño. Allí no hay estrellas que estén por encima y eso es único", expuso.

La conversación se cerraría con las lesiones y el futuro encima de la mesa. Sobre el primer punto, Nadal arguyó esto: "He tenido muchos problemillas durante mi carrera, pero siempre he salido adelante y se ha encontrado la solución médica, tenística y mental. Porque muchas veces el problema, además de físico, es lo que te queda en la cabeza. Necesitas un proceso". Y sobre su retirada, se sinceró de esta manera: "Quizás he llegado al límite (de Grand Slams). Lo que hago es estar preparado para no terminar y cuando llegue ese día, que no sea por no haberlo intentado en todo momento". "Creo que sigo estando con ilusión y con ganas de seguir adelante, pero sin ningún miedo a que llegue ese día. En la vida tengo muchas cosas que me hacen feliz fuera del tenis y eso me quita la tensión de no querer que llegue ese día. Me lo tomo con naturalidad", sentenció.

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