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LA BÁMBOLA

Ángel Guache enjabona sus barbas bajo la ducha ardiente del entusiasmo

Diego Medrano
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diegomedranotelefonicanet /12/12/23
jueves 24 de diciembre de 2020, 19:00h

Ángel Guache publica los discos a pares y siempre en colaboración festiva: Ojo de huracán: 30 sonetotes(con Marcelo Pull) y En los labios la ironía (con Latonda). El juglar empezó en la poesía para niños, donde forzar el lenguaje más elemental, más esencial, le llevó a mil peticiones de músicos adultos para rimas en la calle y ropa interior del alma. Su obra pictórica (obra en el Reina Sofía de por medio) son siempre otra siembra, oración laica, recogimiento interior y vela encendida. Su juglaría última, musical y atrevida, solo busca despertar conciencias, títulos que son hogueras: Habanera del abandonado, Malasaña, El tapanabos, Vida de santo, Intemperie, Me voy al monte, etc. Bohemia radical y pura.

El poeta, pintor y músico es un susto por Madrid, abrigo hasta los tobillos, barbas de profeta sobre el ombligo, ojos ratoniles y curiosos, sonrisa que cura y abrazo amarillo. Sus amigos son una comunidad lectora y enciende la madera dura y noble de la bizarría, el punk, el panfleto, la anarquía interior y el gusto a toda pastilla. Marcelo Pull y él corren tras la felicidad sin tregua ni calma posible. Su rock es “ruidismo” y, partir de la distorsión, quieren no un disco tras otro, sino todo un movimiento interior donde la ola poética es política. El riff es la idea, dicen Guache/Pull, a partir de la cual moldean con los dedos el barro del humor, ironía en el grito desgarrado donde la turbulencia es abrir los ojos por vez primera.

Guache es un tío generoso, muy generoso, acoge e invita en las barras a quien lo precise, llama a amigos para hablar de otros amigos, no cree demasiado en la nombradía y muchos menos en cualquier competición. Donde hay pelo hay alegría y solo cabe un experimento, el de la sátira, como otra lucidez transgresora. Los discos de Guache/Pull y Guache/Latonda, para los sellos Gasoil Studio y Fonofox/Recoveco, son una Nochebuena eterna.

Avisemos a los no iniciados: su facilidad es la dificultad mejor elaborada. No se dejen acariciar por la simpleza: Guache no lo es y detrás de esa aparente liviandad, como en Gloria Fuertes, hay raíces y un tejido muy hondo. El cuervo canoro, el grajo del carajo, el buitre que levanta y saca a bailar al cadáver, es siempre un río que pasa y no se va. Raciones de traca, rechazo a los laureles, pestañas de patrañas, esperpentos y carracas, nuestro Valle Inclán es demencia turbia, donde las palabras se retuercen y no cabe la rutina. Su beatitud es un vómito a los hipócritas, es un pedo sonoro a los tacaños, es una gran higa para los débiles, es un zurullo brillante y ondulado como el rabillo de un cerdo para los pusilánimes. La vida debe ser vivida hasta los huesos, y ésta sólo cabe al cabo de la calle, donde la homilía ratonil devora como queso la luz última en las mejores farolas apagadas sin adiós. Guache para siempre, las babas del demonio, las barbas proféticas, uñas sucias por las que escalan los honrados.

Guache/Pull, Guache/Latonda, Guache en bolas y con el ciruelo tieso bajo la capa inglesa, es el trueno pavoroso que retumba en el bar y al que el cielo guiña el ojo con su inesperada tenebrosidad, relámpago azul, jinetes sin cabeza, vírgenes que como rayos tiemblan en la umbría húmeda y con sabor a caramelo de esta tiniebla. La dormidera comienza por la tristeza, de ahí al hambre hay un paso, y alguien que grita no puede jamás dormirse, porque llegados a unos años el debate es siempre soñar o dormir. Guache/Pull, Guache/Latonda alzan sus ojos aterrados para enderezar la lucha por el oprimido, lóbrega capilla, jazz gitano y honrado, flamenco de rey putero, rock en su mortal congoja donde los dedos hincan con furor violento en las entrañas del pájaro que aleteando muestra la corva garra en sangre mientras su pico desnuda y mece a la verdad herida. Lo cantó Cela y podría ser un poema de Guache: “Mujer que al andar culea/ y al mirar los ojos mece/ yo no digo que lo sea/ pero sí que lo parece”. Maravillosa espuma eléctrica.

Se lee a Guache, se ve a Guache, se oye y escucha a Guache. Poeta, pintor y músico. Por debajo de todo la principal honestidad: no abandonar su nido, no detenerse, no dejar la jarra del vino a medio jarro, no extender promesas y sí océanos de semen fresco del díapara llenar una cuba de entusiasmo, echar siete polvos sin sacarla, simiente y palabra, estro y color, esperanza y frenesí. Un remedio para siempre, sin mal chasco, duende negro al que la hierba le crece junto a los dientes, ligón sin viagra, sombra que a su gusto rasca y a veces crece, mundo perdido donde solo el que llora mama sin ser un puto mamón, como el resto. Roe, roe, roe Guache, rentas y capillanías, paz de amor y languidez sabrosa, otro mundo desde el arrobo a la manera de Espronceda: “La atmósfera tal vez ruda le ofende/ del ignorado mundo y su mareo;/mas si siente sus puntas dolorida/ su propia juventud cura su herida”. La delicia es el anhelo, el curato su afán, así Ángel Guache envenena como purísimo manantial y ningún desvelo templa ni sueño perezoso acaba. Agua de vida, feliz devaneo, ensueño dorado, esperanza sin fin, columpio mágico para siempre. El jabón por el que empieza uno a conocer cuanto merece ser vivido bajo esa agua que quema porque despierta.

Diego Medrano

Escritor

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