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TRIBUNA

La vida por delante

Jesús Romero-Trillo
jueves 24 de diciembre de 2020, 18:59h

“La vida por delante” es el título de la última película protagonizada por Sofía Loren. El filme está basado en la novela homónima escrita por Romain Gary, publicada en 1975 y galardonada con el Premio Goncourt. La actriz da vida en el filme a Madame Rosa, una anciana italiana ex prostituta y superviviente de Auschwitz que se gana la vida acogiendo en su casa a niños “descartados”, bien por ser hijos de prostitutas o por no tener familia. Madame Rosa tiene una actitud hacía los pequeños que combina la disciplina institucional de quien ha sufrido el holocausto, con la actitud de abuela condescendiente que sabe educar a quienes sufren una infancia difícil.

El barrio de la ciudad italiana de Bari donde se desarrolla la acción mezcla la Italia profunda de Passolini con un aire de multiculturalidad alejado de todo tipo de glamour. Este barrio es el caldo de cultivo en el que Momo, el niño senegalés que protagoniza la película junto a Madame Rosa, empieza a tener escarceos con la pequeña delincuencia y el trapicheo de drogas. Con ellos también conviven Joseph, un niño judío, y Lola, una joven prostituta transexual con su hijo de poca edad. El paso por el hogar de Madame Rosa hará a todos cambiar su vida.

La relación entre los protagonistas evoluciona a lo largo de la película convenciendo al espectador de algo esencial: la familia es la única salvación en la vida, también cuando la familia no es convencional. Lo que demuestra la familia de Madame Rosa es que sus miembros se necesitan, se quieren, se cuidan, se echan de menos y que es posible aprender a ser familia. En el hogar de Madame Rosa viven italianos y extranjeros, judíos y musulmanes, y sus identidades se complementan en una relación de cariño y respeto al diferente.

El encuentro con Madame Rosa cambia a todos. Momo decide abandonar la pequeña delincuencia para cuidar de la anciana; Lola decidirá volver a ver a su padre en España, sin saber si la aceptará; y Madame Rosa acogerá a Momo como un nieto. En este diciembre de 2020 se celebra el 250 aniversario del nacimiento de Beethoven. Se cuenta que el compositor escribió a uno de sus mecenas, el Príncipe Lichnowsky, tras una discusión: "príncipes ha habido y habrá miles, pero Beethoven sólo hay uno." Esta frase demuestra una profunda sabiduría, porque las personas que cuentan de verdad, las que cambian la historia de nuestra vida, son únicas.

Contemplando la historia de Madame Rosa pienso en los miles ancianos que tras haber vivido en una familia se apagan solos en habitaciones anónimas de hospitales y residencias. Igual que hubo un único Beethoven para la música y una sola Madame Rosa en la vida de Momo, cada anciano es único aunque muchas veces nuestra sociedad no es capaz de comprenderlo. Momo y Madame Rosa son un ejemplo de la familia que se puede construir.

Es urgente apostar por la relación entre nietos y abuelos, pero también entre niños y ancianos, aunque no compartan lazos de sangre. Educar en la convivencia intergeneracional es crear un puente entre el futuro y la historia, entre la fuerza y la sabiduría. Es cierto que los ancianos viven más y mejor cuando están acompañados, pero también es cierto que solo una sociedad que cuida de sus ancianos tiene vida por delante.

Jesús Romero-Trillo

Catedrático de Filología Inglesa en la UAM

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